Carlos Torrallardona, dibujante

Los cafés, en particular, atraen a los artistas con reiterada y obsesiva insistencia, como lo expresa ?Café en el bajo? (1958). En el drama de la soledad, sentida en carne propia, el artista ha traducido en sus cuadros, aprisionando en el lienzo la atmósfera densa y silenciosa de los cafés nocturnos, de los salones de billar, refugio de las horas sin contenido.
Se podría decir que la obra de Carlos Torrallardona, en su totalidad: es decir sumada a la pictórica, que en definitiva es la que define expresivamente, es ?dibujista? en un sentido esencial. Con esto no se puede afirmar de ninguna manera que el Torrallardona pintor juegue un poco a posteriori sus recursos, acaso como apoyo, como subrayado de lo que el dibujante resuelve con la ecuación cabal del trazo. En la obra se manifiesta una integración de dos elementos que se interaccionan, cumpliendo en el todo, funciones complementarias aunque diferentes. Tal vez podría hablarse de una confluencia, en la obra, de dos corrientes de las cuales corresponde al dibujo el papel motor, la fuerza reveladora, la potencia expresiva, el material simbólicamente elocuente. Estos mismos elementos sumados a la fuerza expresiva se reflejan poderosamente en los grabados. Ejemplo de esto son las tres obras que forman parte de la colección del Museo Municipal de Bellas Artes de Tandil: ?Billares?, óleo sobre cartón, y dos grabados intitulados, los mismos están encerrados con conceptos formales distintos, acentuados en aquella, los improntus expresionistas donde se evidencian en la obra las preocupaciones geométricas que incidieron profundamente en ese momento de su trayectoria, con una presencia de él claramente vertebral.
Dijo Carlos Torrallardona: ?Si tuviera que señalar un símbolo representativo de la razón más profunda de mi vocación artística diría: un horno de confitería o panadería. Nací en una fábrica de masas donde desde muy niño trabajé con mi padre. La vida, para nosotros, era muy dura y ese horno, negro por fuera y con profundos pardos alrededor de su boca con el misterioso fuego en su interior, explicaba mi pintura más significativa?.
Respecto de lo antedicho, su producción pictórica fue acompañada por una gran cantidad de grabados: xilografías y litografías. Su última producción de litografías se terminó en París, un mes antes que lo sorprendiera su muerte en Argentina el 1 de abril de 1986, recordándose el 10mo. aniversario de la desaparición de su hijo menor durante el proceso militar.*

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