De la biblioteca aurinegra al ordenamiento del fútbol allá por 1919

En la reciente Feria del Libro, el Club Ramón Santamarina, próximo a cumplir un siglo de vida, tuvo un stand en el que mostró sus novedades a través de una pantalla, aportó ejemplares de la revista “Ramón” y otros elementos valiosos. Pero además se llevó a cabo un panel denominado “Deporte y sociedad”, con disertaciones a cargo del presidente Pablo Bossio, del emblemático ex deportista Norberto Quinteros y de los escritores lugareños Raúl Echegaray y Néstor Dipaola.

En el mismo, se habló de la “revolución cultural” que se dispone a llevar a cabo la institución de aquí en más, en este ciclo de recuperación ya iniciado y que incluye no solamente el sólido equipo de fútbol que participa en el Campeonato Argentino A, sino un resurgimiento valedero en todas las esferas.

Sin embargo, este concepto no es nuevo para la institución. Cuando se estaba por crear la entidad rectora del fútbol local, es decir la Asociación Tandilense de Fútbol, luego Liga, fue Santamarina quien motorizó la iniciativa y puso a disposición de los dirigentes de los demás clubes, el espacio de la flamante biblioteca. Así lo cuenta con lujo de detalles Carlos Octavio Alfaro en el su libro “Del potrero al pizarrón”:

“El 4 de enero de 1919, el club Santamarina inauguraba su biblioteca y sala de lectura en un lugar cedido gratuitamente por el señor Raimundo Piñero, en calle 9 de Julio 468. Este acontecimiento dio lugar a una reunión social-deportiva de trascendencia, pues participaron delegaciones de las entidades que se movilizaban en ese entonces. Tras los clásicos brindis (no con champagne, sino con cerveza), hablaron Eduardo Pina, Juan Grandinetti, Pedro Arguinzonis y Sixto Martínez. Cerró ese momento de efusiva oratoria el presidente aurinegro, Florencio Martín Bicondo.

Pocos días después emana del Club Santamarina una circular convocando para el 21 de ese mes, a lo que denominaron ampulosamente Primer Congreso Extraordinario de Foot Ball”.

Charla pública en la Feria

La sala de la Cámara Empresaria estuvo totalmente colmada, y todos coincidieron en la importancia de mantener la mística aurinegra a través de estas participaciones en los principales eventos de la ciudad. A su turno, Dipaola señaló que “se trata de una jornada histórica, porque después de haber perdido todo lo material, el club se ha mantenido y se está levantando gracias a que entre todos, logramos mantener intacta el alma”.

Luego, comparó el tema de la quiebra y de la consiguiente pérdida de los bienes, con el caso de una familia que ha sufrido las consecuencias de una catástrofe que lo destruyó todo. “Un incendio, una inundación, pueden dejar de pronto sin vivienda y sin mueble alguno a muchas familias. Sin embargo, mientras haya gente y haya pasiones, esa familia en algún momento logrará rearmarse”. Coincidió con el presidente Bossio en que “actualmente la provincia de Buenos Aires, con la cesión de las doce hectáreas de la vieja estancia Sans Soucí, ha venido a reparar lo que en su momento destruyeron un par de dirigentes, algunos profesionales que no estuvieron a la altura de las circunstancias y autoridades municipales de turno, que autorizaron una rifa que no correspondía autorizar, y luego se quedaron con la Quinta Belén por dos pesos con cincuenta de deudas impositivas”.

Luego, en un aporte de neto contenido histórico, señaló que “el club ha estado desde sus comienzos ligado a la familia Santamarina. Cuando se fundó la institución el intendente municipal era Antonio Santamarina. Los muchachos fueron a entrevistarlo con la intención de obtener un predio para la práctica futbolera. Consiguieron el terreno que hoy ocupa la plaza José Santamarina, sobre la avenida Colón. Como reciprocidad, quedaron en que a partir de ese momento (febrero de 1914) el club pasaría a llamarse Ramón Santamarina, como homenaje a Ramón hijo, nativo de Tandil, hijo mayor del pionero gallego y que hacía poco tiempo había fallecido, provocando un fuerte impacto emocional en la población.

Luego, por mucho tiempo, el club tuvo su sede social en calle 9 de Julio al 500, en la amplia vivienda que pertenecía por entonces a la familia Santamarina y donde hoy está la Galería de los Puentes. Allí comenzaron a practicarse actividades tales como básquetbol y boxeo. Y como si fuera poco -dijo Dipaola- este resurgimiento, los nuevos ladrillos, se van a estar dando en otro predio que perteneció a la familia Santamarina, como es el caso de la estancia Sans Soucí”.

El presidente Pablo Bossio, con indisimulada pero lógica euforia, destacó la proyección de esta resurrección del club en el referido espacio. Hizo alusión a los numerosos y efectivos trabajos de movimiento de suelo realizados este año, apertura de caminos internos y la cancha auxiliar a inaugurarse en diciembre, precisamente para los cien años. Dijo que se ha elaborado un “Master plan” con proyección a diez años.

Posteriormente Echegaray coincidió con poner énfasis en lo cultural y evocó un sinnúmero de actividades que el club llevó a cabo además de los aspectos deportivos.
Norberto Quinteros agradeció emocionado la invitación de que fue objeto para participar en el panel y se refirió a la mística vigente de los sentimientos, las pasiones y los colores aurinegros.

(Fotos gentileza Martín Santamarina)
 

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