Eduardo Sacheri, por los caminos del fútbol

Eduardo Sacheri presentó ayer en Tandil su novela más reciente, Aráoz y la verdad, una atrapante historia en la cual un cuarentón lleno de desgracias realiza un viaje a un pueblo que ni figura en los mapas, para saber de una buena vez si su ídolo de la infancia (Fermín Perlassi, el ?5? de Deportivo Wilde) merece seguir ocupando ese lugar.
Desde Esperándolo a Tito y otros cuentos de fútbol, la primera de sus seis publicaciones, la pelota fue el vehículo empleado por este profesor y licenciado en historia para revelarse como un excelente narrador.
En su paso por la ciudad, dialogó con El Eco de Tandil para contar algo más de sus gustos y sus pasiones.
-¿Su vínculo con el fútbol y con Independiente llega por un mandato paterno, como describe en alguno de sus cuentos?
-Un poco mandato paterno y un poco mandato histórico, en el sentido de que yo nací en 1967, de manera que cuando empecé a ver fútbol Independiente era una máquina de ganar. Era casi como ser hincha de Boca en los 2000.
Es decir que mi viejo no necesitaba mentirme, cosa que yo sí necesito hacer con mi hijo (risas). Menos mal que soy escritor, entonces la ficción se me da bastante bien.
La gran deuda que tengo, creo que compartida con el ochenta por ciento de los argentinos varones, es la de haber sido futbolista profesional. Juego los sábados, con mis amigos de toda la vida.
-¿Le pasó, como cuenta Fontanarrosa, lo de tener su primera vez yendo a la cancha en un partido ?liviano?, contra algún equipo chico?
-Yo soy criado en Castelar y vivía cerca de Deportivo Morón, en la época en que no existía el Nacional B sino que la Primera B era la categoría principal del ascenso. Me llevaron a ver un Morón-Flandria, que ganó Morón 3 a 1. Fuimos a la tribuna de Flandria, la visitante, porque mi papá no quería pagar el adicional de los locales.
-¿Qué recuerda de ese debut como espectador?
-Lo primero, el verde del pasto. Yo tenía 6 ó 7 años y era un jugador de vereda, o de potrero pelado y miserable, y esa inmensidad tan verde me impactó.
Además, me llamó la atención el brillo de la ropa de los jugadores. Los chicos suelen enganchar las cosas por lo más marginal de todo.
Y otra cosa, el hecho de que no lo relataran, porque yo suponía que el relator estaba en la cancha, no en la cabina.
-Dolina dice que entre los defectos de la televisación del fútbol está el de no mostrar situaciones elementales del juego, como por ejemplo desde qué lugar se ejecuta un corner…
-Claro, por eso el hecho de llevar a mis hijos a la cancha lo tomo como una obligación educativa. Porque el que se acostumbra a mirar el fútbol por televisión pierde de vista un sinnúmero de cosas importantes. Y, al contrario, te hacen ver cosas absolutamente intrascendentes.
El otro día estaba mirando Racing-Central. Hace un gol Racing y en una repetición muestran en primer plano la cara de Vitamina Sánchez, el técnico de Central que se estaba jugando el puesto. Para haber tomado ese momento, debieron haber dispuesto una cámara desde el minuto cero. Me parece una crueldad gratuita y muy malintencionada.
-¿Es de mirar mucho fútbol?
-Soy de jugar mucho, y de mirar a Independiente porque no me queda otra. Pero cada vez miro menos. Estaré viejo y entraré en aquello de ?fútbol era el de antes?, pero noto un juego muy rudimentario y de corredores, donde no saben parar una pelota ni dar un pase con criterio. Si quiero ver corredores de cien metros llanos, pongo los Juegos Olímpicos.
Miro algo de Nacional B, porque me parece un campeonato más justo y más parejo. Se ven algunos jugadores buenos y no se sabe quien va a ganar.
-No se nota tanto la diferencia entre el rico y el pobre como en Primera.
-Claro, el problema del fútbol de Primera es que ya se parece demasiado a la vida. En algún momento, estaba la chance de escabullirle el triunfo a los ricos y que ganaran los pobres. Con el éxodo general de jugadores puede pasar lo de un Lanús campeón, pero me suena a excepción que los poderosos te ponen frente a los ojos para decirte ?¿viste que no son espejitos de colores??.
-Además, ese éxodo de jugadores también perjudica el nivel general.
-Seguro, porque para ver un argentino joven y bueno tenés que mirar las ligas europeas. Y en eso coincido con lo que decía Fontanarrosa, que el fútbol europeo no me entusiasma demasiado, salvo que detecte algún argentino jugando ahí.
Muy a mi pesar, porque no me caen nada bien, los ingleses sí tienen un fútbol que entusiasma. Porque tienen una manera de jugar con lealtad, yendo para adelante y tratando de no hacer tiempo. Se golpean con buena fe, aunque parezca un contrasentido.
Me fastidia mucho el jugador que pide una amonestación para el rival, o el que hace un gol y lo festeja sacándose a los compañeros de encima para tener unos segundos más de televisión.

