Ademanes ampulosos y piernas al aire

No me gusta el programa de Majul. El programa, aclaro; porque en realidad Majul ni me gusta ni me deja de gustar. Majul no me importa.
Lo veo, de tanto en tanto, casi por vicio periodístico. Intuyo quiénes serán sus invitados y sospecho cuáles van a ser las preguntas. Y hasta podría adivinar las respuestas.
Pero insisto, de tanto en tanto lo veo. Casi como un vicio. Como fumar; sabiendo que me hace mal.
Anoche nuevamente caí en la trampa. Y ahí estaban: Majul y sus preguntas, Depetri, Bullrich, Luis Juez y alguno más. Y desde algún lugar del mundo, desde el lugar vip que se ha ganado en los medios, desde la estratósfera de un cielo agrario, campechano y ramplón, Alfredo De Angeli. No está con el resto de los invitados; por supuesto que no. En el programa de Majul ?y en otros tantos- el fresco entrerriano tiene una cámara propia que lo sigue a todos lados. Y la pantalla se divide en dos; a la izquierda, un invitado común, terrenal, opina sobre algo (las retenciones, la actitud de Cobos, el papel de Kirchner), De Angeli, a la derecha de la pantalla señora, hace gestos. Aprueba, sonriente, cuando el entrevistado condena las acciones gubernamentales. O hace gestos casi groseros, también sonriente, zumbón, maleducado, cuando quien habla no dice lo que hay que decir.
Termina de hablar el entrevistado y Majul pregunta: ?¿Usted qué opina De Angeli??  y De Angeli ya había opinado, con sus caras de gordito pícaro, con sus ademanes de charlatán de bar, con su gestos amplios y ampulosos de tío que vino del campo y por eso se le permite hablar fuerte hasta aturdir. Y De Angeli opina. Y Majul vuelve a preguntar: ?¿Qué le diría  a la Presidenta si la tuviera delante??
Y yo, que ya no me quiero fumar a Majul por más que sea un vicio, me pregunto si verdaderamente me importa lo que le diría De Angeli a la Presidenta. Trato de no sentir vergüenza ajena. Muy ajena, porque De Angeli me es ajeno; porque no me representa ?por más que vocifere sobre los habitantes de los pueblos del interior-, no me refleja, no me identifica.
La pantalla vuelve a ser una. Y nuevamente aparecen los entrevistados normales. Entre ellos, Patricia Bullrich. Me incomodo por lo que veo. Son las piernas de Patricia. Se deben usar las polleras cortas, me digo. Porque Patricia, que además de Bullrich es Luro y además de Luro es Pueyrredón, debe estar muy al tanto del último grito de la moda, y lleva una pollera minúscula para su edad (casi la misma que la de la Presidenta. La edad, no la pollera).
Y me incomodo de ver las piernas (? al aire, estamos al aire?, le tendrían que haber dicho para que se tape) de Patricia. Impúdica Patricia, diciendo que el que está equivocado ahora es Buzzi, cuando se queja de que los pequeños y medianos productores quedaron peor que si se hubiera aprobado el proyecto de Diputados.
?Se equivoca Buzzi?, insiste descocada y seductoramente a la moda Patricia Bullrich Luro Pueyrredón.
Y por fin creo que las cosas tienden a estar donde tienen que estar: Buzzi tardíamente hablando en nombre de pequeños y medianos y los Bullrich, los Luro y los Pueyrredón, conformes con lo que Cobos no votó.
Cambio de canal pero ya es tarde. Las imágenes me acompañarán un buen rato. Los ademanes groseros y ampulosos de De Angeli desde la estratósfera mediática y las piernas largas y tardías de Patricia.
Impúdicas, me digo. Y trato de dormir.

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