Cartas de lectores

El texto de Discépolo que parece escrito para este tiempo

 

Señor Director:

 

El actor, director, dramaturgo, compositor y cineasta, no dudó por su inclaudicable compromiso social en apoyar la campaña para la reelección de Perón desde su programa radial. Leé este texto de mediados de 1951 de su sección ”¿A mí me la vas a contar?” es un retrato de éste, y de aquel tiempo.

“Resulta que antes no te importaba nada y ahora te importa todo. Sobre todo lo chiquito. Pasaste de náufrago a financista sin bajarte del bote. Vos, sí, vos, que ya estabas acostumbrado a saber que tu patria era la factoría de alguien y te encontraste con que te hacían el regalo de una patria nueva, y entonces, en vez de dar las gracias por el sobretodo de vicuña, dijiste que había una pelusa en la manga y que vos no lo querías derecho sino cruzado.

¡Pero con el sobretodo te quedaste! Entonces, ¿qué me vas a contar a mí? ¿A quién le llevás la contra? Antes no te importaba nada y ahora te importa todo. Y protestás. ¿Y por qué protestás? ¡Ah, no hay té de Ceilán! Eso es tremendo. Mirá qué problema. Leche hay, leche sobra; tus hijos, que alguna vez miraban la nata por turno, ahora pueden irse a la escuela con la vaca puesta.

¡Pero no hay té de Ceilán! Y, según vos, no se puede vivir sin té de Ceilán. Te pasaste la vida tomando mate cocido, pero ahora me planteás un problema de Estado porque no hay té de Ceilán.

Claro, ahora la flota es tuya, ahora los teléfonos son tuyos, ahora los ferrocarriles son tuyos, ahora el gas es tuyo, pero…, ¡no hay té de Ceilán! Para entrar en un movimiento de recuperación como éste al que estamos asistiendo, han tenido que cambiar de sitio muchas cosas y muchas ideas; algunas, monumentales; otras, llenas de amor o de ingenio; ¡todas asombrosas!

El país empezó a caminar de otra manera, sin que lo metieran en el andador o lo llevasen atado de una cuerda; el país se estructuró durante la marcha misma; ¡el país remueve sus cimientos y rehace su historia!

Pero, claro, vos estás preocupado, y yo lo comprendo: porque no hay té de Ceilán. ¡Ah… ni queso! ¡No hay queso! ¡Mirá qué problema! ¿Me vas a decir a mí que no es un problema? Antes no había nada de nada, ni dinero, ni indemnización, ni amparo a la vejez, y vos no decías ni medio; vos no protestabas nunca, vos te conformabas con una vida de araña.

Ahora ganás bien; ahora están protegidos vos y tus hijos y tus padres. Sí; pero tenés razón: ¡no hay queso! Hay miles de escuelas nuevas, hogares de tránsito, millones y millones para comprar la sonrisa de los pobres; sí, pero, claro, ¡no hay queso!

Tenés el aeropuerto, pero no tenés queso. Sería un problema para que se preocupase la vaca y no vos, pero te preocupás vos. Mirá, la tuya es la preocupación del resentido que no puede perdonarle la patriada a los salvadores. Para alcanzar lo que se está alcanzando hubo que resistir y que vencer las más crueles penitencias del extranjero y los más ingratos sabotajes a este momento de lucha y de felicidad.

Porque vos estás ganando una guerra. Y la estás ganando mientras vas al cine, comés cuatro veces al día y sentís el ruido alegre y rendidor que hace el metabolismo de todos los tuyos. Porque es la primera vez que la guerra la hacen cincuenta personas mientras dieciséis millones duermen tranquilas porque tienen trabajo y encuentran respeto.

Cuando las colas se formaban no para tomar un ómnibus o comprar un pollo o depositar en la caja de ahorro, como ahora, sino para pedir angustiosamente un pedazo de carne en aquella vergonzante olla popular, o un empleo en una agencia de colocaciones que nunca lo daba, entonces vos veías pasar el desfile de los desesperados y no se te movía un pelo, no.

