Desesperado pedido de dos familias que debieron autoevacuarse porque sus viviendas se inundaron

Ni un rincón de la casa quedó libre de agua. La heladera, el lavarropas, mesas, sillas, camas, colchones, la ropa, absolutamente todo se mojó.

Marcela Morán vive allí con su hijo de siete años, su hija y su nieto de tres años. Su marido falleció tan sólo nueve meses atrás y ella es el sostén de la familia. Contó que trabaja en casas de familia pero el salario le alcanza solamente para comer y pagar las cuentas.

“Estoy desesperada, tengo toda la casa inundada. El techo no sirve más y ya no sé dónde ir para que me ayuden. He estado en Bienestar Social, he visto políticos y nadie me ha podido ayudar, siempre pasa esto cuando llueve”, explicó.

 

“La casa está destruida”

Y lamentó que como ayer llovió durante toda la noche “tengo las dos habitaciones inundadas, se mojó toda la ropa, los colchones. Es un techo muy viejo y hay que cambiarlo sí o sí, hay que arreglar las paredes porque están todas partidas, las aberturas también. Está destruida la casa”.

“Al mojarse todo, salta la luz. Los cables están tan viejos, nos podríamos quedar pegados. Hasta que se seque todo bien no voy a tener luz, ahora me voy a tener que ir a dormir a lo de mi hija porque está todo mojado”, afirmó.

Morán pidió que alguien la ayude a solucionar esta situación. “Yo he estado en Bienestar Social y dijeron que iban a ver si me podían ayudar, porque estaba la posibilidad de que me aportaran planchones para construir atrás pero no pasó nada al final. En lo que me puedan ayudar sería buenísimo, el techo es lo principal, está destruido, hay que sacarlo y poner uno nuevo”.

A su vez, contó que “estoy cansada porque estoy con este problema hace años. Vivo en esta casa hace 20 años, mi marido falleció hace 9 meses. Mientras él estaba, fue arreglando el techo como podía, pero él trabajaba en changas, así que nunca hemos podido arreglarlo como se debe”.

“Mandé un mensaje a un empleado de Bienestar Social para que venga a ver la casa como está, pero no me contestó y no sé ya que hacer. Tampoco se puede vivir así porque te podés quedar pegada, toda la casa mojada, la heladera, el lavarropas, la mesa”, aseguró.

 

En Independencia al 900

 

Otros casos similares ocurrieron en varias viviendas de la calle Independencia al 900 donde, a raíz del déficit que presenta la calle, cuando llueve el agua ingresa a las viviendas.

Gabriela Díaz, una de las afectadas por la inundación, explicó con mucho dolor que “siempre cuando llueve mucho nos llenamos de agua”.

“Muchísima agua entró en toda la casa, pero no hay solución para nosotros”, sostuvo, y contó que lo mismo le ocurrió a otros vecinos de la cuadra. 

 

Un barrio perdido

Su mirada cansada y su tono de voz apacible no dejaron ver más que la resignación de saber que les tocó en suerte formar parte de uno de los barrios relegados de la ciudad. Con sus años a cuestas ya no pide ayuda, porque la experiencia le dice que nadie la va a escuchar.

“Hace muchísimos años que estamos así, a nosotros nadie nos escucha. Ningún político aparece por acá. Este es un barrio perdido”, reflexiona.  

Nota proporcionada por :

Deja tu comentario