Crónica de una noche con Mirtha

Cuando era chico, y en las leja nas tierras de un pueblo (Nicanor Oliver de estación La Dulce), mi escape a la monotonía era la televisión. Ese mundo mágico donde todo lo que allí ocurría era el terreno exacto para poder desarrollarme como artista. Esa rara sensación de acercamiento, de identificación, con aquel mundo que me mostraba la pantalla.

Y así, con ese compañero me crié, con el televisor como un integrante más de la familia. Donde Marcelo, Gerardo, Moria, Susana, y Mirtha (entre tantos otros) eran parte de ese mundo al que sin dudas algún día iba a pertenecer. Gracias a mi profesión, me he esforzado para conocer a cada uno de esos personajes que no sólo forjaron mi niñez sino alimentaron mis ideas de crecer en la profesión para algún día yo también ser de la tele…

He entrevistado a grandes figuras del espectáculo: Charly García, China Zorrila, entre otros, pero esta vez era hora de conocer, ¡en su lugar, en su ambiente, a Mirtha! Mis mediodías eran en su compa- ñía, en casa se almorzaba con “La Chiqui”, y yo siempre quise estar en esa mesa.

Y como un sueño que de a poco se va haciendo realidad, una noche me tocó estar ahí viviendo ya desde otro lugar “La noche de Mirtha Legrand”.

Gracias a la generosidad y la buena predisposición de Mauricio D’Alessandro frente a mi pedido que querer entrevistar a Mirtha o de tomar un tesito con ella en el Alvear, un día llegó una pregunta de su parte: “¿Me vas a acompañar a la cena con Mirha?”. Y claro, dije. “¡Sí!”.

De modo que llegué al estudio mayor, donde se realiza su programa nocturno, el 22 de octubre. Mauricio D’Alessandro era uno de los invitados a la mesa.

El, insisto, generosamente, me presentó como un periodista de Tandil, allí, en lo camarines, me sentía uno más de esos invitados, ya que mientras ellos eran maquillados, yo fascinado, con ese lugar, no dejaba de contemplar lo que en la jerga se denomina el back stage del programa.

Mirtha Llegó Pamela David con sus colaboradoras, ya se encontraba allí el periodista Paulo Vilouta, más tarde, el escritor Tato Young, y tiempo después se sumaba con aires de diva en menor escala, Viviana Canosa.

“En un minuto los espera la señora en la mesa” se escuchó decir a una de las productoras. Ellos (los invitados) fueron a ubicarse y yo acompañando a Mariana, la pareja de Mauricio, me introduje en el detrás de escena de ése un programa que tanto había visto del otro lado de la pantalla. Los primeros minutos fueron de observar todo los detalles, escenografía, equipo técnico, iluminación, cámaras, entre otras cosas.

Esa clara dicotomía entre lo que interpretaba cuando lo veía por la tele, y la realidad de la cocina de ese show. Una vez que esa sensación de gozo se instaló en mí, me dediqué a observarla a ella.

-¿Y como es Mirtha? -me preguntan-.

Y sería un despropósito evaluarla desde mi lugar poco objetivo, yo la quiero, mas allá de que pensemos diametralmente diferente, ¡Mirtha es ella! Una institución del espectáculo, con sus tips, con sus análisis, y hasta con su ingenuidad en algunos casos. Ella comanda el equipo, y todos están ahí trabajando para que ella se luzca.

¿Qué pasa en los cortes? Todos los asesores y colaboradores de los invitados, sobre todo de las féminas, se acercan a la “mesaza”, con maquillajes y spray para el cabello, para retocar a sus estrellas, y ella dialoga con su productora y también aprovecha para retocarse el “maquillaje”… con tono afrancesado.

Se la escucha preguntar: “¿Falta mucho para que termine la tanda?”. “Veinte segundos y al aire”, dice un productor. Mirtha es La Legrand cuando se enciende esa luz roja y es María Rosa Martínez Suárez cuando esa luz se apaga. Yo quería la foto que registrara ese momento, porque era el corolario de la noche. Terminó el programa, yo con ganas de saludarla, me acerqué a la mesa, Mauricio me presentó como un periodista de Tandil… “que la quiere mucho”, señalé sin titubear.

Registró Mauricio ese momento, y ahí sentí otra vez que algo que había soñado era ya realidad, la tomé de la cintura con mucho respeto y ahí quedo ese momento inmortalizado.

Ya la había entrevistado años atrás en una entrega de los Martín Fierro, pero esta vez era diferente, aunque aún no me senté en su mesa, estar cerca de Mirtha me hizo saber una vez más que los sueños siempre son posibles, sólo hay que esperar que las condiciones se den en el momento que uno deja de esperar…

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