El Gobierno pone bajo análisis la continuidad del Obispado castrense

“Es de una cuestionable validez”, evaluó Cafiero, quien consideró que “el obispado castrense está constituido sobre cartas reversales que no tienen aprobación parlamentaria”. Cafiero llegará a Roma en los próximos días para ocupar la Embajada ante la Santa Sede, que quedó vacante diez meses atrás y explicó que sobre la vicaría en cuestión comenzará a “conversar la semana próxima” con El Vaticano.
El embajador considera que el problema con el Obispado radica en la presunta irregularidad del tratado de partes que en 1957 suscribieron la Argentina y el Vaticano para darle forma al vicariato.
“Lo empezaremos a conversar entre las partes la semana próxima, y todos los elementos a favor y en contra van a estar sobre la mesa”, explicó Cafiero en declaraciones periodísticas. De todos modos, en la Iglesia argentina la iniciativa no cayó bien: de hecho el Episcopado esperaba que se ratificara esa jurisdicción y que monseñor Carlos Malfa, obispo de Chascomús, ocupara la plaza vacante desde la jubilación de Antonio Baseotto, indicaron fuentes eclesiásticas a Noticias Argentinas.
A fines del mes pasado, el Senado aprobó un pliego enviado por Cafiero, quien se expresó sobre la posibilidad de formar una comisión bicameral que revise la existencia del Obispado castrense.
En esa misma audiencia de la Comisión de Acuerdos del Senado, el embajador ante el Vaticano sostuvo que la figura del obispado castrense tiene “endeblez jurídica”. El Obispado castrense fue el inicio del desgaste de la relación entre el Gobierno kirchnerista y la Iglesia, y ahora sobrevive como el último punto de conflicto.
El vicariato militar está vacante desde abril de 2007 por la jubilación del desplazado monseñor Antonio Baseotto, quien se vio envuelto en una fuerte polémica por un cruce que tuvo con el entonces ministro de Salud, Ginés Gonzáles García, en torno a la despenalización del aborto.
El desplazamiento de Baseotto fisuró la relación entre el Gobierno y la Iglesia, que se tensó más luego con la designación como embajador del ex ministro de Justicia Alberto Iribarne, a quien la Santa Sede le negó el plácet. Posteriormente, los planes de la Iglesia de crear la diócesis de Tierra del Fuego y dejar fuera de su jurisdicción a la Islas Malvinas amenazaron con perjudicar más aún el vínculo.
Una vez que la Iglesia desestimó la creación de esa diócesis, la relación empezó a reconstruirse y en ese contexto, el Gobierno dio su señal de buena voluntad al nombrar a Cafiero como embajador ante el Estado pontificio, que lo aceptó de inmediato.
El último escollo es la situación del Obispado castrense, que en febrero ya despertó especulaciones acerca de su posible eliminación mediante un decreto presidencial o por la vía parlamentaria.

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