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La prevención del Síndrome Urémico Hemolítico

El Eco

El Síndrome Urémico Hemolítico (SUH), provocado por una bacteria denominada Escherichia coli, es un trastorno que ocurre generalmente cuando una infección en el aparato digestivo produce sustancias tóxicas. Estas sustancias tóxicas destruyen los glóbulos rojos, causando lesión a los riñones. El SUH es más frecuente en niños y es la causa más común de insuficiencia renal aguda en esta población.

En términos mundiales, según datos de la Anmat (Adminsitración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica), Argentina es el país en el que más casos de SUH existen, siendo los niños de entre 6 meses y 5 ó 6 años de edad el segmento expuesto a un riesgo mayor.

En el país se registran alrededor de 500 casos por año. Entre el 25 y 30 por ciento puede evolucionar a insuficiencia renal crónica y la mortalidad en la etapa aguda de la enfermedad es del 2 al 5,6 por ciento. Uno de cada cinco niños que recibe un trasplante de riñón llega a ese estado por haber padecido el síndrome.

Causas

La escherichia coli es una bacteria que se encuentra en el tracto gastrointestinal principalmente del bovino, así como también se presenta en el del ovino, del cerdo, de pequeños rumiantes y algunos animales de zoológico. Esta es parte de la flora intestinal normal de los animales, aunque algunas se convierten en patógenas. Las bacterias son eliminadas a través de la materia fecal y contaminan el ambiente y el cuero. Cuando los animales son faenados y no se siguen ciertas normas de higiene en el proceso, una mala maniobra puede causar que el cuero o las vísceras toquen la media res y la contaminen. Luego, esa media res es cortada y dispuesta en la góndola o el mostrador de la carnicería para llegar a nuestras heladeras.

Lo más importante a considerar en cuanto a la prevención es que se trata de una afección que se contagia a través de alimentos contaminados con la bacteria. Sin embargo, hay que estar atentos porque se puede producir contaminación cruzada. Esto quiere decir que, alimentos crudos infectados pueden propagar el virus a otros víveres, ya sea a través de utensilios de cocina, o por compartir la bolsa, tener roce en la heladera o, incluso, puede darse de persona a persona. Este último caso suele darse principalmente por el mal lavado de manos, por eso la importancia del aseo profundo y consciente.

En el marco de una campaña de prevención que el Sistema Integrado de Salud Pública llevó adelante el año pasado en la ciudad, la médica pediatra y actual directora del Hospital de Niños, la doctora Manuela Beazley, explicó que “es fundamental tener en cuenta que el SUH puede generar una afección renal muy grave en ciertos casos y que se puede prevenir con un eficiente lavado de manos, con buena cocción de los alimentos, ya que es una bacteria que al calor queda inactiva”.

Síntomas

Una vez que la bacteria ingresa a la persona a través de la ingesta, se adhiere al epitelio intestinal, produce una toxina que atraviesa el intestino y llega a la sangre. Luego se distribuye por el organismo y se aloja en órganos como el riñón, el hígado, el bazo, el páncreas y el sistema nervioso central. En primer lugar se va a evidenciar diarrea, que puede transformarse en sanguinolenta, ya que la bacteria se sitúa en el intestino. Más tarde decanta en problemas renales, y hasta insuficiencia renal con secuelas a largo plazo, o directamente problemas neurológicos, que pueden ocasionar secuelas o, incluso, la muerte, que alcanza hasta el 5 por ciento de los casos.

Pautas de prevención

  • Guardar la carne en un bol para luego colocarlo en la heladera.
  • Poner la carne en espacios donde, si sale jugo, no se derrame a estantes inferiores.
  • Evitar colocar las verduras que se consumirán crudas al lado de la carne, en el mismo estante.
  • No usar la misma tabla y cuchillo para cortar la carne cruda y las verduras que no se cocinarán, ya que puede ocurrir lo que se llama “contaminación cruzada”.
  • Cocinar los alimentos a más de 70º C de temperatura.
  • Lavarse las manos: antes y después de tocar animales, manipular alimentos e ir al baño.
  • Bañarse en piscinas controladas, donde se conoce que el agua no fue expuesta a desechos de animales.
  • Consumir agua potable. Si se tienen dudas sobre la calidad del agua, se recomienda hervirla o agregar dos gotas de lavandina por litro de agua, agitar y dejar reposar 30 minutos antes de ingerirla.
  • Consumir lácteos pasteurizados y mantener su cadena de frío.
  • Lavar las verduras con agua y unas gotitas de lavandina.
  • Evitar que los nenes se lleven las manos a la boca luego de jugar con un animal de granja, ya que su cuero también está contaminado.
  • Prescindir de materia fecal de animales para abonar las quintas hogareñas.
  • En los jardines de infantes, las maestras deben usar guantes cuando cambian los pañales de los nenes, ya que algún niño puede estar eliminando esta bacteria y no producirle ninguna afección, pero sí contaminar a otros.
  • Higienice y descongele su heladera y/o freezer periódicamente

Algunos consejos pueden parecer estar de más, aunque a veces por la rutina, los olvidamos o los pasamos por alto. Incluso, si luego de preparar unas albóndigas, que sabemos que tendrán la cocción correspondiente, tocamos con las manos sucias otro alimento, se corre el mismo riesgo. Además, un adulto también puede ser portador de la bacteria y eliminarla en la materia fecal, por lo que si uno no se higieniza las manos correctamente, puede intoxicar a otros. “Son controles básicos”, señaló Beazley, debido a que las bacterias están en todos lados.

Contaminación de los alimentos

Las carnes picadas son los productos de mayor riesgo, ya que durante el picado, la bacteria pasa de la superficie de la carne al interior del producto, donde es más difícil que alcance la temperatura necesaria para eliminarse durante la cocción.

Pero la bacteria no solamente puede encontrarse en las carnes sino también en el agua, la leche sin pasteurizar y las verduras, que pueden contaminarse por contacto con las heces de estos animales, por ejemplo las verduras por riego con aguas servidas o la leche durante el ordeñe. Al abrir una lata de conserva, transfiera todo el contenido a un envase de vidrio o de plástico. Nunca conserve el excedente en el envase original (lata). No vuelva a congelar un alimento que ya fue descongelado, pues ello favorece la contaminación con microorganismos y su posterior proliferación. Descongele el producto en la heladera y no a temperatura ambiente, ni lo aproxime a una fuente de calor o bajo el chorro de la canilla. Asegúrese de que, antes de cocinar el alimento, se haya completado su descongelamiento, sobre todo cuando se trata de piezas grandes.

Nota proporcionada por :

  • ElEcodeTandil

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