fbpx Se presenta en Bajosuelo “Soñadores”, la muestra anual del taller de cine que la Unicen desarrolla en cárceles – El Eco
¿Ya tenés una cuenta?
Inicia sesión
¿Aún no te registraste?
Registrate gratis

Se presenta en Bajosuelo “Soñadores”, la muestra anual del taller de cine que la Unicen desarrolla en cárceles

Los docentes Matías Madrid y José Delgado llevan adelante desde hace 6 años un taller de cine en la Unidad Penal 7 de Azul. El próximo sábado presentarán las producciones de los internos en un evento que conjugará cine, poesía, música y debate. Subrayaron la importancia de sostener espacios artísticos y educativos en contextos de encierro para brindar herramientas y oportunidades a las personas privadas de su libertad.

El Eco

Matías Madrid y José Delgado son un actor y un realizador audiovisual, respectivamente, y desde hace seis años llevan adelante una propuesta educativa de la mano de la Universidad Nacional del Centro en la Unidad Penal 7 de Azul. El taller de producción de cine forma parte del programa Universidad en la Cárcel, dependiente de la Secretaría de Extensión de la Unicen, que brinda oportunidades educativas a las personas privadas de su libertad en los seis penales de la región, localizados en Barker, Azul y Olavarría.

El próximo sábado 23 de febrero, a las 21 horas, en el Teatro Bajosuelo, Rodríguez 457, se desarrollará la muestra anual del taller denominada “Soñadores”, que mezclará el universo artístico que los rodea y se genera a partir de la propuesta educativa que buscar irrumpir en la rutina carcelaria a fuerza de arte e historias.

“Vamos a presentar una serie de cortometrajes que duran en total alrededor de 40 minutos, habrá una muestra fotográfica y de poesía, y una charla con un exalumno para debatir la importancia de estos espacios en la cárcel”, resumieron los docentes. El evento estará acompañado por una degustación de delicatessen y vinos, contará con la ambientación musical de Mariano Delaude, y la intervención artística de la compañía de teatro El limón, que  presentará “Alma mía” y “A mi manera”, con Martín Canales y Albertina Corbalán. La entrada consta de un bono contribución de 100 pesos para cooperar con el taller.

“Nunca en mi vida me habían aplaudido”, expresó uno de lo exalumnos del taller tras presentarse en público para compartir su experiencia en el espacio, profundamente transformadora. El arte salva. La educación da oportunidades. Y eso lo saben José y Matías, que semana a semana sostienen el taller con el objetivo de ofrecer un remanso a las personas allí alojadas para que sus mentes puedan descansar de la lógica del encierro y adquirir herramientas para la vida.

La creatividad no se encierra 

“Dábamos un taller de cine y teatro, pero vinculamos ambas disciplinas y armamos un taller cinematográfico. Empezó siendo un pequeño  espacio experimental de teatro y con el tiempo fuimos haciendo diferentes experiencias y le dimos forma de un taller de producción. Hacemos teatro, dramaturgia de actor, donde ellos escriben las obras a partir de ejercicios e improvisaciones. La idea este año es ampliarlo, si existe la posibilidad queremos estirar las horas para armar un largo”, explicó José Delgado.

Como parte de las actividades desarrolladas, en 2017 produjeron un cortometraje de ficción titulado “El fía”, un arduo trabajo que constituyó la primera experiencia con el formato cinematográfico, cuyo estreno desean concretar  próximamente.

“El corto fue la más complejo, nos tiramos a una pileta que no sabíamos si teníamos agua, es muy difícil trabajar  dentro de la cárcel, por la población y por los recursos, lo que conlleva trabajar  dentro del sistema penitenciario, con sus requisitos y limitaciones”, expuso.

Matías, por su lado, puso el énfasis en que más allá del contexto circundante no se producen narrativas carcelarias, sino que las historias que cuentan los internos tienen que ver con otros temas y con el mundo exterior, “nosotros no contamos desde la cárcel, lo difícil es contar otras historias, que no están vinculadas al contexto a la reja, eso es complicado y requiere mucho trabajo”.

