De víctima a victimaria, la madre que primero denunció a su expareja, después se arrepintió y lo terminó matando

Ayer se desarrolló la segunda jornada del debate público en el que se resolverá la suerte procesal de una mujer que dio muerte a su expareja (padre de sus cuatro hijos) en un contexto con condimentos de violencia de género.
El Tribunal, integrado por los doctores Gustavo Agustín Echevarría, Guillermo Arecha y Carlos Pocorena, abrió la nueva jornada con el desfile de más testimonios, testigos de aquella relación tortuosa, violenta, que acarreaba años de golpes, maltratos, separaciones y reconciliaciones, y que a pesar de haberse judicializado el caso con relativa premura (con denuncias previas, restricciones de acercamiento, instancias de mediación) nada sirvió para evitar lo que debiera ser evitable: un desenlace trágico. Podía haber sido ella, pero quien murió fue él en manos de su amada, de la madre de sus hijos, cortándolo con un pedazo de vidrio de una ventana de la habitación de la casa de Magallanes al 200, violento y sangriento episodio del que resultaron también lamentables testigos los propios hijos menores de edad.

Como se informó, el fiscal Marcos Eguzquiza planteó el caso como homicidio agravado por el vínculo y, subsidiariamente, homicidio preterintencional, si los jueces considerasen que el medio empleado por la acusada no debía ocasionar la muerte, solo lesiones.

El defensor oficial Diego Araujo, en tanto, critica que no se tuvo en cuenta hasta aquí la perspectiva de la violencia de género a la cual resultó víctima quien ahora estaba sentada en el banquillo de los acusados, por lo que su pupila debía ser absuelta al haber actuado bajo legítima defensa.

Bajo las opuestas líneas argumentativas de las partes, entonces, se reanudaría el debate con más testimonios que no hicieron más que refrendar aquella violenta relación transitada por la pareja, con las distintas miradas de la fiscalía y la defensa. Mientras que para el ministerio público se trató de un violencia doméstica, en la que ambos eran agresivos, para la defensa resulta a todas luces un caso de violencia de género, donde la mujer fue la víctima del acoso y agresión de su expareja al que terminó hiriendo de muerte, en lo que resultó la última de las escenas virulentas de unos cuantos capítulos en los que los insultos, el maltrato, los golpes y las denuncias eran moneda corriente.

Cambio de roles

A tal complejidad arriba el caso ventilado y los pormenores que hacen a una relación signada por la violencia y lo que implica las agresiones al género, que incluso los mismos actores de hoy, son los de ayer pero cumpliendo distintos roles.

A saber, como uno de los testigos más trascendentes de la jornada pasó a la sala la licenciada Emilse Martínez, trabajadora social de reconocida trayectoria en el Poder Judicial y que, en este caso, intervino años previos al fatal desenlace, en una instancia de mediación frente al ya conocido conflicto entre la pareja.

Allí, ya la Justicia había intervenido por una denuncia contra Varela por lesiones leves contra su mujer Marconi. Empero, en dicha instancia se acordó un entendimiento y la propia mujer retiró la denuncia.

En esa situación, precisamente Eguzquiza acusaba a Varela (el ahora víctima del homicidio), Araujo defendía al hombre golpeador y la misma licenciada que ahora decía frente a los jueces que se trataba de un cuadro palpable y claro de violencia de género, en aquella instancia no lo había plasmado en el acta que pasó a archivo.

Estrictamente a lo diagnosticado por la profesional habló a un claro “desvalimiento”, un proceso gradual de “desapoderamiento”, de quitarle poder a la mujer en lo que denominó como fenómeno de “indefensión aprendida”.

“Si nos amamos tanto”

La perito social reseñó que una vez separados continuaba el vínculo por persistencia de Varela, poniendo a los hijos como excusa para estar con ella.

La trabajadora social redundó en tópicos, actitudes asumidas por Varela en el curso del tiempo que encuadraban en un caso típico de violencia de género. Así, aludiría a la desaprensión, contacto sexual a veces forzados, rasgos de manipulación más episodios de violencia física, agresiones previas al hecho fatal.

Insistiendo en su mirada que el caso cumplía los requisitos de la escala de violencia, citó que la autonomía laboral, la independencia económica de Marconi provocó la reacción, el rechazo de Varela.

“Cómo no podemos vivir bien si nos amamos tanto”, supo citar la testigo sobre una frase que había dicho la propia Marconi, quien al escuchar aquellas palabras explotó en un llanto silencioso, detrás de la humanidad de su defensor.

Tras la extensa exposición de Martínez, llegaría el turno de otros testimonios. No profesionales, sino allegados a la víctima y victimario, si por víctima se entiende a Varela (muerto) y Marconi como victimaria.

