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Derribó todas las fronteras y cumplió su sueño de recorrer el mundo en bicicleta durante 16 años

Pablo García, porteño él, decidió salir a andar por el mundo en 2001 y a través de su proyecto Pedaleando el globo recorrió 106 países. De paso por Tandil, se mostró maravillado con la ciudad y anticipó que le gustaría incluirla en los paseos de cicloturismo que quiere comenzar a organizar en un futuro cercano.

El Eco

Dieciséis años de viaje; 167 mil kilómetros; 106 países; una bicicleta. Las cifras pueden generar desconcierto o agotamiento de sólo pensar en eso. Pero estos números reflejan la vida de Pablo García, un viajero en bicicleta que en septiembre de 2001 decidió darle rienda suelta a su deseo de explorar el mundo en su rodado.

El espíritu aventurero de Pablo lo llevó a dejar su vida como agente de turismo en Maceió, Brasil, para seguir el impulso de recorrer el planeta de esta particular manera, como si algo le dijera “dame la mano y vamos a darle la vuelta al mundo”.

A través de la página web pedaleandoelglobo.com registró todo su viaje para compartirlo con todos aquellos que, como él, sueñan con romper los límites impuestos y andar hasta que las fronteras sean sólo una ilusión. Oriundo de Buenos Aires, ya es un ciudadano del mundo que pasó por Tandil para conocer la ciudad e incorporarla dentro de su proyecto de cicloturismo en Argentina, movimiento del que es un referente hecho a fuerza de kilómetros y tierra.

-¿Cómo fue que decidiste empezar ese viaje tan ambicioso?

-En el 99 trabajaba como guía de turismo en Maceió, pero necesitaba hacer un cambio, quería relacionarme con culturas de todo el mundo y  creí que si no lo hacía en ese momento no lo hacía más. Vendí mi parte de la agencia y me subí a una bicicleta sin tener experiencia y pedaleé hasta Buenos Aires. Recorrí más de 10 mil kilómetros. En Buenos Aires estuve un año y medio planificando el viaje, conseguí sponsors que me dieron el impulso inicial para emprender el viaje alrededor del mundo, armé la página web, hice carpetas, y así fue que partí a Sudáfrica con un proyecto de dos años y medio, yo creí que ese tiempo me iba a llevar recorrer el mundo, pero dos años y medio fue el tiempo que me gasté sólo en África.

Apenas arranqué, sucedió lo del corralito, perdí a los patrocinadores  y tuve que contactar a otras empresas de allá, con eso fui consiguiendo avanzar de país en país. Me fui a Europa, recorrí más de 30 países del Viejo Continente y el norte de África, fui a Medio Oriente, pasé dos años y medio en países musulmanes, luego hice el resto de Asia, donde estuve más de 4 años. Viajé a Oceanía, recorrí Australia, Nueva Zelanda, la Polinesia y Hawái, de ahí volé a Alaska y terminé en Ushuaia cinco años después, esto fue el año pasado.

-¿Cómo seguís ahora que el recorrido por el globo llegó a su fin?

-Es un proyecto que empezó con la idea de conocer el mundo  y después me di cuenta de lo que estaba haciendo, la maravillosa oportunidad que tenía de relacionarme con la gente de igual a igual,  con la bici vas más despacio, estás ahí, no contaminás, la gente siempre es más amable, te llama para compartir, son curiosos, llevaba  las banderitas de cada uno de los países que visité y daba a entender que era un viajero, me han recibido en todos lados muy bien.

Documenté el viaje a través de mi sitio web, las redes sociales en los últimos años, e hice un documental. Me quiero orientar a dar charlas motivacionales en el corto plazo, a jóvenes de colegios secundarios y universidades con el fin de inspirarlos a desarrollar sus proyectos de vida de acuerdo a sus valores, prioridades e intereses. Otro de los proyectos es la serie documental con el material audiovisual realizado durante la vuelta al mundo en bicicleta, consta de 290 horas de filmación. Allí se muestran los lugares que transité, aparte de mis experiencias personales con la gente, su cultura, sus creencias y sus formas de vida. También existen entrevistas realizadas a personalidades de la cultura local, líderes espirituales y otros viajeros. Me interesa también activarme en cicloturismo primero en Argentina y después afuera.

-¿Qué te trajo a Tandil?

-Un amigo que ha viajado bastante me recomendó venir a Tandil para contactarme con otros viajeros y explorar la zona, así llegué a Daniel Di Battista, que organiza los viajes Pedaleando a Luján y me recibieron de una manera muy cálida. Vine a conocer el destino para pensar en un corto o mediano plazo la posibilidad de organizar recorridos en bicicleta desde Buenos Aires y traerlos aquí. He visto de todo y estoy de boca abierta con Tandil. Estuve en una zona muy bonita, cerca del Lago del Fuerte, vine con una bici prestada desde Mar del Plata muy cansado y cabizbajo, pero recorriendo la zona me recuperé y me sorprendió, es muy bonita la ciudad. Veo que la gente está muy enchufada con el deporte y está bueno porque tiene sierras, la temperatura baja un poco de noche, es ideal. Muy contento de estar aquí y estar bien apadrinado.

