El rugby, una herramienta para una segunda oportunidad

El rugby, un deporte que pregona constantemente sus valores y sus enseñanzas aplicables a la vida de quienes lo practican, encontró en los últimos años acciones concretas para demostrar esos enunciados. Y lo hizo como herramienta para generar oportunidades en las cárceles del país. Los resultados dejan datos alentadores, como la drástica baja del porcentaje de reincidencia en los reclusos que acceden a los diferentes proyectos que se vienen desarrollando. Espartanos, a cargo de Eduardo Oderigo, aparece como uno de los trabajos de este tipo más conocidos en el país, y su visita a Los Cardos, el año pasado, en el marco de los 50 años del club de Los Laureles, plantó una semilla que se está fortaleciendo desde hace casi un año.

Pablo Galli, juez penal de nuestra ciudad, y Gonzalo Olguín, socio de Los Cardos, son dos de los integrantes de un grupo de trabajo que incluye a gente de los tres clubes tandilenses, y que, empujados por la iniciativa de Oderigo, se lanzaron a formar un equipo en el penal de Barker.

“En Los Cardos hicimos un ciclo de charlas y vino Oderigo. Nos propuso acompañarlo al penal de Barker y en ese momento nos pareció bueno invitar a los otros dos clubes de Tandil. Sabíamos que se iban a entusiasmar tanto como nosotros. A Oderigo le llamó la atención que comenzáramos a trabajar de manera integrada desde el comienzo, porque por lo general el que toma la iniciativa es un solo club y con el tiempo se van sumando los otros. Comenzamos en noviembre del año pasado, y viajábamos a Barker una vez cada 15 días. Y en marzo empezamos a ir todos los viernes. Tenemos una estructura de unos 20 voluntarios de Los 50, Uncas y Los Cardos, que se van poniendo de acuerdo para estar todas las semanas con los internos”, cuenta Olguín.

“El grupo está integrado por entrenadores profesionales, como Federico Aschero o Nicolás Di Fonzo, más algunos jugadores y ex jugadores que colaboran con ellos. Los lunes generalmente nos reunimos para hacer un balance de lo que pasó en el entrenamiento anterior y programar el siguiente. Estamos usando al rugby como herramienta. La idea es, a través de los valores del juego, como la unidad, la solidaridad, el respeto, el esfuerzo, tratar de recuperar a estas personas que por los motivos que fueren pudieron haberse equivocado y que merecen tener una segunda oportunidad. El rugby es inclusivo, nadie queda afuera y lo que vemos con mucha satisfacción son los cambios positivos que vienen mostrando los internos en este año de trabajo. Aparecieron los ‘permiso’, los ‘por favor’, los ‘gracias’, se empezó a abandonar lo que se llama el lenguaje tumbero. Ya hemos hecho un partido con gente de afuera del penal, con equipos integrados por jugadores de los tres clubes tandilenses y la experiencia fue hermosa, con un tercer tiempo que no tuvo muchas diferencias con los que se hacen cualquier fin de semana en los clubes, porque hubo buena onda y camaradería entre todos”, agrega Galli.

El equipo de Barker se denomina Los Mirmidones, y se prepara para un torneo de seven intercárceles, que se jugará en Mar del Plata el 28 de octubre. Como preparación se realizó un seven interno con cuatro equipos, y en cada uno se incluyó dos jugadores de primera división de Uncas, Los Cardos y Los 50.

Galli cuenta que “los internos que participan de este proyecto tienen asignado el pabellón 10, que tiene un cartel que dice “Pabellón de rugby” en la entrada. Y ahí conviven un grupo de alrededor de 40 internos que juegan al rugby. En principio este pabellón era lo que se denomina de ‘población general’, que son los de mala conducta. Ahí se reúnen los presos más complicados. Y en el transcurso de este año se convirtió en un pabellón de ‘autodisciplina’, lo que muestra un progreso enorme”.

Olguín destaca que “desde el comienzo, en esto de transmitir los valores del rugby, lo que tratamos de hacer fue inculcarles que los entrenamientos de los viernes a la tarde tenían que ser el cierre del trabajo de la semana. Como para que tuvieran un proceso similar al que tiene cualquier equipo de club. Entonces comenzamos a pedirles una devolución de parte de ellos en lo que tiene que ver con la conducta. Y para eso había que empezar a cambiar hábitos, porque eran personas que casi no dormían, que consumían pastillas, casi siempre con la música alta, acostándose tarde, además de fumar y hacer muchos desarreglos con las comidas. Y de a poco fueron entendiendo que para jugar al rugby hay que cambiar los malos hábitos, portarse bien, porque los viernes juegan los que hacen más mérito. Tener buena relación entre ellos, porque sino es imposible conformar un equipo. Todas esas cosas se fueron encadenando, con algunas idas y vueltas, pero en los últimos tiempos notamos un progreso notable en ese aspecto”.

