A 240 años del nacimiento de José de San Martín

El Eco

El 25 de febrero de 1778 nació en el pueblito de Yapeyú (actual provincia de Corrientes), José Francisco de San Martín, quinto y último hijo del matrimonio del militar español don Juan de San Martín y de doña Gregoria Matorras.

La Asociación Cultural Sanmartiniana de Tandil quiere recordar una vez más-como todos los años- la figura de quien dio todo por la Patria sin pedir nada a cambio, dejando el testimonio de una vida dedicada con entereza, honestidad y ejemplar austeridad republicana, a la noble causa de dar la libertad a los pueblos de esta parte de América, junto a sus amigos oficiales, suboficiales y soldados que ofrendaron sus vidas en esta cruzada libertadora que los argentinos tenemos la obligación moral de honrar.

En momentos de la Historia en que otros pueblos hermanos reivindican a sus hombres y mujeres que han sido pilares fundacionales, es hora que los argentinos de una vez por todas no sólo reconozcamos a nuestros próceres, sino que tomemos sus banderas y las llevemos adelante con el sano orgullo de saber que estamos haciendo justicia.

El general San Martín es mucho más que el bronce que lo recuerda. Es el ejemplo de ciudadano y militar cuyos renunciamientos y legado trascienden los tiempos y nos ponen de cara a una permanente necesidad de traerlos al presente, a este presente que necesita de conductas que como las de él, iluminen el camino de la Patria, despejando de ejemplos nefastos el horizonte para las generaciones venideras.

La República requiere ser verdaderamente sanmartiniana en todo el amplio sentido de su significado y propulsarlo a lo largo y ancho del continente al que él le entregó sin especulaciones su pensamiento y su acción.

Dijo el presidente Avellaneda a recibir sus restos: “Pueblos de América escuchadme: no olvidéis el consejo del Libertador y cuando encontréis su estatua ecuestre en las márgenes del Plata, en los llanos de Maipú o a orillas del Rimac, leed siempre las eternas palabras escritas en su base: “la presencia de un militar afortunado es temible en los Estados que se constituyen de nuevo” para que convirtáis jamás una espada en cetro. La espada brilla con luz tan soberana durante los combates, obedece en la vida civil y no manda.
“Guerreros de mi patria. Conciudadanos, inclinémosnos sobre estos sagrados restos y oiremos que suena nuevamente en las alturas la voz que dijo: «El General San Martín no derramará la sangre de sus compatriotas y solo desnudará la espada contra los enemigos de la independencia sudamericana»”.

Que sea nuestra juventud, heredera de sus ideales, la que coloque en el pedestal del recuerdo permanente, la figura del Libertador para tenerla siempre como ejemplo. Es un mandato histórico irrenunciable, que esta Asociación propulsa y propulsará como objetivo primordial.

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