Castañino se consagró en un capítulo complicado

Un epílogo cargado de condimentos y diferentes alternativas tuvo la fiesta de APAC en El Arbolito, de Coronel Vidal.
El weekend regional pasó climáticamente por muchas etapas en pocas horas, desde una lluvia copiosa al mediodía, sol, y agradable temperatura promediando la tarde, hasta un temporal de lluvia y viento en el tercer tiempo, cuando se desarrollaba los podios.
Luego de dos series teceístas y dos de APAC, la lluvia irrumpió en Vidal, parecía que la cancelación de la carrera sería inminente y debíamos retornar el próximo fin de semana, pero el responsable del escenario, Sergio Peirano, y la gente del Auto Club Mar Chiquita, conocedores de estos desafíos, pusieron manos a la obra, y después de las 16 la fiesta estaba en movimientos, con buena continuidad para llegar con luz natural a clausurar el último show de la temporada.
Adrenalina, nervios y alta temperatura se vivía desde las series, donde la “calculadora”, las operaciones o proyecciones, estaban a la orden del día.


Breve acción de la telonera

Se venía la noche y faltaban tres definiciones. El TC del Sudeste se puso en marcha cerca de las 19.15, periplo demasiado breve, porque surgían las complicaciones para desarrollar el resto del programa. Solo media decena de vueltas y caía la bandera cuadriculada, decretando ganador a Claudio Miraball.
Dentro de las confusiones, el horario, y los conciliábulos, al final este movimiento otorgaba guarismos, quedando Sebastián Nanni como campeón.

El misil de la Base
 
Si miramos y monitoreamos la definición del grupo mayor, la partida de Diego Castañino delante de Fabio Pedersen, jugaba a favor del hombre de la Base Aérea, definiendo el pleito en condiciones normales.
El puntero expuso sus virtudes innegables, talento, temple y aplomo en la punta de la trinchera, estableciendo un tránsito muy veloz, con el ex campeón de la 850, “Finito” Pedersen en la persecución.
Acciones con adrenalina, nervios y sangre caliente. El “Pollito” mostraba  chapa y hambre de conquistas, enhebrando una festejada corona, asistido por la tarea ímproba de su progenitor, el laborioso Carlos Castañino.
Detrás otra, carrera, con postulantes abocados a cerrar decorosamente el ejercicio. Martín Zumárraga con el Chevrolet de la Autopeña Napaleofú ponía el resto, porque estaba dentro del bolillero de candidatos, siendo al final, digno escolta del campeón. Un sobrio trabajo desarrollaba Pablo Buduba, completando el podio.
Pedersen quedaba cuarto, jugándose la heroica en la segunda variante, se fue “ancho”, cancelando las últimas chances para pretender el objetivo.
En orden de méritos, Carlos Gelado fue quinto, apareciendo un consistente Chevrolet sobre el final, completando los top ten Reinaldo Fernández, Cristian Romero de ascendente trabajo, Federico Albin, Marcelo Gusmeroli, y “cerrando” los top ten, como el año pasado el legendario hombre de Pirán, y ex carretero, Eduardo Finocchio.

Noctámbulos

La clase “B” tenía a varios “pretendientes” para una sola corona, pero algunos si querían acceder al cetro máximo, tenían que hacer bien los deberes.
Después de las 20, con cielo nublado y amenazante, llamativamente, y con un público atónito, se ponía en marcha la definición, a lo que pudiera desarrollarse. Una determinación improcedente, sin las condiciones ideales, con la noche encima, y un detalle no menor, sin priorizar las medidas de seguridad, un punto sin medición en el automovilismo zonal. La apuesta era demasiado arriesgada, literalmente jugar con fuego. El desafío no salió bien, debía salir el auto de seguridad por un auto despistado, y la carrera sin valor. Orlando Walter festejaba la corona, con mucha confusión en el Parque Cerrado.
¿Para qué tantos riesgos, exponiendo la vida de los hombres? Cuando harán docencia las entidades fiscalizadoras, para encarar estas situaciones.
Transitamos un año muy difícil para la actividad, perdimos varios actores, y amigos con quienes compartimos momentos inolvidables a lo largo de los años. Para qué continuar arriesgando más vidas, el desenlace en Vidal, bien pudo terminar en tragedia. ¿No será tiempo, de trabajar con más orden, criterio, y menos improvisación?
Dios quiera que el receso sirva para acomodar las ideas y encarar un 2013 mejor.

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