22.06.2011 | Interés General VOLVER

Gustavo Chávez Pavón, el muralista de los zapatistas, materializó una ‘pinta’ en La Vía

22.06- Días pasados se llevó a cabo un taller sobre muralismo en el Centro Social y Cultural La Vía, al que siguió una ‘pinta’ colectiva en las paredes de la institución. El mexicano Gustavo Chávez Pavón, que estuvo a cargo de la coordinación de las actividades, habló sobre la experiencia vivida.

por Carolina Cordi
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Gustavo Chávez Pavón es un gran muralista y pintor mexicano que en su arte ha reflejado la lucha de los pueblos latinoamericanos. Su vida transcurre en viaje, pintando en numerosos lugares del mundo bajo la creencia de que el arte es un camino de liberación.
Con el apoyo de las comunidades Zapatistas, ha pintado murales que simbolizan la lucha por la dignidad rebelde y que permanecen en la memoria de quienes alguna vez los han visto.
Una de sus imágenes más conocidas se emplaza en la escuela secundaria rebelde autónoma Zapatista 1 de enero, en Los Altos de Chiapas, sobre la que habló en detalle con este Diario.
 
Valorar el muralismo 
El año pasado, responsables del centro social y cultural La Vía participaron del Primer Encuentro Nacional de Espacios Culturales y Autónomos que se realizó con diferentes centros culturales del país. En ese momento les llegó una convocatoria contándoles que Gustavo Chávez Pavón, un muralista que respetan por su obra y su trayectoria, estaba en Argentina.
Para los integrantes de La Vía era importante que la institución recibiera su visita porque “sabemos lo que es su recorrido político, que ha trabajado con todos los movimientos sociales más importantes de América Latina, que estuvo pintando el muro que divide Palestina de Israel, que es una persona muy comprometida y tiene una concepción artística muy interesante”, remarcó Alvaro Alvarez.
 
En La Vía
Chávez Pavón asistió a un encuentro de muralistas en Corrientes y, además, estuvo dando disertaciones en La Plata y en Mar del Plata.
El mural que se realizó en La Vía fue un proceso de creación colectiva que surgió de un taller donde contó su experiencia pintando en diversos movimientos sociales y de un trabajo con los asistentes, donde se bocetearon las imágenes que hoy residen plasmadas en las paredes del lugar. 
-¿En qué consiste cada parte del mural que han hecho en Tandil?
G.C.P: -Los niños pusieron maizales, el sol. Las estrellas las pusimos abajo y no en el cielo, porque no todo tiene que tener un orden. Nosotros creemos que el caos tiene un sentido, con un orden más justo. Si las estrellas están abajo, quiere decir que alguna vez el sur puede estar arriba, que no todo es como nos han dicho. Somos un poquito rebeldes ante las autoridades, que no tienen ninguna atribución moral, que quieren saquear nuestros países, que se llevan el agua, los alimentos, los devuelven transgénicos, contaminan el ambiente. No nos están dejando nada más que morir de hambre, contaminación y radiación. Parte de eso son las flores que pintamos, que funcionan como ojos que están cuidando el universo. 
También hay una niña como símbolo de la fertilidad, que sale de un corazón, porque los niños tienen que ser criados con amor. Una persona que educada con amor es difícil que se vuelva violenta. Parte del arte y la cultura, es la crianza con amor.
Los maíces tienen rostros Zapatistas y también pintamos un quetzalcoatl, que precisamente hace que fluya la palabra, la comunicación.
También los compañeros quisieron que hubiera algo de la historia Zapatista, así que hicimos la bandera Wiphala, como un paliacate, como signo de rebeldía.
-¿De qué modo?
G.C.P: -Creo que hay que subvertir el orden para ser escuchados. A veces Latinoamérica funciona de esa manera, un poco surrealista, paradójicamente. Por eso la niña que pintamos tiene un libro. Creo que en esta oportunidad, la historia de Chiapas se articuló con la de Tandil. Estamos tejiendo redes de solidaridad internacional, porque si los grandes poderes del mercado internacional globalizan la explotación, la muerte y el saqueo, nosotros globalizamos el arte solidario, el arte en resistencia, que no es alternativo, es nuestro y lo compartimos entre todos.
-¿Que vivencia te llevás de Tandil?
G.C.P: -La experiencia de haber compartido, aprendido que en todo el mundo el arte nos puede unir, que es un idioma y nos puede ayudar a tomar conciencia, a ser más humanos y a transformar la realidad. El muro tiene ideas, colores, formas. A todos los que participamos y a los que pasen les va a suceder algo, porque aquí aprendimos que podemos transformar nuestra realidad, cambiar al mundo. 
Somos los mismos de siempre que hemos querido un mundo más justo y lo hacemos poco a poco, dentro de esta trinchera del arte y la cultura.
 
