Despedida al hermano Adelsio Delfabro

Fue una misa concelebrada presidida por el padre Raúl Troncoso y que contó con la presencia del intendente Miguel Lunghi, miembros de su gabinete e integrantes del Concejo Deliberante, muchos de los cuales pasaron por las aulas del colegio religioso más tradicional de la ciudad.

Y fue así que la Iglesia Matriz cobijó en corpus christi a cientos y cientos de almas, una multitud que colmó todas las naves para ser parte de la Misa de Acción de Gracias por los 107 años de permanencia ininterrumpida de la comunidad de hermanos de la Sagrada Familia en Tandil y por la partida del hermano Adelsio Delfabro a su nuevo destino, la provincia de Córdoba.

Familias enteras se autoconvocaron para participar de este encuentro que marca el fin de las actividades del religioso Delfabro,  que desde hace muchos años desarrolla sus tareas  docentes y pastorales en el Colegio San José, muy especialmente en el jardín de infantes. De allí que tantos chiquitos estuvieran anoche en la Iglesia Matriz, acercándose por momentos disimuladamente hasta la primera fila de bancos donde se encontraba Adelsio; en tanto otros, a viva voz se regocijaban al verlo acercándose a saludarlo, demostrando el cariño como sólo los más bajitos saben hacerlo. Tiernos y barulleros.  Por eso, el padre Marcos Picaroni, al darse cuenta que iba a ser imposible silenciarlos para proseguir con el oficio, los invitó a acercarse para que pudieran acompañar, de ese modo, al querido religioso. De allí en adelante, la historia de la celebración, más allá de la misa de acción de gracias, sería otra. El padre Raúl Troncoso dejó atrás el altar para acercarse emocionado para abrazar a Adelsio. Actitud que imitó la gente que estaba en  las primeras filas.

 

 

No es un adiós

Después de la homilía, la comunión, la paz entre hermanos,  el homenajeado se acercó al púlpito para dirigirse a la feligresía que esperaba sus palabras: “Estaba pensando -comenzó diciendo- que yo debería guardar silencio, dejar que los chicos, los papás, las mamás, los docentes, ex alumnos, antiguos maestros, abuelas y abuelos, que están hoy acá, hablen con su presencia. Pero qué hermoso que ha sido que ustedes  se autoconvocaran para esta misa de corpus christi, de la Eucaristía, que  significa comer con alegría, celebrar la cena de la alegría”.

Sobre la permanencia de los hermanos de la Sagrada Familia en el Colegio expresó: “Hace ciento siete años llegaron los primeros hermanos, cinco y tres que lo estaban esperando, el cura párroco, el  director de la escuela y otro hermano. Los tres panes y los cinco peces. Y esos peces lo vemos ahora multiplicado por miles y miles. Es eso lo que venimos a hacer esta noche, darle gracias a Dios por estos 107 años de presencia… pero hoy los hermanos estamos muy pobres, créanme chicos, padres, amigos,  somos tan pobres que no hemos podido juntar tres panes para que la comunidad religiosa pueda seguir. Por eso nuestra alegría no es total, sentimos la peor de las pobrezas, la falta de pan”.

“Les agradezco que me hayan acompañando. Es más lo que ustedes me han dado que lo que les pude dar. Entre los chiquitos de dos, tres años veía también algunos ex alumnos que este año están cumpliendo cincuenta años de egresados, de modo que se juntan los dos extremos”.

Para finalizar, el religioso se hizo una pregunta: “¿Qué va a hacer el hermano Adelsio a Córdoba? Una de las abuelas me mandó una carta que había recibido de su hijo que está lejos, estas palabras:  ´Dejen que el hermano Adelsio siga sembrando´. Y es lo que le pido a ustedes, oren por mí para que pueda seguir sembrando. Queridos padres, Raúl y a todos, gracias por acompañarnos en todo momento, gracias por sus oraciones y a todos los que de una manera u otra forma desde el primer momento se comprometieron en reavivar el sentimiento de amor al Colegio. También personalmente les agradezco muchísimo porque, como dice el Papa,  es una manera de que las instituciones no se adormezcan. Gracias y mi partida es un simple hasta luego… nos seguiremos viendo”.

El aplauso espontáneo y ensordecedor, las voces coreando el nombre del religioso marcaban que la celebración había concluido; sin embargo, entre ojos húmedos y sonrisas y abrazos a Adelsio, los presentes se resistían a dejar el templo.

Pero como dijo: Será, entonces, un simple hasta luego…

 

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