Algo más que un prejuicio

(M.G.) El tema de la discriminación sobrevoló durante buena parte de la nota. Por momentos, explícitamente, por momentos disimulado, oculto o sugerido.

Es necesario decir que fue el periodista quien aportó una generosa dosis de prejuicios a la hora de querer entender la realidad de estos pibes que viven más allá de la ruta.

En principio, en esta misma definición: la ruta, como una excusa, como una frontera necesaria para separar lo ?distinto?. Una sensación que se comparte de ambos lados, pero que se padece de uno solo.

?Los chicos tienen aceptado que viven del otro lado de la ruta. Más que una cuestión de pertenencia es una aceptación: no les queda otra?. La frase es de Fabio Labriola.

Y así como ?del otro lado? se acepta con cierto fatalismo social una realidad, ?de este lado? habría que hacer un ensayo similar. Aceptar, por ejemplo, que si por prejuicio se entiende un juicio realizado previamente, a veces el término se queda corto. En muchos casos, lo que existe es una verdadera sentencia sin juicio previo. Y la marginación es una de las peores condenas.

Se condena (se margina) por peligroso al que usa gorrita con visera; por negro al que escucha cumbia y reggaeton; por drogadicto al que no sabe cómo zafar aunque sea un rato y aunque la vida se le vaya cada vez que inhala nafta o poxiram; por chorro al que no respeta lo ajeno cuando no hay para comer; por ligera, a la nena de 12 años que se inicia sexualmente porque su mamá la tuvo a los 15.

Más de uno debe suponer que cada uno elige lo que quiere: desde usar gorrita hasta hacer el amor.

Pero bien vale preguntárselo dos veces antes de darlo por hecho.

 

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