Absolvieron al anestesiólogo Rossi y el caso formol quedó penalmente como impune

En la sentencia, el juez dispuso que una vez que el fallo adquiera firmeza, se investigue la posible comisión del delito de acción pública de “Lesiones culposas por parte de Rubén Horacio Specogna y de Luciana Carolina Ianonne”, enfermero e instrumentista respectivamente, que intervinieron la operación.
Asimismo, se ordenó que se investigue la posible comisión del delito por parte del entonces director médico del Hospital Municipal “Ramón Santamarina”, doctor Oscar García Allende.
En otro párrafo, el magistrado determinó que se libre oficio al director médico de Hospital,  a efectos de sugerirle  impida utilizar en los quirófanos del nosocomio, frascos de medicación vacíos y rellenados con otros líquidos, distintos de lo que indica su rótulo respectivo, por las gravosas consecuencias  que una confusión pueda ocasionar en los pacientes intervenidos.
El juez cerró su veredicto afirmando que “no ignoro los padecimientos reales o secuelas de quien fuera en este caso la víctima de esta falla grave del sistema, y tampoco su incomprensión y la de su familia, empero por los fundamentos dados sostengo que no se halla probada la responsabilidad del imputado en la comisión del delito de lesiones leves por el que resultara acusado”.
La lectura de la resolución, claro está, generó sensaciones encontradas en los protagonistas de esta historia judicial que se ganó la atención mediática por años.
El anestesista Rossi, de alguna manera aliviado al considerar que de aquí en más hay un “resarcimiento social”, la familia Rojo (Mercedes y sus hijas) salieron casi disparadas de furia de la sala, cargadas de un silencio impotente por una lucha que recayó finalmente en un caso impune (ver aparte).
Cabe consignar que si bien el juez dispuso que una vez el fallo quede firme se abran nuevas instancias de investigación sobre otros posibles responsables, frente a la pena en expectativa que reviste el caso, el delito prescribirá. Ya queda escaso, sino nulo, margen para que la Justicia penal determine responsabilidades sobre el hecho ventilado.


Los testigos de la discordia y las dudas
 
A la hora de los fundamentos del fallo, el juez puntualizó como una mención especial la actuación de la instrumentista Luciana Carolina Ianonne en la causa, quien fue la que introdujera frascos con formol dentro del quirófano y quien habría cumplido funciones ese día como circulante.
Pocorena enfatizó que la testigo fue la piedra basal de la acusación fiscal, y si bien reconoció que se mostró firme en sus dichos, no logró dar respuesta alguna en relación al destino final de los frascos que con formol llevara al quirófano.
Al respecto, el juez añadió que no se logró reconstruir el modo exacto, ni quién fuera la persona que colocara un frasco con apariencia externa de anestesia conteniendo formol sobre el carro de anestesia, sino tan sólo que fue llevado a la sala de operaciones por Ianonne, dado que  Rubén Horacio Specogna no se hallaba cumpliendo específicas tareas de ayudante de anestesiología, sino reparando un aspirador y “apareciendo” luego –el frasco– sobre el carro al que se dirigió el médico anestesiólogo y al que recurrió –luego de quitarle su tapón de goma– para prolongar el efecto de la anestesia, inyectándolo en el catéter peridural del paciente.
En qué momento alguno de los tres frascos más pequeños –que pudieron generar confusión– conteniendo formol, de los cuatro que había llevado la instrumentista, o hipotéticamente otro distinto fue de la mesa auxiliar ubicada en el ingreso –lugar en que la testigo dijo los había puesto–, al carro de anestesia donde realiza su trabajo profesional el anestesiólogo, es un supuesto que no ha podido demostrarse durante el debate.
De tal modo, el juez afirmó que no puede atribuirse esta responsabilidad al anestesiólogo, es decir no sería viable hacerlo responsable del contenido de frascos con medicación en el caso xylocaína con epinefrina, antes de proceder a aplicarlo, y ello por cuanto tomó el frasco correspondiente e identificado,  del lugar adecuado, los líquidos no diferían en color o densidad y lo suministró.
Pocorena advirtió entonces que el ejercicio de una actividad tan compleja exige la colaboración de un equipo que tiene responsabilidades compartidas.
En este punto, pese a que se valoró y respetó el esfuerzo del fiscal, el magistrado sostuvo que pretender considerar que existió una violación de cuidado por parte de Rossi, al tomar cierta presunta conducta descuidada de éste último,  o que el imputado no advirtió que alguien dejaba un frasco conteniendo formol en su carro de anestesia, por lo cual debe necesariamente responder penalmente, constituye “una ampliación a mi criterio excesiva de la responsabilidad del profesional, sobre todo cuando el principal elemento cargoso en su contra resultan ser los dichos de quien preparó, llevó y manipulaba, según sus propios dichos, frascos con formol en aquel quirófano, tal como acertadamente sostuviera en su alegato la defensa”.
 
