Conmociona a la ciudad el deceso Sergio Mauricio Pinchentti, su relator deportivo

En la plenitud de la vida, cuando le restaban 20 días para cumplir 53 años, ayer dejó de existir el periodista y relator deportivo Sergio Mauricio Pinchentti, quien desde hace más de tres décadas era el relato inconfundible de LU 22 Radio Tandil.

Apasionado de su profesión, desde Tandil o desde los puntos más recónditos del país y algunos del exterior, hacía vivir -a través de su voz- la gambeta del ídolo del ocasional representativo serrano, el  certero golpe del boxeador de turno o el paso firme de cada atleta.

Es que Sergio era un privilegiado que tenía el don de traducir en palabras no sólo lo que veía sino también el sentimiento de los coterráneos que acompañaban a ese representante, con una envidiable ductilidad profesional.

Podría estar relatando desde un partido definitorio del ascenso al fútbol grande o un encuentro del torneo chacarero, pero los transmitía con la misma pasión y respeto.

Por eso, por su sinceridad y por ser tan frontal, Sergio Pinchentti supo ganarse el respeto rápidamente, incluso cuando con escasos 20 años ya tenía en su haber varios relatos, tras haber pasado por la “torre informativa” de las transmisiones deportivas.

También su voz era el sinónimo de las noticias de la tarde en la madre de las emisoras de Tandil.

Con la misma honestidad con la que lanzaba cada palabra en su relato, volcó también su ímpetu durante varios años en el Sindicato de Prensa de Tandil.

Gimnasia y Esgrima de Tandil, el justicialismo y Racing fueron otras de sus grandes pasiones, y así se lo vio en alguna ocasión integrando alguna lista interna partidaria, con la dosis justa de vehemencia y tolerancia.

Fiel amigo y luchador por su familia, en los últimos tiempos tuvo el privilegio de compartir su labor profesional con su hijo Fernando, quien desde muy chico vio en Sergio no sólo a su padre sino también a su ídolo a imitar.

Cuando nadie lo esperaba, cuando estaba en un momento óptimo de madurez profesional, su partida se transformó en un trago amargo para todos quienes lo conocieron y compartieron no sólo la relación laboral sino también la humana, ya sea en las coincidencias o enfrentando las disidencias, como lo saben hacer las personas de bien.

“Miraba los partidos por televisión y los relataba”

Una entrevista que le realizara Néstor Dipaola para “La Vidriera” hace casi 20 años permite pintar de cuerpo entero a Sergio Mauricio Pinchentti y su pasión por la profesión.

“Cuando era chico, miraba los partidos por televisión y los relataba” se titulaba la nota a ese muchacho de 32 años que vivía en Villa Italia.

Hijo del recordado ex presidente de Boca Jorge Pinchentti y de Lidia Montero, estaba casado con Mabel Altamirado y era padre de Sebastián y Fernando.

“Leo diarios y revistas porque me gusta estar informado. Otras lecturas, muy poco: no me da el tiempo”, dijo en aquella oportunidad.

Comenzó en Radio Tandil a poco de terminar el secundario en el Centro Polivalente y no olvidaba a quien le abrió las puertas: Pedro Suárez, quien también fue generoso al momento de enseñarle algunos secretos.

“La radio es mi vida. También estoy en el servicio informativo con mucho agrado, aunque al relato lo siento más, sin dudas, porque tiene que ver más con el fervor y con el pueblo”, había dicho Pinchentti.

En otro momento expresó: “No me gusta ser hipócrita. A diario observamos cosas que son verdaderos insultos para con la naturaleza humana; todas las injusticias, el hambre, la falta de trabajo o de medicina para la gente, etc. Entonces creo que lo que uno vive y siente lo tiene que decir”.

Añadió que “si uno sale de los moldes habituales va a tener gente que lo apoya y también detractores. Son los riesgos de la profesión. Pero repito: no hay que ser hipócrita; no hay que esconder la cabeza como el avestruz ante tantas barbaridades que a diario pasan y después asombrarnos por una palabrita, por una expresión más o menos en el calor de un partido de fútbol”.

Así pensaba el relator tandilense por excelencia. Pero también así actuaba. Por eso es que su paso por la vida no fue desapercibido y hoy una ciudad siente le pérdida de un gran profesional y mejor persona.

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