Abriendo Nuevos Horizontes

Esta historia dio inicio en la década del ’60, momentos en que comenzaban a enviarse las primeras naves semiautomáticas a otros lugares más allá de la Tierra. La Luna, Marte y Venus fueron los primeros destinos del gran tour planetario que se desarrollaría a lo largo de la segunda mitad del siglo XX. Cómo no recordar nuestros grandes mensajeros, por ejemplo, las Viking 1 y 2 descendiendo por vez primera en Marte o las Voyager 1 y 2 recorriendo un increíble derrotero que las llevó de visita por Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno.

Desde el jardín de infantes comenzábamos a memorizar los nueve planetas del Sistema Solar. Y de ellos, solo ocho habían recibido al menos una visita por parte de algún navío. Plutón, por su enorme

distancia respecto de nosotros, era el único excluido de la fiesta. Hasta que en 2015, recibió la invitación y se sumó a la lista de los nueve, permitiendo que nuestro gran primer viaje por los planetas principales del sistema se completase. Vale mencionar que hoy en día Plutón está catalogado como un planeta “enano”, pero esa es otra historia.

Para tener una idea de la distancia que nos separa de este hermano menor de la familia planetaria, tengamos en cuenta que la distancia que nos separa de la Luna es de 384 mil kilómetros. Marte se encuentra a 80 millones de kilómetros. ¿Y Plutón? A unos 5 mil millones de kilómetros. Este es el motivo por el cual recién en 2006 una nave fue lanzada hacia este rincón del sistema. Su nombre: New Horizons (Nuevos Horizontes), una sonda de la NASA.

Luego de un viaje a lo largo de casi una década, el 14 de julio de 2015 New Horizons (NH) se acercó a tan solo
12.500 kilómetros de Plutón. Considerado un sistema planetario doble debido al gran tamaño de su luna principal, Caronte, en comparación justamente con Plutón, el objetivo de NH fue pasar lo más cerca posible de estos protagonistas y continuar viaje hacia lo que se considera la tercera zona del sistema solar. Siendo la primera zona la correspondiente a los planetas “interiores” (Mercurio, Venus, Tierra y Marte) y la segunda a los “exteriores” (Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno), la tercera corresponde a los cuerpos del cinturón de Kuiper, una región propuesta por el astrónomo holandés homónimo que conjeturó la existencia de una enorme cantidad de objetos más pequeños que los planetas conocidos y que dan origen a cientos de miles de asteroides y cometas. Con el correr de los años, numerosas investigaciones permitieron definir a Plutón como el más grande (al menos hasta el día de hoy) de los objetos del cinturón de Kuiper. Todos estos cuerpos, los cuales se encuentran más allá de la órbita de Neptuno, se denominan “transneptunianos”, o TNO´s, por sus siglas en inglés.

Debido a su veloz pasaje por el sistema Plutón-Caronte, NH estaba diseñada para tomar la mayor cantidad de información posible, grabarla en su sistema informático, y enviarla con el correr de los días, semanas y meses posteriores hacia la Tierra. Obviamente, existían ciertos datos e imágenes claves que fueron enviadas en las primeras horas de su pasaje, pero el gran caudal de información fue enviado a medida que se alejaba de Plutón. Luego de más de una año y medio, el pasado 27 de octubre NH envió los últimos datos de este lejano lugar. A una distancia de unos 5.500 millones de kilómetros y a la velocidad de la luz (300.000 km/seg), la información tardó 5 horas y 8 minutos en alcanzar las grandes antenas terrestres.

Hasta ese inolvidable 14 de julio de 2015, la mejor imagen que poseíamos de Plutón era una nebulosa circular aurinegra obtenida gracias al Telescopio Espacial Hubble, el mejor de nuestros ojos en el espacio. No olvidaré nunca cuando llegó la primera imagen de Plutón capturada por NH. Para muchos, millones de personas de nuevas generaciones entre los que me incluyo, era la primera vez que descubríamos un mundo nuevo a partir de esas invalorables fotografías. La nebulosa indefinida del Hubble se convirtió en un inimaginable paisaje lleno de sorpresas. Una de ellas, una de las más grandes, era su color. Una combinación de distintos ocres ofreció una pintura fascinante de Plutón. Las sorpresas continuaron con una gran región de unos mil kilómetros por otros 800 kilómetros con forma de corazón, una importante planicie a la que se la bautizó Sputnik Planum. Llamaba la atención el contraste geológico entre esta planicie y su terreno circundante. Hoy en día las investigaciones hacen foco en esta formación y los primeros resultados parecen indicar que se formó a partir de un gran impacto con un asteroide. Esto provocó una enorme depresión la cual luego se habría rellenado con el flujo de distintos tipos de hielos y otros materiales. De hecho, las imágenes de NH permiten concluir que estos flujos continúan hoy en día.
El estudio de Caronte, la más grande de las 5 lunas que posee Plutón, representó otro capítulo en esta hermosa historia. Descubierta recién en 1978 (Plutón lo fue en 1930), NH permitió correr el velo de este enigmático cuerpo mostrando colosales fracturas, cráteres de impacto y depresiones.

En la actualidad, NH continúa su viaje hacia el cinturón de Kuiper a fin de estudiar objetos de dicha zona del Sistema Solar, en particular, un encuentro cercano con el cuerpo 2014 MU69 el 1 de enero de 2019. Un viaje que permitirá continuar con uno de los más impresionantes derroteros cósmicos, abriendo con cada kilómetro recorrido nuevos horizontes.

(*) Director de Gestión Planetario Ciudad de La Plata

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