-¿Qué experiencias adversas viviste en tu largo periplo?

-El país que más me chocó fue el primero, Sudáfrica, me fui sin conocer bien la historia y me encontré con el tema del apartheid, hallé mucho resentimiento entre la población negra y blanca, no era lo que esperaba. Yo había vivido en Brasil y pensé que no había problema con la gente negra, percibí cierto resentimiento hacia los blancos y fue chocante. Cuando entré a Mozambique, que fue mi segundo país, me encontré con sonrisas de la gente que me acompañaron hasta arriba.

Latinoamérica lo que tiene es la violencia, uno está siempre sospechando acerca de la criminalidad, que en algunos lugares existe. Por otro lado, llegué al Líbano después de la guerra de 2006 con Israel. No es lo que uno se imagina, el mundo musulmán es de lo más hospitalario que encontré. No se condice con la imagen que uno pueda llegar a tener, muchas veces los medios muestran la parte más triste de cada lugar. Me ha sorprendido, me bastaba para golpear una puerta contar mediante señas que estaba viajando porque no teníamos otra forma de entendernos y me daban lugar y me recibían como uno más de la familia.

También tuve una situación complicada en uno de los lugares más calientes del mundo, un desierto en el norte de África, que tiene una depresión de 150 metros bajo el nivel del mar. Me perdí, me encontraron militares y gente local, me ubicaron en el camino a seguir porque estaba a la buena de Dios. En situaciones como esas no queda otra que rezar, esas personas fueron ángeles que me marcaron el camino que yo no estaba utilizando.

-¿Cuál es el equipo básico que necesita un viajero de tus características?

-Yo me hice en ruta, cuando partí tenía solamente 200 kilómetros de experiencia y arranqué igual. Lo importante es lo básico: transporte, casa y comida. Si tenés la bici, una carpa, una hornalla y un poco de comida sobrevivís donde estés. Tuve tres bicicletas y la última hizo más de 100 mil kilómetros; tiene 27 cambios, con un equipo Shimano Deore y pesa 23 kilos. La mirás y es estándar, pero la bicicleta te lleva a donde vos quieras, independientemente de cuánto valga.

-¿Cómo hiciste para vencer los prejuicios y acallar las voces externas que quizás te decían que lo que pensabas hacer era una locura?

-Es difícil porque por lo menos mi familia me incentivó para que estudie y aproveche la oportunidad para formarme en algo, pero siempre sentí que había algo afuera esperándome para descubrir, era un poco cumplir el sueño. En esa época me sentía joven, sin compromisos, sin familia ni hijos y entendí que si no aprovechaba ese momento no iba a hacer nunca el cambio. En Brasil me asenté un poco  asustado con los fantasmas del futuro, estudié turismo, monté una agencia y de repente pasaban los años y me sentí en esa rutina a la que no quería pertenecer.

Mis padres nunca  me apoyaron para que me vaya a Brasil, para que deje de estudiar, y ya cuando vine con la idea de la vuelta al mundo  pensaban que me iba a la guerra y no me iban a ver nunca más, la despedida fue terrible. Después se fueron dando cuenta de cómo me recibían y lo que hacía y los miedos fueron mermando, uno siempre tiene miedos, el tema que es lo que uno hace para superarlos. Uno se lamenta todo el tiempo, la pregunta es ¿qué hacés para dar vuelta la situación? Me la tenía que jugar, el cambio es imprescindible.

-Para terminar, por favor, regalá una imagen, palabra o momento que te haya impactado de tu viaje y se haya quedado con vos para siempre.

-El Tian Zang, que es un entierro celestial que se realiza en el Tíbet.  Como no tienen madera para quemar a los muertos ni tampoco pueden enterrarlos, cuando alguien muere realizan una ceremonia en un valle con unas mantas blancas y lo llevan a un lugar donde el maestro de ceremonia tajea el cuerpo y este ofrecido a los buitres que están esperando hacerse con la carne. Es una vieja tradición budista, ellos consideran que el cuerpo ya transitó su ciclo y ofrecerlo a los buitres no hace más que completar el ciclo de la vida. En occidente no estamos familiarizados con eso, tenemos un cierto vacío espiritual, en oriente eso me marcó. El secreto es entender que somos efímeros, transitamos por esta vida y tenemos que ser conscientes de que hay otro conocimiento y podemos desarrollarlo, incluso en cosas simples, como ayudar a los demás. Hay que despertar  conciencia de eso.

 

 

 

Nota proporcionada por :

  • ElEcodeTandil

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