Echeveste, una ilusión interrumpida

Kevin Echeveste, el primer tandilense en correr un Dakar, debió abandonar ayer al no poder arrancar su moto. Como habíamos señalado en nuestra edición anterior, a poco de terminar la etapa maratón del domingo, marchaba en la posición 46 pero el río le llevó su moto y aunque pudo recuperarla, a duras penas y tras 7 horas y fracción de carrera, terminó en el puesto 93 avanzando al lugar 76 en el clasificador general.


Desde las 17 del domingo hasta la madrugada de la víspera, en la localidad boliviana de Uyuni se desató un temporal de viento y lluvia, y la temperatura bajó a cero grado. El panorama era desalentador. Para colmo, la ruta de regreso a Iquique es un salitral.

Sabedores del riesgo que implicaba transitar con tanta agua, fueron muchos los motociclistas que solicitaron postergar la largada de ayer, pero solo lograron que los organizadores lo hicieran por espacio de dos horas. La presencia allí de Evo Morales, el presidente de Bolivia, de alguna manera también obligó a cumplir el protocolo previsto. Sabido es que en las etapas Maratón, los competidores deben arreglarse solos, sin asistencia de ningún tipo. La moto del tandilense ya había sufrido problemas en la bomba de nafta, más de una caída y prácticamente el ahogo en un río. Sin embargo, aunque a duras penas y fallando, ayer temprano logró ponerla en marcha. 


La ilusión no duró mucho. Apenas 17 Km. El motor se detuvo para no arrancar más, aunque un cuatriciclo intentó llevarlo de tiro un tramo. La desazón de Kevin Echeveste fue grande. Tuvo su martes 13 anticipado. Como también lo tuvieron tantos amigos y familiares que cada día se levantaban con la ilusión de verlo avanzar en esta apasionante aventura. Lo cierto es que cuando la máquina funcionó bien, el piloto la llevó de maravillas (llegó a superar más de 40 maquinas en una etapa), pero la Honda en realidad tuvo demasiados problemas. Hasta que uno resultó insalvable.


Volverá Kevin Echeveste a Tandil mucho antes de lo que deseaba, pero lo hará con la frente alta y sabiendo que dejó todo en este rally, incluso más de lo imaginable. Sabe que no hay razón para volver la vista atrás. Y sabe también que esta experiencia le servirá de mucho. El y sus amigos, que no son pocos, ya tienen la mente puesta en el 1° de enero de 2016, cuando – con toda seguridad – pondrán en marcha una nueva ilusión. (RAR)

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