“A la vuelta, los locos éramos los cuerdos y muchos cuerdos eran los locos”

Pasa por el diván Marcelo Foschino, pionero del rock tandilense en los tiempos en que el género era vanguardia. El hoy dirigente de los taxistas reflexiona sobre una historia personal con un hilo conductor: ser uno mismo y romper los moldes “en donde toque actuar”

-Cuando le dijimos del diván parecía que estaba esperando hablar de otra cosa que no sea de los taxis.

-Sí, por supuesto, pero… yo no puedo decir “che, ¿por qué no me llaman por lo otro?”.

-Expliquemos qué es lo otro: Marcelo Foschino era la vanguardia tandilense del rock,  algo así como  nuestro Luis Alberto Spinetta o el Paul (Mc Cartney) de Tandil. ¿Qué fue de todo eso?

-Sigue estando. Lo que está a salvo en mi vida es eso: la música. El rock más que nada es una postura en la vida, al margen de cómo hacés tu música, qué compases, qué modulaciones. Lo del taxi es una eventualidad.

-Una eventualidad que se hizo larga: muchos ya lo conocen más por el taxi que por el rock.

-Los que me saludan sabiendo quién soy, saben que soy músico. Fue una elección muy a conciencia: yo trabajaba de músico en la época en que se tocaba en los bailes y ganaba más que ahora. Pero creí que una vida ordenada me iba a mejorar en todo y tomé una decisión: tener una familia como la que tengo, que es el logro más grande de mi vida, mis queridos hijos y esposa. Yo quería eso.

-Una vida que el Foschino de los ‘70 hubiese  calificado de “careta”, ¿no?

-Sí, si injustamente se la podría catalogar así. Yo soy uno de los primeros hijos del divorcio, que en ese entonces era la crucifixión, sufrí, no la pasé bien y no me equivoqué, dije: “Si hago una familia va a ser para gente feliz, para gente que la disfrute, si no, no tiene ningún sentido”. Y lo conseguí. Y perdí algo.

-¿Qué?

-La posibilidad de hacer música en el circuito grande. Algún día quizás pueda demostrar que pese a haber nacido acá y a ser un ignoto compositor alguien cante alguna de mis canciones. Espero no morir sin ver la luz. Todos los días estoy en contacto con la música. Compongo y publiqué unas cuantas piezas en Youtube.

-Su generación provocó revuelo en el Tandil de entonces. Fue todo un suceso.

-Sí, fuimos una bisagra. Mucho revuelo, pero resulta que a lo largo de los años, a la vuelta de todo, los locos éramos los cuerdos y muchos de los cuerdos eran locos.

-¿Así nomás?

-Y… lo demostraron en cada cosa, después patinaron como los peores, uno esperaba algo diferente de los que vendían la decencia, la honestidad, los que tenían como bandera tal o cual lema, ¡y ahora resulta que en los únicos en que se puede confiar es en los locos aquellos! Hoy se golpean el pecho diciendo que la democracia esto, lo otro: nosotros la vivíamos. Como generación no declamábamos los derechos: los ejercíamos, con el pelo, con la ropa o los temas para hablar. Ahora ellos lo dicen, nosotros lo hacíamos.

-El rock en los ’70,  el taxi en los tiempos del remís y de Uber. ¿Lo suyo son las causas perdidas?

-Sí, si sabe de algún quilom…al ped… que no reporte ningún beneficio, tráigamelo que yo lo atiendo.

-Profundicemos eso, a ver.

-No sé, soy muy amigo de mis amigos y cuando se me acerca alguien y me dice “tengo un quilom…” yo voy al frente y las consecuencias las medimos después. Y con nada. Ahora estoy peleando contra los remises y todo lo demás, con una horqueta, contra Goliat.

-¿Quién sería Goliat en esta nueva cruzada?: ¿los remises?, ¿el Estado?

-Los intereses de acá, de la ciudad. Tampoco salgo como quieren algunos muchachos a cortar calles, incendiar gomas.

-Tal vez los taxistas tengan razón en varios de sus planteos, ¿no estarán pagando el karma de los tiempos en que ir de la estación del tren al centro era más caro que el pasaje Constitución a Tandil?

