El Museo del Juguete Tandil comienza el nuevo año bregando por la sede propia

Con más de 600 juguetes de entre 1910 y 1970, el Museo del Juguete Tandil preserva la memoria de este objeto lúdico que tanto entusiasma a niños y adultos. Actualmente cuentan con una muestra permanente en El Hormiguero, que es la original, y otra en el Museo de Vehículos de Epoca. A cerca de 10 años de su creación, continúan bregando por acceder a la sede propia.
Hilda Martens, Stella Maris Tornini e Ilda Canelas, integrantes del Museo del Juguete, dialogaron con El Eco de Tandil y recordaron su inicio en 2006 con el objetivo de preservar la memoria de los juguetes y objetos lúdicos únicamente de Tandil. “La idea es poder hacer un detalle en el tiempo de cómo han sido los juegos y juguetes de nuestra comunidad”, explicaron.
En lo que respecta a las actividades que realizaron durante 2015, se dedicaron a recolectar dinero para cumplir el sueño de la sede propia, así como también participaron en la muestra de La Noche de los Museos mostrando una de las muestras que hay en el MVE.
En este momento cuentan con dos colecciones de juguetes con el mismo tipo de objetos en ambos espacios donde funciona el museo. Sin embargo, con la sede propia podrán hacer una línea de tiempo en la que se pueda observar el proceso de cómo fueron los muñecos, los autos y demás.
“El espacio es sumamente necesario para poder formar esta línea de tiempo y conocer detalles como que muchas veces la fabricación de juguetes no fue tan inocente sino que se puso en ellos la parte política e histórica del país. Por ejemplo la Barbie tiene una connotación muy especial ya que algunas tenían connotación en relación a la guerra, entre otras cosas”, resaltaron.

Donación y preservación

Uno de los puntos importantes es la forma en la que obtiene el museo los juguetes para las muestras. Así es que siempre están dispuestos a que les acerquen juguetes para donación y poder continuar recopilándolos.
Por otro lado, la preservación también es de suma importancia a la hora de mantener cada uno de los objetos, aunque desde el museo admitieron que “se hace lo que se puede”. Tienen en conocimiento que el espacio ideal para la preservación no tendría que tener luz de día, hay que tener cuidado con la ventilación y demás, aunque actualmente están todos en vitrinas cerradas de forma hermética y están preservados. Cabe destacar que no se realizan reparaciones ni retoques sino que se exhiben como están.
“Al principio, con el afán de difundir el museo, salíamos con los objetos en una valija pero los de chapa se van carcomiendo y se termina rompiendo el juguete; por lo tanto hubo que dejar de hacerlas para preservarlos. Afortunadamente nos dimos cuenta a tiempo y no llegamos a que los juguetes se pudieran estropear”, resaltaron.

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De esa forma, se decidieron a hacer a la inversa y reciben visitas en los espacios tanto de escuelas primarias y jardines como adultos mayores o escuelas especiales. “La realidad es que el niño queda absorto viendo cómo eran los juguetes y las formas en los que se jugaban, mientras que los mayores lo recuerdan y de ahí salen historias muy lindas”, indicaron.

Reflejo de historias

Sin embargo, los juguetes no son sólo objetos de museo sino que otro de los objetivos es dialogar con la persona que acerca el juguete, ya que quieren conocer la historia de a quien perteneció para recabar la forma en que se jugaba así como tratar de hacer memoria de la historia, el lugar, quién y cómo lo usó.
“Muchas veces nos preguntan si pueden traer el juguete aunque esté muy usado y nosotros lo único que tenemos en cuenta es que no esté destrozado; pero si está para mostrarlo, preferimos que esté así porque te marca cómo se jugó y hay una historia emotiva detrás de ese juguete”, manifestaron.
Por lo tanto se tiene mucho cuidado con la preservación de cada uno de los juguetes porque no es lo mismo que cualquier otro objeto sino que tiene una historia detrás”. Aunque parezca mentira, hay personas que se resisten a donar sus juguetes pero nosotros tratamos de convencerlos de que esa historia se ve mejor reflejada en una vitrina que en un placard”, recordaron.
Así fue que comentaron que hace unos días una señora les confirmó que tenía una muñeca que la encontró en la casa de su mamá pero confió en que todavía no le llegó su tiempo para poder donarla. Aunque admitieron que lo que es más doloroso es cuando llegan a entregar los juguetes con la caja y la persona que lo entrega dice que su mamá nunca le dejaba jugar sino que estaba en la repisa.
“Eso duele mucho porque ahí no hubo uso ni disfrute de ese objeto, aunque sabemos que los juguetes de los años que recopila el museo, no había tantos juguetes y muchos eran para que estuvieran de adorno en una repisa, como las tazas o platos de porcelana o las muñecas arriba de la cama”, concluyeron.
El museo hoy cuenta con cerca de 200 socios, que es una cuota mínima, pero que los ayuda para ir solventando los gastos del mes, así que les agradecen mucho por la colaboración e invita a quienes quieran acercarse a colaborar.

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