Bajo fuego

El Gobierno K vuelve por estas horas a cerrar filas en torno a sus más fieles senadores, y a los que ya no lo son tanto. Sea como fuere, intentará mantener alineados a estos últimos en base a compensaciones que, paradójicamente, al campo no convencen y a la clase política, si no encantan, obligan.
En esa línea, Néstor Kirchner primero, y la propia Presidenta más tarde, se encargaron de recordar personalmente a los legisladores a quiénes deben responder y, en consecuencia, hacia dónde deben direccionar sus voluntades.
Por si persisten en la duda, los estarán vigilando desde la Plaza de los Dos Congresos, en otra puesta en escena bajo el remanido pretexto de consolidar una democracia que nadie acecha. Salvo para el febril imaginario pingüino.
Una vez finiquitado el trámite parlamentario, que las entidades agropecuarias reclamaron con insistencia y deberán respetar a rajatabla, únicamente con la Suprema Corte de Justicia como salvoconducto, el Gobierno volcará sus esfuerzos en dar vuelta la página de una historia que le aparejará una victoria pírrica.
En consecuencia, será el momento de rearmar una tropa lo suficientemente desgastada tras más de cien días de presión sostenida, de cara a los desafíos futuros. A saber: Los compromisos económicos internacionales, razón de ser de las retenciones, según la propia revelación de Néstor K, la inflación, la recesión y las sucesivas crisis energéticas producidas por una desinversión que viene de años, entre otros. 
Así es como Alberto Fernández, una de las espadas que con mayor tenacidad y versatilidad defendió los intereses K, ya tiene firmado su pase a retiro. Según los especialistas, el ?síndrome del quemado?, también conocido como Burn out, una patología generada por el estrés, que provoca agotamiento emocional como principal síntoma, lo estaría afectando. Aunque bien podría aplicársele también como figura en términos políticos. A él, y a otros muchos.  
Por lo demás, y por lo observado en las últimas horas, que no difiere en nada del estilo consagrado en los cinco años recientes, el doble comando gobernante seguirá jugando con fuego. Y sabido es que el dicho popular no le concede buenos augurios a quienes eso practican.

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