Carta de lectores

Un regalo para Navidad

Señor Director:
 
Si alguna vez recibiste un regalito en Navidad es muy importante que leas esto.
Todos hemos experimentado aunque sea una vez la incomparable sensación de la llegada de Papá Noel.
Esta maravillosa experiencia sólo se vive de niño, ¡pero dura para toda la vida!
Si buscás dentro de tu memoria seguramente encontrarás  muchos recuerdos de la navidad.  Recordarás  el momento de sentarte a cenar rodeado de familiares deseando que las horas pasen rápidamente; esperar ansiosamente la llegada de las 12  en los relojes de tus padres; mirar hacia arriba en el patio de tu casa o en la de algún tío tratando de ver a Papá Noel y su trineo; permanecer con un sonrisa de 48 dientes y los ojos más abiertos e iluminados que nunca tratando de encontrarlo en algún punto del cielo, señalar hacia el arriba, casi con extrema seguridad de que lo vemos ahí… Pasando por encima de nosotros.
Volver a entrar y encontrarnos con un árbol rodeado de regalos de todos los tamaños, con nuestros nombres escritos en varios de ellos. Abrirlos casi con desesperación y encontrar ése que tanto deseabas,  ése que remarcaste con fibra roja  en la cartita a Papá Noel.
Recordarás quedarte jugando con tus hermanos y primos, disfrutando y riendo con tus juguetes nuevos o llorando si alguien te lo rompía, pero lo tenías ahí frente a vos… ¡el regalito de Papá Noel!
Todas estas emociones y muchas más las hemos vivido aunque sea una vez y qué lindo es recordarlas. Los recuerdos de nuestras navidades son felices y alegres, y en todos tuvimos un regalito para abrir, grande o chiquito, daba igual, pero lo teníamos.
De la misma manera que nuestros recuerdos son felices, hay chiquitos que no lo vivieron así, existen niños que no logran entender y se preguntan ¿Por qué Papá Noel se olvidó de ellos? ¿Por qué nunca les deja un regalito?  Les duele saber que,  aunque se porten bien o les vaya bien en la escuela, no van a tener regalito de Navidad.
Son niños que por más que sepan que no recibirán nada, igualmente le escriben su cartita a Papá Noel. ¿No te parece cruel?
¿Cómo te hubieras sentido si en tus navidades no hubieras recibido nada?
Son tan chiquitos y tan llenos de esperanza… ¿No sería muy injusto quitarles la ilusión? Dejarlos con las manos vacías y que al día siguiente comprueben que en la única casa de la cuadra donde Papá Noel no dejó regalitos  fue en la de ellos. ¿No te parece triste? 
No debería ser así y todos sabemos que  merecen su regalito, simplemente por ser niños.
Como dije antes, es una experiencia que sólo se vive de niño pero dura para toda la vida, sea buena o mala, no hay elección por parte de ellos, pero de nosotros sí.
Te propongo tomarte un ratito de tu tiempo y busques algún juguete que esté sano, que ya no se use, estoy convencido que tiene que haber al menos uno, de algún hijo tuyo, o de un sobrino o de quien sea que ya no lo use o lo haya olvidado y pueda ser disfrutado nuevamente por alguien.
Por favor, no dejemos con las manos vacías a quien de verdad los espera recibir.
Si aún no hiciste la buena acción del año, ya tenés la ocasión para hacerlo. Traé tu regalito en una cajita  y alegremos la Navidad de alguien más.
Agradezco que hayas leído esta carta, y ya quedás comprometido pero no conmigo, pero tal vez con tu conciencia.
Te esperamos en Mitre 772  en horario comercial. Los regalos se llevarán a entidades como el Hospital de Niños, comedores de la ciudad e iglesias.
Gerardo Aguirre Gari
DNI 26796546
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Festejo por estafa
Señor Director:
Así titularía yo una noticia si fuera jefe de Redacción de algún medio de comunicación, pero en este caso, sólo soy “una testigo presencial” o “una damnificada” (para seguir con la jerga periodística).
El domingo 9 tuve el placer de concurrir a la fiesta de egresados de mi hijo en la Cámara Empresaria, para más datos (por si alguien quiere ubicar bien la situación) era el egreso de la Escuela Normal, orientación Economía y Gestión. Placer, digo, por el evento en sí, es una felicidad siempre que un hijo culmina una etapa para iniciar otra ¿No? Pero cuando uno paga una entrada de 220 pesos para cenar y disfrutar de un momento emotivo y te sentís estafada, de placentero no tiene nada.
La cena en cuestión consistía en una tablita (literal: no medía más de 20 por 15 centímetros) con finísimas rodajas de salame y queso (finas no por por la delicatessen sino por el grosor) y media aceituna, esparcidas sobre los embutidos (los conté: había cinco).
De entrada, una rojadita de pionono relleno con fiambre. Diminuta ensalada de tomate, queso y albahaca y rodaja de jamón (todo en el mismo plato y sobraba lugar).
Plato principal: una rojadita de pollo arrollado y ocho papitas noisette con salsita. ¿De postre? Una rodajita de helado (¡tres gustos, eh!) que bailaba en un plato enorme. Bueno, las bebidas, cerveza (la más barata), un vino medio pelo y agua (ojo con y sin gas) y… nada más. Porque cuando terminamos de comer, que arrancó el baile, los mozos levantaron todo (ni siquiera una mísera sidra para brindar con nuestros hijos) levantaron todo y nosotros esperábamos, hasta que mi madre pregunta ilusamente por la mesa de dulces, bueno, o la torta de egreso, y le contestaron que no había más nada, que por el valor de esa tarjeta era ése el servicio.
Lamentable, ¿si eso no es una estafa, cómo se llama? Los padres que contrataron el servicio con la mejor buena voluntad y el sacrificio de pagar hasta 1.000 pesos por familia para acompañar a sus hijos no se merecen ni esto ni el mal trato sufrido durante la compra de las tarjetas (colas interminables, horarios ridículos, empleadas malhumoradas, etc.). Yo entiendo que ése es su negocio. ¿Pero al extremo de mercantilizar la alegría y el festejo familiar?
Pero el problema es también que somos los padres quienes tenemos que pensar a la hora de organizar estos eventos. Hay que terminar con estas estúpidas cenas que porque están adornadas con arañas, alfombras y una pantalla gigante son mejores… ¡No! Pensemos otras alternativas, que los chicos festejen de otra manera, si en definitiva la fiesta es de ellos y terminan con una barra libre bailando entre ellos… 

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