Aniversario del Club de Teatro

Muchas veces se celebra el aniversario de un espacio teatral haciendo una función; otras veces, ofreciendo una función especial. En el Club hacemos teatro cada uno de los días del año. Y cada función es, para nosotros, especial.
Por eso es que este festejo de los 20 años necesitaba otro color. Quisimos reunirnos con todos los que pudieran, para comer juntos, para encontrarnos a recordar. Para brindar por tantas horas de teatro. Por la decisión de ser teatreros, por la alegría de compartir esa decisión. Por los compañeros de escenario que están, que estuvieron, que vendrán y que nos inspiran el coraje necesario para seguir en este camino.
Quisimos encontrarnos para agradecer y para aplaudir el empuje de todos, aplaudir a los que estuvieron, aplaudir a los que se siguen animando… aplaudir a la gente que viene a participar del acontecimiento teatral porque cree que el teatro es posible, aplaudir a todos lo que eligen esto como profesión, porque ser actor, ser director, o ser teatrero significa elegir un lugar en la existencia. A quienes se acercan al teatro para ver de qué se trata, porque eso no es casual: bien podrían elegir usar el tiempo en otra cosa menos arriesgada.
Y, como hacemos después de cada función, quisimos sonreír recordando los aplausos como una forma de medir lo hecho.
Porque aunque eso pueda parecer una manifestación del ego, es también una forma de recibir una respuesta por el hecho de estar ahí, por exponerse, por mostrar lo que somos, por mostrar lo que es el mundo y eso, esa decisión por sí sola merece ser aplaudida.
El aplauso, como ritual, establece en torno al artista y a los que aplauden un círculo mágico irrompible, indestructible y construye un universo que ni uno ni otro podría penetrar.
Elegimos celebrar…
Aplaudiendo para que este círculo mágico exista,
Para que el Club de Teatro, como fuerza exista,
Para que el teatro para bien de todos exista,
“El Club resultó fiel a como lo pensamos. Por eso excedió a nuestras manos, se consolidó como un lugar de pertenencia para muchos, encontró un lugar en el alma de la comunidad y se ganó un nombre y una historia”. (Alejandra Casanova y Marcela Juárez)

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