Doctrina
 
Sobre la doctrina tomada por el juez, citó a Günther Jakobs, quien refiere al principio de confianza:
 “…cuando el comportamiento de los seres humanos queda entrelazado, no forma parte del rol del ciudadano controlar permanentemente a todos los demás; de otro modo, no podría haber reparto de trabajo. Existe un principio de confianza. …El principio de confianza puede aparecer de dos modalidades. En primer lugar, se trata de alguien, actuando como tercero, genera una situación que es inocua, si el autor que actúa a continuación  cumple con sus deberes. En este caso, la confianza se dirige a que el autor realizara su comportamiento de modo correcto. Un ejemplo trivial: alguien le da a otra persona un reloj ajeno de gran valor; esto sólo dejará de producir un daño si quien lo recibe lo coge con cuidado. En el caso normal, puede confiarse en que así suceda. En segundo lugar, la confianza se dirige a que una determinada situación existente haya sido preparada  correctamente por parte de un tercero, de modo que quien  hace uso de ella, el potencial autor, si por su parte cumple con sus deberes, no genere daño alguno”.
Para mayor claridad, el autor cita como ejemplo: “El cirujano confía en que las herramientas que utiliza en la operación hayan sido esterilizadas correctamente”. (La imputación objetiva en el derecho penal, de Günther Jakobs, traducción de Manuel Cancio Meliá, págs. 34 y 35) u
 

El daño probado
 
A la hora de abordar el caso formol, Pocorena dio por probada la intervención que se realizó en el quirófano del Hospital y que derivó en el grave yerro que ocasionó las lesiones ya citadas en el paciente Roberto Rojo.
 
La responsabilidad de las autoridades
 
Pocorena dedicó también unos párrafos a la intervención de las autoridades comunales respecto al polémico caso.
Aludió a la “ética de funcionario público, que debió ser exigida al por entonces director médico del Hospital (Oscar García Allende), cuando Rossi le hizo saber del problema  –dado que si se hubiera conservado el frasco original que contenía formol, la jeringa utilizada, adoptado todos los recaudos, e informado fehacientemente al paciente o en el caso a su familia y a las autoridades del Municipio– muy distinta sería la posibilidad de determinar responsabilidades, e incluso citar a dar explicaciones a otras personas y como si todo esto no fuera suficiente, finalmente la difusión pública del suceso conllevó un incuestionable interés político en solucionar rápidamente el tema”.
El magistrado añadió que desde la fecha de la operación originaria y el inicio de la investigación pertinente pasaron más de dos meses, tiempo en el cual el paciente seguía con sus problemas de salud y prácticamente todos sabían de su situación excepto Rojo, por lo que el juez concluyó en que “hubo entonces en el caso un deficiente manejo por parte de las autoridades del Hospital Municipal”.
Cerrando, Pocorena sentenció que “el sistema presentaba fallas, pero debía seguir funcionando dada la importancia de la atención de la salud pública de la población, y cuando surge algún imprevisto o falla se identifica a uno de los participantes como el único responsable”.

