17 de octubre

La evocación del 17 de octubre, al margen de la sonrisa socarrona que pueda generar en algunos la expresión ?lealtad? en un partido signado por el faccionalismo y los personalismos, es prueba aún de la incisiva capacidad de la figura de Perón respecto de la política argentina para las décadas futuras a su desaparición física.
Simple es preguntarse qué partido político argentino logra celebrar sus gestas aún recientes, como con frecuencia lo hace el peronismo respecto de fechas históricas y lejanas como la del 17 de octubre, que nos traslada 63 años al pasado, o qué fuerza política puede activar un recuerdo así, año a año, en varios puntos del país y aun bajo dirigencias internas agudamente divorciadas.
Fue por octubre del ?45 que emergió una de las manifestaciones que más configuraría la política argentina posterior: los trabajadores abandonaron su fuente laboral, su modo de ganar el poco pan que podían para dirigirse a la Plaza de Mayo y reclamar por la liberación de Perón. Aunque discutible para algunos, el pueblo se movilizó y ganó la calle para conseguir la vuelta (la primera) de quien les había logrado una sustancial mejora en su calidad de vida.
Aquellos días de octubre no separaron del poder al coronel, para lo que muchos se habían combinado, sino que, por el contrario, lo lanzaron a la directa conquista de la más alta magistratura, potenciando la implementación de aquellas ideas sociales reformistas muy debatidas en el pasado pero que recién con Perón se habían comenzando a implementar.
Seis décadas más tarde ocurre el efecto contrario: en 1945 la Plaza recibió los miles de trabajadores que se acercaban y reunían por Perón. Hoy la Plaza se vacía, mientras esas columnas históricas marchan tras sus líderes menores.
Este 17 de octubre conmemoró aquella jornada histórica con una serie de dedicaciones casi simultáneas: el mismo Gobierno hizo dos actos, uno con la Presidenta y otro con Kirchner y el Consejo Nacional del partido, de forma que ninguno concentre el protagonismo y muestre ciertas ausencias destacadas. El ?único movimiento? este viernes se dividió respecto de sus caudillos provinciales, dirigentes nacionales o líderes territoriales en actos que se mostraron ?no compatibles? entre sí.
Esta supuesta no compatibilidad de los distintos actos pareciera descubrir que no es el Día de la Lealtad justicialista lo que algunos celebraron: si ése fuera el objeto de celebración, no habría motivos de dispersión, sino al contrario, excusa de reunión. Es claro que lo celebrado fue entonces el liderazgo coyuntural de unos cuantos. ¿Importa la cara de Kirchner a la hora de conmemorar aquella gesta fundacional? O más bien, ¿importa la cara de Kirchner, si lo que se aplaude es su modo de conducción? Ensayar ambas respuestas, ya perfila el cuadro de situación.
A 25 años de la recuperación democrática, 2008 venía a ser la oportunidad exclusiva para una celebración especial, respecto del movimiento político predominante en la historia política reciente: oportunidad para reafirmar el compromiso democrático desde su propia base partidaria. Pero el ansia coyuntural por mantenerse en la cúspide de poder sin posibilitar la generación futura de un proyecto que trascienda el corto plazo y las apetencias personales, congeló esa posibilidad de mejorar una fuerza política que seguirá siendo protagónica en la política de los años que vendrán. La búsqueda discrecional por encolumnar apoyos de turno en el partido que gobierna, vuelve a enredar el futuro del país.
Es virtud del buen conductor disponer el lugar a las futuras conducciones políticas. Hoy aún parece que no se aprendió la lección: los liderazgos post Perón se formalizaron como conductores ?de última instancia?, vendiendo que más allá de ellos sólo quedaría la nada. Esa actitud fomentó la aparición de nuevos liderazgos de ese tipo, que al surgir niegan todo su pasado y se empotran como ?nuevos mesías?. Y al agotar su liderazgo, abren la puerta a otro que asumirá la misma actitud: ?el anterior fue todo malo y yo soy todo bueno?.
Recuperar la conciencia histórica, fomentar la dimensión de pertenencia y asumir las responsabilidades de lo cometido son algunas de las formas que crearán cierta previsibilidad en uno de los partidos más influyentes de la política argentina.

 

 

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