El camino de la improvisación

La semana que pasó muestra cómo el Gobierno argentino volvió a recurrir a la negación de la realidad, la prepotencia y la improvisación como herramientas de gestión. De nuevo fue clara la falta de proyección que el oficialismo padece, aún desde antes de su derrota en las elecciones de junio.
El kirchnerismo se quedó sin uno de sus ?frecuentes culpables?, cuando las efervescencias internas de los frentes opositores fueron tranquilizadas en los últimos días. Menguaron los cruces entre los sectores internos del Acuerdo Cívico y Social, en particular entre Elisa Carrió y Margarita Stolbizer, mientras que el acto que Unión PRO realizó el lunes en La Plata, con la presencia de Felipe Solá y Francisco De Narváez, barrió con las especulaciones de ruptura que venían instalándose.
Sin el protagonismo que había logrado semanas atrás, el ministro Randazzo continuó la ronda de diálogo con dirigentes opositores: esta vez con los senadores peronistas Hilda ?Chiche? Duhalde, Adolfo Rodríguez Sáa, Juan Carlos Romero y el santafesino Carlos Reutemann, quien pese a no concurrir a último momento, declaró su solidaridad en la presencia de sus colegas.
Tras el mensaje de las urnas, el Gobierno recibió en la Casa Rosada a la UCR y parte de sus aliados, a Unión PRO y el PJ ?disidente?, y a partidos de izquierda. Si bien el oficialismo hizo oídos sordos a la expresión de muchos reclamos, también aprovechó la voz muda que hicieron algunos actores de la oposición, al negarse a participar de la invitación.
Como convidado de piedra, la oposición terminó haciendo letras en el agua. Después de tres semanas de idas y vueltas, el Gobierno ?hizo? fracasar el diálogo. Al acercarse con la oposición, no permitió siquiera un solo avance, retrasó el tiempo, y en cuatros días, ?cortándose solo?, intentó mostrar cuánto resuelve problemas, ufanándose de su polémica celeridad por satisfacer demandas ciudadanas. 
A nada se llegó: no porque el diálogo sea una herramienta inadecuada, sino porque no se depositó en él la posibilidad cierta de resolver problemas. Ello volvió evidente la lamentable confirmación de aquellas sospechas surgidas al momento de la convocatoria.
Las partes que han participado concluyen de igual modo: el fracaso se manifiesta en que no se logró un solo resultado concreto, fuere un proyecto, una idea de futuro o una coincidencia básica. Tanto la mesa política como la conformación del consejo económico y social, expresiones de la convocatoria oficialista, fueron a las claras  una comedia por ganar tiempo.
Por otra parte, el miércoles, en la Cámara de Diputados, el kirchnerismo logró el dictamen de la comisión de Asuntos Constitucionales,  juntó los votos y consiguió media sanción para la prórroga por un año más de facultades legislativas delegadas en el Poder Ejecutivo.
Jueves y viernes fueron ?maratónicos? para un Gobierno que se mostró hiperactivo: dio marcha atrás con el tarifazo de gas, ?incitó? la rescisión del contrato entre la AFA y TSC (Televisión Satelital Codificada) para la televisación de los partidos de fútbol, y anunció un plan de 100 mil empleos para combatir la pobreza.
El aumento del gas generó enseguida el reclamo de los consumidores y un descontento cada vez más creciente. Mientras, se dejaba trascender que el Gobierno intervendría en la recuperación para el Estado de los derechos de transmisión de los partidos de fútbol, a fin de hacerlos llegar en forma gratuita por canales de aire. Pero el reclamo social por el gas lo obligó a dar marcha atrás con el tarifazo: además de las cifras, ¿cómo explicar semejante aumento en aquél cuadro tarifario, y justificar a la vez 600 millones de pesos anuales de gasto en fútbol?
Las idas y vueltas, ?el ahorro? al eliminar los subsidios al gas, y el ?gesto-gasto? para la televisación del fútbol y su recuperación para todos, son señales de improvisación. Ésta es hija de la ignorancia o bien de la desesperación. La improvisación explica por qué el Gobierno tanto requiere las facultades delegadas por el Congreso.
En el debate sobre la delegación de aquellas facultades, se invocaron argumentos legales y otros de tipo político. Sin embargo las acciones del mismo Gobierno son claros argumentos contra sí mismo. ¿Con la misma responsabilidad que mostró estos días va a ejercer aquellas facultades legislativas que 1900 leyes delegan en el Poder Ejecutivo?

Mons. Jorge Casaretto, presidente de Cáritas Argentina, afirmó que según el Observatorio de la Universidad Católica (UCA), en nuestro país hay un 40% de pobres. Al mismo tiempo el presidente del bloque de diputados del Frente para la Victoria, Agustín Rossi, aseveró en declaraciones radiales que la pobreza en el país asciende al 15%, según cifras reveladas por el INDEC. Más indulgente, Néstor Kirchner dijo en un acto que el número de pobres oscila entre el 21 y el 23%.
Habiendo reemplazado al consenso, hoy la pobreza parece ser el nuevo significante que convoca la preocupación social. La cuestión surge al indagar los métodos para abordarla. El viernes Cristina Kirchner anunció un plan de empleo para combatir la pobreza. Desde hace casi tres años el kirchnerismo viene viciando sistemáticamente los números de la inflación. La inflación ?real? actuó, y hoy vemos cómo incidió sobre el nivel de vida de los argentinos. Hoy hay más pobreza, y no hay acuerdo ni siquiera dentro del mismo oficialismo, sobre el número de compatriotas que padecen ese trance.
La mentira como máscara, la prepotencia como herramienta y la improvisación disfrazada de agilidad prueban que en la Argentina de hoy, los problemas no son resueltos sino disimulados por el poder. El Gobierno de hoy no dibuja la pobreza: sólo está dispuesto a dibujar los números de la pobreza, mientras la pobreza real existe y crece. En la cabeza de cada argentino, la realidad se escinde en dos: la que la dirigencia oficialista narra como ?verdadera y no corrompida por los diarios?,  y la que en verdad, se padece de forma incontestable, cotidianamente.

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