Alegría y color en la vuelta de ?La Calle del Infierno?

Aturdidas por las luces y la fiesta de La Calle del Infierno (un parque de atracciones inmenso que se instala cada mes de abril en Sevilla) estas amigas destejen su historia para mostrarle al público cómo es que llegaron hasta allí y porqué una de ellas decide detenerse a pensar si tiene sentido seguir.

Empleadas del supermercado Superplan y al son de los beeps de las cajas registradoras, estos tres personajes recrean el ámbito perfecto en el que la cotidianidad laboral enmarca la generación de vínculos en los que se mezcla el cariño con la envidia, el compañerismo con las traiciones, la sinceridad con el chisme; alianzas y pactos por conveniencia que acaban por otorgar ese aire cuasi surrealista que impregna la puesta. 

Muchas cosas acontecen en medio de las góndolas del Superplan. Y estas tres amigas buscan resolver: una, su economía hipotecada; la otra, su obsesión por la imagen, y la última apuesta a un cambio radical que le permita arrancar la sordidez a su presente. Para alcanzar estos fines bien disímiles buscan un mismo objetivo: los 3000 euros. Obsesiones no muy distintas a las que atraviesan nuestra sociedad y una misma forma de alcanzar la realización: el dinero.

Por eso, "La Calle del Infierno" tiene las dosis justas de alegría, batas de cola, baile, canto, música y color, pero contiene también una cuota de profundidad que hará reflexionar al espectador desde la óptica del humor, acerca de la concreción de los anhelos.

Al igual que en el juego de rostros móviles que plantean los paneles de la escenografía, también en el laberinto de las apariencias y la búsqueda del éxito personal corremos el riesgo de perdernos a nosotros mismos.

"La Calle del Infierno" es, sin dudas, una comedia a pasitos del infierno encantador.

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