A 41 años del golpe, la UCR llamó a sus militantes a “recuperar la agenda de los derechos humanos”

Ayer, minutos después de las 11, el Comité de la UCR Tandil realizó el acto a 41 años del último golpe de estado y en defensa de la democracia. El encuentro tuvo lugar junto al Monumento por la Democracia y en Contra de los Golpes de Estado, ubicado en la plaza José Santamarina, en el sector de Colón y Uriburu.

En el Día Nacional de la Memoria, por la Verdad y la Justicia, el único orador fue Julio Elichiribehety, quien reivindicó el rol del radicalismo en la defensa de la democracia y los derechos humanos. Frente a un nutrido grupo de funcionarios del Gobierno local y militantes, lanzó fuertes críticas al kirchnerismo y al macrismo. Al mismo tiempo, destacó los desafíos actuales de la lucha por los derechos a la salud, la educación, el trabajo y la vivienda, como así también al medioambiente, al desarrollo y la paz.

Sobre el final del acto, el intendente Miguel Lunghi, el vicepresidente del Senado de la Provincia de  Buenos Aires Carlos Fernández y el presidente del Comité de la UCR Matías Civale colocaron una ofrenda floral al pie del monumento.

Participaron de la conmemoración del Día de la Memoria, el jefe de Gabinete Mario Civalleri y el presidente del Concejo Deliberante Juan Carlos Frolik, secretarios, directores y coordinadores de todas las áreas, legisladores del bloque oficialista, militantes e integrantes de la Juventud Radical como así también de la agrupación Franja Morada.

 

El juicio a todos los golpes de estado

Tras entonar las estrofas del Himno Nacional, Julio Elichiribehety lució sus cualidades como orador frente a un nutrido grupo de radicales que reaccionó con aplausos en contadas ocasiones. Además de poner en valor la historia de su partido en la defensa de la democracia, le envió un mensaje a Cambiemos porque “no tiene agenda” en materia de derechos humanos y criticó la apropiación de esa bandera por parte del kirchnerismo durante los doce años de su gobierno.

“A 41 años, aún nos atraviesa la herencia de aquella dictadura. Con nuestros avances, retrocesos y contradicciones, nos atraviesan las secuelas. En estos días aún está vigente la búsqueda de la identidad de 400 nietos y aquella inexplicable Guerra de Malvinas que ha producido más de 500 suicidios de combatientes y héroes”, dijo.

Por otra parte, analizó que el gobierno de Raúl Alfonsín, en el regreso a la democracia, tenía siete frentes de conflicto a resolver: la ruptura del lazo social, con una sociedad fragmentada; 45 mil millones de dólares de deuda externa; todos los países de Latinoamérica gobernados por dictaduras; las demandas de los organismos de derechos humanos por la aparición con vida de los miles de desaparecidos y el castigo a los culpables; el conflicto con Chile por el canal de Beagle y las heridas abiertas de Malvinas; el gobierno republicano de Ronald Reegan en Estados Unidos y “como si todo esto fuera poco, un sector del peronismo sin digerir la derrota”.

Y valoró que “Raúl Alfonsín había leído como nadie que la contradicción principal no era liberación o dependencia, era democracia o autoritarismo”. Entonces, repasó que “puso en marcha tres pilares fundamentales para reconstruir esta etapa de democracia débil y militares fuertes”. Y enumeró las “tres decisiones políticas centrales” que fueron los juicios a la cúpula de ERP y Montoneros y a las tres primeras Juntas Militares, entre el 24 de marzo del ‘76 y la Guerra de Malvinas; la creación de la Conadep (Comisión Nacional para la Desaparición de Personas) que presidía Ernesto Sábato; y en tercer lugar, las leyes para la derogación de la autoamnistía y de reforma del Código de Justicia Militar.

“Sobre esas tres decisiones, el gobierno de Raúl Alfonsín comenzó el largo camino de la recuperación de la democrática. Fue fundamental el acompañamiento de toda la sociedad argentina. Por primera vez, la concordia y la tolerancia estaban por encima de la violencia y de la intolerancia”, sostuvo.

Al mismo tiempo, destacó que el Juicio a las Juntas “puso sobre el escenario de lo público lo que hasta ese momento se había venido negando. La desaparición, la tortura, la represión ilegal. Se juzgó a los responsables de la represión ilegal, pero simbólicamente se juzgó a todos los golpes de estado, se condenó al autoritarismo militar que durante 50 años había hegemonizado la política argentina”.

 

Tres generaciones

Julio Elichiribehety resaltó que este tiempo de memoria contribuye a no cometer nuevos errores y se trata de la primera generación de derechos humanos, que es la de derechos civiles y políticos.

Por otro lado, sumó la segunda generación que “es el desafío de nuestro tiempo”, con los derechos a la salud, la educación, el trabajo y la vivienda, y “a los más jóvenes, porque este es también el tiempo de la tercera generación, con los derechos al desarrollo, a la protección del medioambiente, a la paz”.

El dirigente señaló que “también es el tiempo de honrar a nuestros militantes” y expresó su dolor al ver a algunos integrantes de la UCR “como culposos” cuando se habla de derechos humanos, “cuando tenemos 135 años levantando las mejores banderas en defensa de los derechos humanos”.

Entonces, reconoció a los tandilenses Osvaldo Gutiérrez y Victorino y Juan Carlos Pugliese, que en esa etapa oscura “acompañaban a quienes tenían sus derechos vulnerados”.

 

“Cambió el mástil”

“Desde 1948, desde aquel 10 de diciembre de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, la bandera ha sido siempre la misma, lo que ha cambiado es el mástil. Hemos pasado de una década de sobreactuación y partidización de los derechos humanos con el kirchnerismo, a cierto miracionismo y ausencia de agenda en el actual gobierno, y es la Unión Cívica Radical el partido que, a mi entender, debería recuperar la agenda, por ideas, por historia y por compromiso con los derechos humanos”, lanzó Elichiribehety.

Definió que la dictadura fue el tiempo “de la democracia arrebatada. Luego tuvimos ese período de la democracia recuperada, pero muy condicionada. Este será el tiempo de la democracia dialogada, de la tolerancia, de la convivencia. Y podemos hacerlo hoy, a 41 años, con esta libertad porque hubo un hombre, un hecho y un tiempo”.

Sostuvo que “el hombre que interpretó la demanda de la sociedad de ese tiempo, el padre de la democracia, Raúl Alfonsín. El hecho, el Juicio a las Juntas, a partir de ese momento aquellos que intentaran la interrupción institucional y la violación de los derechos humanos, deberían pagarlo con la Justicia penal”.

Para cerrar, destacó que es “el tiempo de la democracia recuperada, en que la sociedad argentina interpretó y acompañó aquella consigna del 10 de diciembre de Raúl Alfonsín, cuando asumió su gobierno. ‘Una feliz circunstancia hace que el inicio de esta etapa democrática sea el Día de la Declaración Internacional de los Derechos Humanos’, nos decía. Y repetía: ‘Empezamos la etapa de la construcción por cien años de paz y democracia’. Nosotros le decimos que en eso estamos Raúl”.

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