Los facilitadores junto a los concurrentes trabajan en un enorme SUM completamente  despojado, al que deben transformar para poder contar las historias que surgen para ser captadas por la lente.

“Tenemos que crear todo lo que tiene que ver con la historia en ese lugar que no hay nada. Es un ejercicio creativo muy grande. Tiene que entenderse la historia, tiene que ser dramáticamente viable, sin que se visualice una cárcel. Hay que hacer referencia a otros lugares; biblioteca, carnicería, calle, hospital, semáforo”, destacó José, a quien todos conocen como “Cevolla”, apodo que trae desde la adolescencia en su pueblo, Rauch.

“Cuando nos involucramos en esta experiencia tuvimos problemas, en un año la población carcelaria cambia, se nos van los protagonistas, tuvimos que reescribir la historia, cambiar el final. Nos sirvió para poder consolidarnos y nos propusimos hacer un un video por clase, con principio y final, respetando la continuidad. Pudimos incorporar luces, escenografía, contar una historia más larga, nuestros alumnos están muy involucrados y es un lugar de mucha pertenencia”, afirmaron.

Soñar no cuesta nada 

“Armamos un espectáculo que se llama Soñadores, donde se muestra la producción anual de cine, en este caso la de 2018,  con una muestra de fotografía y poesía también, para mostrar lo que se hace y  charlar un poco sobre el trabajo, las complejidades y lo importante de poder estar ahí en la cárcel dando este taller, es una gran oportunidad. Es la posibilidad de llevar un conocimiento que de otra manera no llegaría a esas personas ni a ese lugar, son personas que no terminaron la escuela primaria, en muchos casos”, señaló José.

Con la premisa de ofrecer herramientas que les sirvan a los internos para el “afuera”, esa palabra donde caben todos los mundos posibles, y se presenta como un gran anhelo e interrogante que desliza la icnertibumre en el futuro, con la esperanza de que sea mucho mejor que las rejas, las requisas y las paredes descascaradas.

“No vamos a hacer cine y teatro solamente, nuestra idea también es lograr otras cosas, hablar, conocernos, eso se ve en el trabajo, la confianza mutua que nos prodigamos, este año hicimos escenas muy fuertes, eso no se logra a veces en la calle y la apertura de ellos es muy importante”, sostuvo Matías, actor  y formador de reconocida trayectoria en la ciudad.

La escuela en la cárcel es como la segunda oportunidad, pero no sabes si esas personas tuvieron esa primera oportunidad. Los talleres les brindan apertura mental, los saca del encierro y se convierten en pares. En el penal de San Martín los policías y los presos estudiaban juntos. Es fundamental tener la posibilidad de acceder a la educación, nosotros nos educamos en la universidad pública. Es increíble ver cómo les cambia  la mirada en el transcurso del año, cómo empiezan  y cómo terminan, a nosotros también nos modifica como docentes”, precisó.

Para José, otro de los tópicos importantes que los mueven en esta dirección, es el hecho de que las relaciones que surgen trascienden el contexto, porque se mantienen en contacto con extalleristas que obtuvieron su libertad y pueden emplear en su vida todo lo aprendido en el espacio educativo.

“Para nosotros lo más importante es la confianza, una persona con confianza puede hacer todo lo que sueña y desea. Suplantamos la idea de educación, vamos a dar confianza, que puedan ser actores, protagonistas, armar una película, que es algo que en general está muy lejos en esos lugares”, aseguró “el Cevo”.

Facilitadores de sueños. Así podría definírselos. Que abren su mundo y el que construyeron junto a sus alumnos para compartirlo con la comunidad, para mostrar que adentro de una cárcel también hay personas que viven, sobreviven, sueñan y hacen desde el arte. Eso también es una forma de libertad.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Nota proporcionada por :

  • ElEcodeTandil

Deja un comentario