“Fue una gran comedia de ocultamientos”
 
Mercedes  Galardi, mujer de  Roberto Rojo, acudió estoicamente a todas las audiencias del juicio y su expectativa estaba centrada en esclarecer las responsabilidades penales de lo que padeció su marido. Tras escuchar la resolución, salió rauda de la sala junto a sus hijas, visiblemente molesta por lo escuchado.
Horas más tarde, en su casa, recibió a este Diario y confió que no estaba enojada: “Decepcionada sería la palabra. Porque me pareció todo tan burdo… se hizo una comedia”.
Sobre el desenlace del juicio, admitió que lo veía venir, aunque tenía “una leve esperanza de que realmente se hiciera una mínima justicia, pero les decía a mis hijas que no se hicieran demasiadas esperanzas por lo que ya había hablado el fiscal, por lo que había pedido. Además estaba viendo que todos mentían y a nadie le llamaban la atención porque mintieran”.
Mercedes agregó que sobre el caso que “se ha basado todo en un gran ocultamiento, donde todos callan como si no pasara nada. Dolió ver que no estaba el fiscal en el recinto, fue como una falta de respeto, una tomadura de pelo. Y al final verlo a Rossi hacer planes para comer un asado festejando el fallo me pareció tremendo, otra falta de respeto. Fue una comedia, cuidando los intereses corporativos de los médicos”.
En tono crítico, la dolida mujer aseveró que “evidentemente, acá no existe justicia sino una impunidad total. Considero que la Justicia es funcional a una corporación, al dinero, pero no a las víctimas. Ahora sólo esperamos la justicia de Dios. Esto nos cambió la vida para mal, aunque estamos unidos, pero es muy triste que mi marido esté convencido de que su vida de aquí en adelante será la de un discapacitado sin visos de mejora y eso lo ha sumido en un gran tristeza, una depresión”.
 
Rossi y un “resarcimiento social”
 
Ya saliendo de la sala, el doctor Rossi accedió a hablar con los medios e insistió a modo de conclusión en que “hubo dos personas que fuimos afectadas, uno fue desgraciadamente Rojo y el otro yo, que no fui ni económica ni profesionalmente afectado sino socialmente”.
“De hecho -siguió- hay gente que ha tenido actitudes hacia mí casi ilógicas porque lo que se le comunicó disentía con la realidad y entendieron cosas que estaban de acuerdo con un castigo”.
Por otro lado, el anestesiólogo quiso agradecer “a esa gente que me paró y me apuntaló en mi estado de desilusión y que reconoció lo que había hecho a lo largo de mi vida profesional”, como así también agradeció a su abogado por su labor.
Preguntado sobre si se hizo justicia en su caso, Rossi respondió que “según desde el punto de vista que se vea se hizo justicia. Justicia moral ya la tienen de mi parte, el afectado, al igual que la justicia de reconocimiento, pero es una situación irreversible que está más allá de todos nosotros solucionar. Por eso, no sé qué es lo que busca la parte litigante”.
Sobre la petición para que cambien las metodologías que quedaron al desnudo en este caso sobre el funcionamiento en los quirófanos, el médico dijo que “estamos inmersos en una sociedad que tiene que modificar cosas. Estamos todos comprometidos en modificaciones no sólo en el Hospital sino que debemos modificar socialmente esto. Cuando se habla de un presupuesto de salud, hay que ver que puede tener estos resultados. Cuando se habla de un aumento en el presupuesto de salud de 5 pesos, que no sea un problema, que sea un reconocimiento a un mejor funcionamiento”.
Sobre el ocultamiento del caso de parte de las autoridades y la petición del juez para que se investigue al director médico, Rossi dijo que “es una opinión del juez, tiene que haber sacados sus conclusiones lógicamente”.
El doctor confió en que quería “estar satisfecho con un resarcimiento social porque mi vida fue social. He tenido una actitud social de reconocimiento y espero reconocimiento. Esperaba reconocimiento y lo he recibido de mucha gente lo cual me engrandece”.
Finalmente, sobre la actuación de su anterior letrado que dilató tanto el juicio e inclusive terminó protagonizando un escándalo en los pasillos judiciales que derivó en la orden de detención del propio Rossi, dijo que “se lo comenté hasta el juez, quizás alguno diría ‘sincericidio’ o políticamente no conveniente pero le dije que mandarme a buscar detenido por una cosa que me aconsejó mi abogado, que me retire del lugar y me ponen ‘fugado’. Y aparezco en la prensa como ‘fugado’ y eso para mí es bochornoso. Con un simple llamado telefónico hubiera vuelto a concurrir”.
“Mi abogado -añadió- tenía el convencimiento que tenía que ser de otra manera el procedimiento. Pedía una cédula, un escrito que lo citara. No aceptó eso y fue una interpretación del juez”.

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