-Era caro y bandidos hubo siempre, sí, pero a ver: cuando llegó el gas y se lo autorizó a partir de la entrada en vigencia del supuesto remís -supuesto, porque remís es otra cosa- fue un golpe muy duro que tiró sobre la mesa eso de que los taxistas eran chorros, pero es una verdad a medias: si tomabas un taxi que respetaba las cosas era algo caro -porque andaban a nafta- y eran pocos coches, aunque había bandidos que no respetaban nada. Todo eso lo hemos ido poniendo en su lugar: hoy hay un taxi mejor, son casi 200 coches, todos del mismo color, todos cobran lo mismo y la tarifa es la más barata del país y estamos luchando a brazo partido por llevarlo a los barrios con una aplicación.

-¿No se siente raro cuando aparece su foto en los diarios y abajo dice “el dirigente de los taxistas”?

-¡Es raro! Y bueno, siempre, ahora desde otro lado, y sin proponérmelo, estoy defendiendo la vieja idea de romper los moldes. ¿Un dirigente tiene que ser un chupamedias del poder?, ¿impecable, bien vestido, y decidido a llenarse de guita?, mi caso es la antítesis de ese modelo y también es válido, también lo podrían empezar a consumir. u

 

 

El día que el Spinetta de Tandil

tocó para el futuro presidente

 

“Acá tenemos un diván, para las fotos, ahora viene el fotógrafo y ya terminamos”. Foschino asiente y espera solo -o piensa que está solo o que nadie lo escucha- y muy suelto, sin poses, empieza a cantar con la misma frescura y afinación que en un viejo Tandil Pop: “Bocas el aire del mar/beban la sal de esta luz/para sí…”.

-“A Starosta el idiota”, de Spinetta. ¡Qué bien sale!

-¿Sí? No sé, lo hago porque sí, me gusta.  ¿Y “Cantanta de los puentes amarillos?”, otra del disco Artau, qué increíble esa canción, tiene todo: letra, música, pasa por todos los matices de la sensibilidad…

-Y a esta altura, ¿qué opina?, su generación desde Tandil ¿estuvo a la altura artística de la época?

-¡Sí!, por favor, Carlitos Rebello por ejemplo, ¡una bestia en guitarra!, podría haber triunfado en cualquiera de las grandes bandas. ¿Y Jorge Montejo?, un compositor genial. Jorge tiene la impronta de un genio, al margen de su personaje Paolo, que es lo que menos me gusta de él. Qué lástima, ¿no?, porque ya no sé si lo van a conocer desde ese lado, pero tiene cosas geniales. En el fondo, la apuesta de todos nosotros es la misma.

-¿Cuál?

-Fuimos una generación que eligió hacer su arte acá y no ir a pedir certificado a otro lado. ¿Por qué esperar a que Radio Continental me pase un tema para que me consagre?, con que la pase la radio de El Eco, ya está, ¡si es lo mismo! Aparte acá hay chicos que pintan que es un sueño, escriben cosas maravillosas y crean una música que te deja boquiabierto. No es necesario irse, porque además Tandil es una de las grandes ciudades del país, a todo nivel. Basta ver una cosa: la gente que maneja el país siempre estuvo acá.

-Hasta el Presidente es tandilense.

-Sí, eso no me enorgullece. Toqué dos veces en la quinta de los Macri, en Villa Laza, no me acuerdo de Mauricio ahí, pero era pibito como nosotros, estaría. Fuimos con José Islas y el Flaco Vallejos; estaban Franco Macri, Blanco Villegas….

-Raro que los llevaran a ustedes, tan transgresores.

-No, no es raro, porque eran tipos con mucho mundo. Seguro que en otros lados ya habrían visto a los pelilargos. En el mundo los locos ya teníamos un lugar y los Macri ya no se asombraban de eso.

-¿Y usted se  asombra cuando desde el taxi piensa en el joven y rebelde que era?

-No, yo sé cómo son las cosas. Cuando por cuestiones de dirigencia tengo enfrente a un concejal, me doy cuenta también que él sabe que yo sé cómo son las cosas, ahora,  que no podamos cambiar las cosas no quiere decir que me resigne, aunque por supuesto a mí  me hubiera gustado ser un poco más loco, más  atrevido, pero no puedo hacerle pasar malos momentos a mi familia, ése es el límite, más sería muy egoísta, sería pensar en mi impronta y para mí son más importantes las elecciones de mis hijos y de mi mujer que las mías.

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