Denunciaron “competencia desleal” por la venta de tarjetas Sumo

Propietarios de locales que comercializan la tarjeta SUMO denunciaron la venta de las mismas en negocios no habilitados, mientras que ellos tienen faltante hace días. La denuncia, que ahora la hicieron pública, ya la realizaron en las oficinas de Sumo, pero no obtuvieron respuestas.

Martín Camino, del kiosco situado en San Martín al 600, cuestionó que “desde que hicieron el cambio del distribuidor de las tarjetas empezamos a tener un faltante terrible. Yo trabajaba un stock de dos cajas, que son cien tarjetas por día y a la empresa anterior le mandaba un mensaje y a la hora me traía una o dos cajas más de tarjetas. Ahora nos tuvieron una semana entera sin una tarjeta”.

“El jueves de la semana pasada me entregaron una caja de 50, el sábado otra de 50, el lunes me entregaron dos cajas y el jueves dos cajas más. El viernes ya no me entregaron nada”, sostuvo.

En tanto, remarcó que si tuviera stock podría vender entre 200 y 250 tarjetas por día, por la gran demanda que hay.

 

Venta en lugares no autorizados

 

Por otro lado, denunció la venta de tarjetas en lugares no autorizados. “Son lugares que no figuran en el listado y que tienen que ver con el distribuidor actual. Fui a Sumo a plantear el tema y no se hicieron cargo, pero ellos saben lo que pasa. Es como que el distribuidor se está quedando con las tarjetas para venderlas él”, fustigó.

A su vez, aseguró que constató que esos lugares efectivamente existen pero en la oficina de Sumo cuando fue a denunciarlo “una mujer que estaba ahí me dijo qué problema tenía yo de que otro venda las tarjetas. Yo le dije que no tengo problemas de que otro venda, pero quiero tener yo tarjetas también. Si las están reteniendo para venderlas por otro lado, no me parece bien. Entonces, me amenazó con sacarme la máquina. Justo llegó (el director de Sumo) Gabriel Bayerque que se hizo el desentendido y se fue”.

Indicó que uno de los locales que detectaron está en Beiró y Pujol y otro en Alem al 500, casi San Martín.

“Que les den tarjetas a quien ellos quieran, pero suena raro que el distribuidor tenga tarjetas cuando los puntos autorizados que designaron ellos no las tenemos”, cuestionó.

 

Competencia desleal

 

Por su parte, Julián Escoltore, del kiosco situado en San Martín al 800, aseguró que no tiene tarjetas hace aproximadamente 10 días. “Me traen una cajita de 50 de vez en cuando, pero no sirve para lo que realmente necesitamos. La empresa que se dedica a vender las tarjetas se llama Sercob, varios días tenían las tarjetas y las vendían en un negocio que no está habilitado para tal fin, en Alem casi San Martín. Yo llamé a Bayerque y le comenté lo que estaba pasando. Pensé que iban a tomar cartas en el asunto, pero no hicieron nada”, manifestó.

“Ese mismo titular tiene varias bocas de Bapro y Ripsa, y en Beiró también las están vendiendo en uno de los locales de ellos”, denunció.

En ese marco, argumentó que “es una competencia desleal. El distribuidor está haciéndonos la competencia por otro lado y yo tengo el negocio a la vuelta”.

“Nos afecta porque nosotros somos la cara visible del sistema. Es una irregularidad bastante grande. Yo creo que están complotados con el Municipio, porque si yo denuncio lo que pasa y no hacen nada es como que no les importa. Yo pienso que son unos sinvergüenzas”, criticó.

Y recordó que “después de que hicimos todo el trabajo de campo nosotros. Hace tres meses que estamos explicándole a la gente cómo funciona el sistema, primero a los del estacionamiento, después a los del boleto y ahora viene uno que vende las tarjetas en forma particular en su local, me parece una falta de respeto total. Es muy poco ético y cero respeto del Municipio hacia nosotros”.

 

“Falta mucha información”, aseguró un comerciante

 

El hecho de la falta de tarjetas genera gran malestar entre los comerciantes pero también ha sucedido que algunos han decidido dejar de vender la Sumo por los inconvenientes que les ocasionaba.

Es el caso de Sergio Escudero, del kiosco situado en Pinto al 400, dejó de venderla porque “me llevaba mucho tiempo, no era solamente cargar la tarjetita y se iban. La gente hacía muchas preguntas, las cuales uno no estaba preparado para responder porque jamás tuvimos un asesoramiento por parte de la empresa”.

A su vez “las veces que llamé para consultar una inquietud de un cliente no obtenía la respuesta adecuada. Inclusive la tercera o cuarta vez que llamé me pareció que estaba molestando. Eso se sumó a las quejas constantes de la gente que las atajaba uno y la ganancia era mínima, sólo el 10 por ciento de la tarjeta y el 1 por ciento en la carga”.

“Yo me dedico a hacer fotocopias pero no puedo ser descortés y decirle andá a averiguar a Sumo, lo poco que sé lo tengo que informar. Entonces, tengo que perder tiempo en explicar algo que no me corresponde”, expuso.

Y consideró que “si hubiese habido una buena campaña de difusión acerca de cómo es el sistema, todo sería distinto. Muchos turistas no saben siquiera que el estacionamiento es medido. Falta mucha información”.

“En definitiva, era un desgaste mayor al que yo pensaba, el que no lo ha hecho no sabe lo que es. Algunos pueden subestimarlo, pueden pensar que es muy fácil cargar la tarjetita pero en mi caso no podía hacerlo mientras realizaba las fotocopias. Hay muchas dudas aún hoy, algunos parquímetros consumen de más, lo mismo el boleto. Tenés que tener tiempo para ir a Sumo a decir porqué te consumió de más y contar con la buena voluntad de quien te atiende también”, manifestó.

Finalmente, argumentó que “yo vivo de las fotocopias, no de la Sumo. Era mucho desgaste y tiempo perdido para algo que no me daba ganancia, y estaba descuidando lo que me da de comer”.

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