Amigos de Varela, como su hermana, redundarían en la hipótesis fiscal sobre una violencia entre ambos, sobre una relación agresiva, de esa “locura” que los llevaba a estar peleados, separados por horas, días, meses, y regresando a convivir una y otra vez.

“Vivían peleándose, era una relación enfermiza” definiría uno de los testigos, quien además reseñaría sobre golpes en la cara que días antes del incidente fatal le había visto a su amigo.

No por casualidad el defensor Araujo les preguntaría sobre su consideración respecto a que un hombre le pegara a una mujer, a lo que todos respondían que estaba mal, pero sin pausa salían con un “pero”, tratando de justificar aquel eventual golpe con una “provocación” de la mujer.

“El maltrato era mutuo, se golpeaban ambos”, también referiría otro de los amigos de Varela”.

Sin más, y tras escuchar al papá de la acusada (ver aparte) cerraría la nueva jornada, a continuar mañana a la misma hora y en el mismo lugar, con nuevos actores de reparto que hasta aquí buscaron sustentar una y otra hipótesis, entuerto que finalmente deberá resolver el TOC 1.

El relato de su padre

También la acusada volvería a conmoverse hasta las lágrimas cuando escuchó a su propio padre, quien frente a los jueces relató su mirada sobre lo que fue aquella relación que terminó en muerte y que ahora estuviesen donde estaban.

El hombre recordó que varias veces fue el socorro de su hija por haber sufrido lesiones, golpes de parte de Varela quien a pesar de aquellas agresiones mantenía una buena relación con él, ya que al decir del testigo, siempre buscó lo mejor, en paz para todos, e intentó en contadas ocasiones mediar para que la pareja estuviese bien, juntos o separados.

“Dormía con el temor que me llamaran por teléfono para avisarme que mi hija estaba muerta”, supo decir el progenitor sobre aquel calvario en el que las idas y vueltas lo habían llevado hasta el límite de casi ponerse indiferente ante los llamados de auxilio de su hija.

Contó que habló muchas veces con Varela, que lo llevó a trabajar con él y resultaba una buena persona, pero después, puertas adentro con su hija la golpeaba, la maltrataba y hasta la echaba de la casa con todos los hijos, por lo que él debía socorrerla y disponer algún circunstancial alojamiento.

También reseñó que varias veces la llevó al Hospital por los golpes que recibía de parte de Varela.
Ya sin más por preguntar por las partes ni los jueces, el propio papá quiso contar sus sentires. “Hay que estar en ese lugar para saber lo que fue todo aquello. Siempre estuve ahí, intercediendo y tratando de solucionar el conflicto. No le deseo a nadie lo que nos tocó vivir”, dijo un padre angustiado que provocó la congoja de su hija, sentada a unos escasos metros suyo, esperando por su suerte procesal.

Los hechos

Como oportunamente se informó, al decir de la requisitoria fiscal, el 13 de abril de 2013, siendo aproximadamente las 19.45, en el interior del domicilio de Magallanes 218, Yanina Andrea Marconi (28), utilizando un trozo de vidrio, que había previamente envuelto con una remera en uno de sus extremos para sujetarlo, y con la finalidad de quitarle la vida a su expareja Martín Ismael Varela, de quien tenía conocimiento se hallaba en un delicado estado de salud por ser portador de HIV con signos avanzados de la enfermedad, lo atacó y logró efectuarle un corte en la vena yugular anterior y la vía aérea superior al penetrar en la parte anterior de la traquea, lesiones todas ellas que implicaron un riesgo de vida para la víctima debido a que producto de la lesión, además del profuso sangrado que tuviera previo a su internación, sumado a su cuadro de base, generaron una dificultad respiratoria, una pérdida considerable de sangre y un inminente foco de infección.

A raíz de la lesión sufrida, Varela fue internado en la sala de terapia intensiva del Sanatorio Tandil y luego en el Hospital Municipal Ramón Santamarina, y en los días sucesivos, tras permanecer 20 días internado, no obstante la asistencia médica ininterrumpida que recibiera, producto del agravamiento de su cuadro como consecuencia de la lesión descripta y un proceso infeccioso, sufrió un paro cardiorrespiratorio que ocasionó el deceso el 3 de mayo de 2013 en el hospital local.

Oportunamente, por el caso se dijo se enmarcaba en una “clara situación de violencia de género” que se remonta desde hace tiempo entre la pareja y que incluso derivó en varias presentaciones judiciales.

Respecto del episodio ocurrido la noche del sábado 13 de abril, se indicó que en medio de una fuerte discusión, la mujer recibió un golpe por parte de la víctima y que, en un intento “desesperado” y “de defensa”, lo lesionó con un pedazo de vidrio.

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