“Hemos tenido obstáculos en este tema, no lo podemos negar. Hubo conflictos y desencuentros adentro del pabellón, pero esto no nos amilanó, porque tenemos un gran compromiso con este proyecto. Y hoy en día las cosas están mucho más armónicas, con una relación mucho más fluida entre ellos. Ellos ven el compromiso y lo valoran. Vamos todos los viernes, la única forma de no viajar es que diluvie y nos digan desde Barker que no vayamos. Es gente que ha carecido de afecto y amor toda su vida y ver que alguien se compromete con ellos desinteresadamente los moviliza”, cuenta Galli.

Olguín destaca que “cada viernes compartimos un tercer tiempo dentro del pabellón. Con todo lo que implica para ellos que alguien de afuera entre a un lugar que ellos sienten como propio. Al principio ellos solo estaban dispuestos a recibir lo que nosotros les llevábamos. Ahora nos esperan con su propia comida, con pan casero, tortas fritas, con mate, con lo que tengan. Y eso marca un cambio en su mentalidad, porque estaban acostumbrados a otra cosa”.

“Estamos tratando de conseguir recursos. No tenemos indumentaria, los chicos con la misma ropa que viven entrenan. Pero con eso también tratamos de inculcarles valores, porque en los últimos encuentros llevamos camisetas de los clubes y no fueron para cualquiera, sino para los que hicieron más méritos. Pero no dejan de ser camisetas de entrenamiento y el objetivo es que tengan su propia camiseta en algún momento, y si podemos conseguir los fondos para que las tengan para el torneo de Batán sería espectacular”.

Galli agrega que “uno de los viernes que llovió mucho aprovechamos para viajar y les hicimos una ficha a cada uno con datos físicos, pero también de la vida personal de cada uno. De a poco queremos que se involucren las familias en esto, más allá de que la gran mayoría no es de la zona, y eso hace dificultoso el contacto con sus seres queridos. Para el último entrenamiento, un familiar de un interno mandó 60 chorizos para el tercer tiempo, y esa es una gran señal para nosotros.

El seven interno que organizamos se hizo extramuros, y eso tiene un significado muy grande para ellos. Siempre entrenan en un lugar muy chico, corto y angosto, con pura tierra, y pudieron jugar en una cancha con pasto, que aunque no era muy grande fue un cambio positivo”.

Galli considera que es importante el apoyo del Servicio Penitenciario: “Estamos teniendo mucha colaboración de ellos. El director del penal está muy pendiente y varios oficiales que se van rotando están muy cerca de ellos. Ahora está trabajando una psicóloga con los internos y también tienen un profesor de educación física que hace dos estímulos más de rugby durante la semana.

Estamos tratando de organizarnos para contar con fondos para movernos, para pagar la nafta de los viernes, la comida que llevamos. En Los Cardos invitamos a los socios a colaborar y los que aceptan donan 100 pesos que se les debitan directamente”.

Con respecto a lo que viene, Galli cuenta: “La idea es ir hacia algo más grande. Encontrar la forma de darles herramientas para que cuando salgan tengan alternativas. Sabemos que el rugby es una forma de que conozcan otra realidad, pero está claro que con eso no alcanza. Hace poco que estamos con esto y nos falta experiencia, pero sabemos lo que pasa en penales como el de Batán, donde bajó la reincidencia en un 80%. Hace unos años tener el auspicio del Estado era impensable, pero con la difusión que han tenido todas estas acciones, la cosa cambió y ahora hay un respaldo más explícito.

Encontrar la forma de que los internos continúen cerca del rugby una vez que abandonan el penal es algo que siempre estamos pensando. Es complicado por el hecho de que la mayoría de los reclusos que está en Barker es del Gran Buenos Aires y no tiene arraigo en Tandil. Hay proyectos que tienen muchos años, como el del juez Esteban Viñas, de Mar del Plata, que preside la ONG Cambio de Paso, y que en la comisión directiva tiene integrantes del servicio penitenciario y ex presidiarios. Pero ellos trabajan con gente de Mar del Plata, en el penal de Batán, y eso facilita mucho las cosas para mantener a la gente contenida. Los chicos en Barker están muy solos, sus familiares la mayoría de las veces no tienen dinero para el pasaje, y casi nunca los vienen a visitar”.

Los interesados en colaborar con este proyecto pueden comunicarse vía mail a gonzaloolguin2483@gmail.com o por teléfono al 2494-006401.

Nota proporcionada por :

Deja tu comentario