Acerca de la misión del crítico

Algo más de medio siglo atrás, y con menos de 30 años de edad, Inesita Gutiérrez era, como decíamos, un puntal de primer nivel en el Ateneo Rivadavia.
Y una colega de lujo. Su especialidad fue el periodismo cultural. Aquella institución tuvo durante un tiempo una revista de excelencia. Hoy -claro- eso no se consigue en Tandil.
En el número 2, publicado en el mes de octubre de 1956, Beatriz Inés Gutiérrez publicó un artículo sobre cine. Con docencia. Con opinión. Y bien escrito.
En algunos de los párrafos, escribía:

?El arte cinematográfico cumple en un ámbito que crece día a día, su verdadero cometido: el de educar a los pueblos acercándolos mediante el mutuo conocimiento de sus costumbres, temperamentos, alegrías y vicisitudes. Pero para que ese mutuo conocimiento sea veraz y no esté viciado de apariencias engañosas, surge la evidencia incontrovertible del indiscutido carácter social que debe ostentar el cine.
Nosotros entendemos como tal aquel que refleja artísticamente la realidad social; el que penetra la raíz nacional de los pueblos y muestra las condiciones imperantes.
Es aceptable la renovada discrepancia en cuanto a las formas, los detalles técnicos de color, música y sonido; la interpretación y la realización. Pero, por sobre todas las cosas, es el contenido el que debe privar en la calificación del film, y es en este aspecto donde la misión del crítico adquiere una responsabilidad que no siempre se observa a satisfacción.
Es común observar cómo una prédica insistente y cerebralmente organizada, desvía la atención del público hacia ?casos  y cosas? tan baladíes como absurdas sobre la vida íntima de las ?estrellas?.

EN EL ATENEO DEBATIAN SOBRE EL CINE EN TANDIL

?Este punto, que por nuestra parte y desde el Ateneo Rivadavia habremos de debatir y desarrollar ampliamente con la colaboración de todos los interesados, merece la atención y dedicación de quienes aspiran a que nuestro público ?vea? realmente cine.
Tenemos en Tandil cuatro salas que funcionan diariamente y, sin embargo, no es posible hallar en sus carteleras -con la frecuencia que sería menester- programas de cierto valor artístico-cultural. Bien sabemos cómo se atosiga a nuestro público con el decadente cine norteamericano en sus más bajas expresiones de gangsterismo y militarismo.
¿Cuándo, sino casualmente, vemos en Tandil las auténticas expresiones del extraordinario neorrealismo italiano y del excelente cine francés? Y cuándo, sino casualmente, vemos en Tandil una película soviética, empero haber alcanzado la URSS progresos que -con Otelo- según Valerie Vally ?culmina en la perfección tanto escénica como técnica?.
Ante este panorama, ¿cómo podremos en Tandil conocer cine y formarnos un criterio meritorio del arte que tanto nos apasiona??.

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