Vivencia propia
-¿Cómo se sintió en La Vía?
Gustavo Chávez Pavón: -La idea no es sólo estar con los compañeros de los movimientos políticos y sociales, sino participar en los movimientos culturales. Fue bien interesante que los compañeros de La Vía nos invitaran a participar de esta ‘pinta’. Hicimos un experimento de lo que es muralismo didáctico y fue muy lindo porque hicimos una fiesta de versos, colores, poesías, y hasta de baile y canto, que estuvo bien bonito. 
Esa es la capacidad que tiene el arte cuando se hace público, se comparte: que puede ser festivo y no sólo transforma una pared, sino que puede influir en los corazones de las personas y hacerles ver que, cuando dejamos de lado los egoísmos, podemos unirnos y transformar al mundo.
-La imagen nació de todos...
G.C.P: -La idea es que fuera colectivo, que es lo que hemos experimentado aquí en Argentina. Por eso estuve en este congreso que se hizo en San Cosme, Corrientes. Como he hecho una experiencia dentro y fuera de México con esta modalidad de arte, vine a compartirla.
-¿Cuál es la idea que los guía?
G.C.P: -No creemos que el arte sea para unos pocos, ni para los que vienen de la academia. Todos tenemos una capacidad que queda escondida por diversas razones, sean sociales, políticas, económicas, de Estado. A veces las divisiones son tan fuertes que están en el aire y entonces crecemos con temores, con limitaciones. 
Lo que hacemos aquí es desacralizar el arte, darnos cuenta y compartir colectivamente, esto es lo que ponemos en disposición gracias a los compañeros con los que coordinamos esta gira.
 
Por Latinoamérica
-¿Qué has encontrado en común entre los países vecinos?
G.C.P: -Veo que hay una intención de no ponerle caso a las empresas del Estado. En México había un desinterés premeditado para que los trenes no tuvieran inversión y se fueran descomponiendo poco a poco y se pudieran vender al mejor postor. Así está pasando en muchos países: dejan que las empresas estatales, que han sido logro de la gente, de los movimientos sociales, se echen a perder. Pasa lo mismo con la energía eléctrica, petrolera, la educación. Quieren privatizar para poner todo al servicio de los grandes intereses de los grupos financieros internacionales. Así es en México y en muchos países de Latinoamérica. Es como que la gente no le importa mucho a los gobiernos, como que somos números que no valemos nada, sólo nos quieren como objeto de consumo.
-¿Cómo ha vivido la experiencia con los Zapatistas?
G.C.P: -Pintamos en comunidades Zapatistas que son un grupo guerrillero de Chiapas, que nunca sale. La gente que llegamos a colaborar con ellos somos de la sociedad civil, participamos en diferentes movimientos y, a veces, nos invitan a sus comunidades, sus escuelas. La idea es hacernos parte de ellos, de la comunidad y, en ese sentido, nos adaptamos a las necesidades que tienen. 
La niña que pinté allí tiene que ver con la necesidad que yo siento de una educación mejor, que nos permita ser más plenos, más integrales.
-¿Siente que la educación es una deuda?
G.C.P: -En los municipios autónomos Zapatistas se está logrando pero, sin embargo, es una zona en rebeldía. El gobierno no reconoce la autonomía, no quiere contemplar los derechos naturales que tienen los pueblos originarios y tampoco su autonomía. No quiere reconocer acuerdos que firmó en materia de educación y cultura. En ese sentido, los municipios en rebeldía se han formado en autónomos, rebeldes y llevan a cabo diferentes proyectos. Se han consolidado bien bonito y parte de eso es la educación. Que yo haya ido a algunas comunidades me significó probar sus sabores, llorar con sus lágrimas y saber a qué sabe la comida y el aire de allí, de ese modo, he podido ser parte de la comunidad.
-¿Cuál es la historia del mural con la niña y el libro?
G.C.P: -Pintamos la niña con el libro porque la educación es un arma en nuestras manos que podemos usar. Cuando ampliamos nuestros horizontes, conocemos, formamos una opinión más crítica de lo que pasa, y tenemos la posibilidad de manejar nuestra opinión, tenemos más capacidad de decir, pensar y hacer cosas de una forma más crítica, sincera, natural. 
El libro de la niña habla de esa necesidad de conocer y tener el libro en el rostro, como el pasamontañas, un símbolo de rebeldía. 
Tener acceso a la educación en mi país es, a veces, un símbolo de rebelión, porque la educación es como una mercancía más que se vende al mejor postor. En muchos pueblos la gente pobre no tenemos acceso y debemos estar rebelándonos, buscando y metiéndonos en las bibliotecas o formar municipios autónomos y nuestras propias escuelas, generar nuestro conocimiento que, en algún momento, nos servirá para tener un horizonte más amplio y como decía José Martí, ser más libres.
por Carolina Cordi
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