 

Héroes
-¿Y quién era su ídolo de chico?
-Mi ídolo básico era Bertoni, por esto del goleador tanto de Independiente como de la selección.
Mi admiración por él siempre se mantuvo, pero cuando crecí un poco advertí el genio de Bochini. Lo vi ser un chiquito gambeteador y ligero, pasar a ser maduro y cada vez con menos piernas y terminar siendo casi una estatua que jugaba en diez metros de la cancha. Y siempre poniendo pases quirúrgicos.
Sumado esto a haber nacido en mi club y haberse jubilado ahí, lo convierte en un ídolo blindado por donde lo mires.
Seguramente hubo muchos mejores jugadores, de hecho Diego es incomparable con cualquier otro.
-¿Los lectores le han expresado muchas veces su identificación con Me van a tener que disculpar, esa suerte de justificación a Maradona?
-Me lo han dicho mucho. Y creo que eso le pasa a mucha gente que le perdona más que yo a Diego. Yo en ese texto hablo un poco de que no me siento ni en el bando de los eternos críticos ni de los aduladores perpetuos. Que yo le justifique ciertas cosas no significa que todo lo que hace me parezca bien. Bueno, en el cuento está dicho de esa manera.

 

Una pluma
de barrio

-¿Como surgen esas historias tan de barrio y futboleras que suele escribir?
-Muy pocas de ellas son autobiográficas. Muchas son inventadas, pero lo son a partir de una atmósfera y un universo en el que me crié y en el que todavía trato de vivir.
Cuando trato de describir un universo de jugadores amateurs cuarentones, es el mismo que vivo todos los sábados a la tarde. El único problema de haber venido a Tandil es que me pierdo el partido de este fin de semana (risas).
-¿Tuvo influencias de otros escritores, como por ejemplo los primos peleados a muerte en El apocalipsis según el Chato, cuyo origen es similar a No te enloquesá Lalita, de Fontanarrosa?
-En ese caso puntual no, porque empecé a leer a Fontanarrosa a partir de los reportajes que me hacían. De hecho, ese cuento lo conocí después de haber escrito el mío.
En realidad no soy un gran lector de literatura futbolera, por ejemplo de Fontanarrosa me gustan más otros cuentos que no son futboleros. De Soriano, si bien disfruto sus cuentos de fútbol, prefiero sus novelas.
Sí soy un lector voraz desde que era muy chico, empezando por Verne o Salgari. En mi adolescencia me volqué a Cortázar y más adelante a Vargas Llosa o García Márquez. No significa que vaya a escribir como ellos, ojalá pudiera. Pero todo lo que has leído forma una especie de guiso, de buen sabor aunque de componentes indefinidos. De ahí sale el modo de escribir.

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