Es ahora cuando te parás a mirar el desfile de tus hermanos que se ríen, que están contentos… pero eso no te alegra porque, para que ellos alcanzaran esa felicidad, ¡ha sido necesario que escasease el queso!. No importa que tu patria haya tenido problemas de gigantes, y que esos problemas los hayan resuelto personas.

Vos seguís con el problema chiquito, vos seguís buscándole la hipotenusa al teorema de la cucaracha, ¡vos, el mismo que está preocupado porque no puede tomar té de Ceilán! Y durante toda tu vida tomaste mate! ¿Y a quién se la querés contar? ¿A mí, que tengo esta memoria de elefante?. ¡No, a mí no me la vas a contar!”.

-Discepolín. 1951 apoyando la reelección de Perón.

“Cualquier similitud con este momento político, es pura coincidencia”.

 

Nair Morales. 28/10/2015

D.N.I. 17.468.595

 

Los ‘70 y los ‘90, participación popular o quién la tiene más larga

 

Circula el chiste de que la clase media cuando está mal vota izquierda y cuando está bien vota a la derecha. Y justamente ésa fue la estrategia electoral: se puso al candidato más de derecha del gobierno. Obviamente: más de derecha es Macri. Más coherente es Macri. Scioli es confusión. El gobierno juntó un discurso de los ‘70 con un político de los ‘90. Revolución y neoliberalismo. El agua y el aceite.

Se apostó a que gana “el que la tiene más larga”. Y Macri la tiene más larga que Scioli. Se apostó al marketing político y Durán Barba le gana a cualquier otro asesor de imagen. Eso es jugar en el terreno del otro. Taiana o Randazzo eran opciones claras de un progresismo hacia adelante.

El electoralismo le ganó a la construcción política. Los políticos profesionales relegaron a la militancia. Y el kirchnerismo había llegado, ya hace tiempo, para otra cosa. La construcción política que perdura es la que es por abajo, ésa es la que cambia a las sociedades. La sociedad en su estado de conciencia no cambia por el hecho de vivir mejor o consumir más si los valores que predominan son los del mercado, esto es: gloria a más inversiones de multinacionales, gloria a más consumo con planes y más planes de pago, gloria a la seguridad entendida como más policía. ¿Cómo cambiar la mentalidad consumista (siempre de derecha porque está formateada por la cultura de lo privado) cuando desde el Estado se la promueve. En todos estos años se promovió una clase media para que sea así. Nos sigue subyugando ser Argentina Potencia.

Hay más pobreza y desempleo de lo que uno cree.

El campo popular está fragmentado y el kirchnerismo (como militancia) tiene que recuperar la iniciativa propia. Los militantes no pueden ser funcionales a un Estado o un gobierno que les dice qué está bien y qué está mal. La primigenia y fresca transversalidad se la comió la política de aparatos.

Hubo soberbia para no leer la realidad. Lo de Aníbal es el ejemplo total. Para convencer hay que dialogar y se perdió el diálogo con el no kirchnerista, encerrado en una nube exitista. El microclima existe.

Hay falsas mitificaciones: hoy el pueblo es heroico, mañana es un cobarde, pasado no se sabe. Ayer era “un país de buena gente”, hoy muchos ya dicen gente pelot…, gente de mier… Y si en la segunda vuelta ganamos por medio voto volvemos a decir que este pueblo sabe votar, que este pueblo sabe lo que quiere.

La recuperación de la política como herramienta de transformación existe, pero no es tal como creemos. Por un lado la mayoría de la sociedad no tiene inquietudes sociales, y si las tiene son diferentes a las nuestras. Los procesos no se decretan. ¿Sirve recordar el 24 de marzo en las escuelas si las docentes y los padres siguen teniendo un sentido común de derecha, esto traducido en votar a un presidente que apoya el terrorismo de Estado?

Por último, pienso incluso que Scioli vale más para el votante de Macri que para el kirchnerista. Intuyo que en lo íntimo para muchísimos kirchneristas Scioli no vale dos centavos. Pero Scioli, en un gobierno con otros actores y relaciones internas de fuerza, no es nada al lado de la tragedia que significaría Macri para el país y cada uno de nosotros.

 

Gustavo Primucci

D.N.I. 92.337.870

 

El Socialismo quería un cambio, pero no cualquier cambio

 

Señor Director:

 

Ante un fin de ciclo que inevitablemente se observaba, había que tener una posición política que determinara hacia dónde debíamos ir. El Unen de diciembre de 2013, “La Declaración de Rosario”, marcaba un camino Progresista para la alternancia democrática.

El acuerdo firmado por el socialismo, el Gen, la Coalición Cívica, la UCR, Libres del Sur y Proyecto Sur, contenía ideas superadoras que apuntaban a la cohesión social, el respeto institucional, un estado eficaz y transparente, educación de calidad y la salida de la inflación estructural, entre otras propuestas.

Rápidamente, por iniciativa de referentes políticos nacionales  rompiendo el acuerdo, comenzó a gestionar la ampliación hacia un espacio mayor que incluía al PRO de Mauricio Macri. Las lógicas oposiciones de la mayoría de los firmantes, tensaron la relación entre sus integrantes.

La irresponsabilidad  de instalar en los medios de difusión  decisiones personales sin debatirlas con los demás integrantes, concluyó primero en la parálisis de este espacio socialdemócrata, para concluir definitivamente a partir de la convención radical de Gualeguaychú, donde el radicalismo decide abandonar  esta construcción.

Quienes permanecimos en el espacio progresista (socialistas, Gen, Libres del Sur) debimos hacernos cargo de mantener esta alternativa progresista, que inicialmente contó con el beneplácito de millones de argentinos que se sentían representados en ella.

Dentro del radicalismo apareció una fuerte resistencia al acuerdo con Macri, que con el tiempo se fue diluyendo. El pragmatismo le ganó a la ética. Hubo tironeos para que dirigentes, especialmente del Gen, dejaran Progresistas.

Como desde el socialismo queremos que el pueblo no pierda la memoria, nos parece oportuno recordar el momento en que Margarita Stolbizer, por entonces primera en las encuestas, rechazó la posibilidad de ser candidata a gobernadora del frente macrista. Ahí la ética le ganó al pragmatismo.

La idea de que gran parte de la ciudadanía contara con una propuesta que  la contenía, no podía abandonarse con la cabeza puesta en eventuales resultados.

El socialismo santafesino y sus aliados fueron los primeros en recibir, en materia electoral, los embates por el cambio ideológico del radicalismo. Y pudo mantenerse en el poder gracias al enorme esfuerzo de sus principales dirigentes y su militancia.

Las PASO nos marcaron una tendencia que indudablemente denotaba  una  enorme disminución de adhesiones al frente progresista.

Tras cartón, hacia el final de la campaña el candidato del frente renovador tomó oportunamente nuestras banderas, y la sociedad le creyó.

Hoy, ante la inapelable decisión del pueblo argentino, estamos en una segunda vuelta electoral donde debemos elegir entre dos candidatos de historias parecidas, prácticas similares y donde cada uno tiene como aliado a los dos partidos con mayor representatividad institucional del  país.

Ambos son postulantes famélicos en transparencia, en sensibilidad social, en formación política. Los dos tienen enormes fortunas acuñadas desde negocios con el Estado y desde el Estado.

Por ello, quienes pensaron en cárcel para los corruptos, tendrán que hacerse de paciencia, de este tema no se hablará por algún tiempo.

El pueblo mayoritariamente votó un cambio. Nosotros no estamos de acuerdo con cualquier cambio. Las elecciones son precisamente la decisión de los ciudadanos en un determinado momento. Pero las ideas no tienen fecha de vencimiento.

Nuestras convicciones están intactas. Seguiremos luchando por la  escuela pública de calidad, la salud pública cada día mejor y al servicio de todos, la sustentabilidad económica a través del trabajo registrado y por un modelo productivo con sustentabilidad ambiental.

Hay muchas causas por las que seguiremos luchando desde el socialismo.

Tres de cada cien tandilenses nos acompañaron, a pesar de lo detallado al comienzo, y un porcentaje similar de argentinos también nos dio su apoyo. Desde ese pequeño escalón continuaremos la lucha por la política decente y la permanente búsqueda de la igualdad.

 

Susana Suffredini

Oscar Martens

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