El Papa indultó al mayordomo que filtró documentos secretos

El Pontífice visitó a Gabriele en la celda del Vaticano donde cumple su condena, para comunicarle personalmente el otorgamiento del indulto.
"Esta mañana el Papa visitó en la cárcel a Paolo Gabriele, para confirmarle su perdón y comunicarle en persona que había acogido su solicitud de gracia", se lee en la nota de prensa distribuida por la Secretaría de Estado vaticana.
El encuentro de Benedicto XVI con su ex mayordomo, el primero desde que Gabriele fuera detenido por la filtración masiva de documentos confidenciales, duró unos 15 minutos y tuvo un carácter muy íntimo, según informó Federico Lombardi, portavoz de la Santa Sede.
Posteriormente, Gabriele fue puesto en libertad y se reencontró con su familia.
Sin embargo, la Santa Sede informó hace ya tiempo que no podrá residir en el interior del Estado de la Ciudad del Vaticano ni trabajar allí.
El ex mayordomo del Papa deberá, por lo tanto, abandonar su actual casa y no se reincorporará a su anterior empleo. Pero la Santa Sede informó que le dará una vivienda y un puesto de trabajo fuera del Vaticano.
"Estoy muy contento de informarles esta noticia", indicó Lombardi en una rueda de prensa con periodistas. "El Papa tuvo un gesto paterno al perdonarlo y acudir en persona a informarlo. Fue muy bello", afirmó.
El Pontífice también indultó al técnico informático condenado por complicidad a dos meses de prisión en suspenso por el caso de filtración de datos, Claudio Sciarpelletti.
El ex mayordomo del Papa había sido sentenciado el 6 de octubre a un año y seis meses de reclusión, acusado por robo con agravantes.
Gabriele fue condenado por el Tribunal de Ciudad del Vaticano por el robo de documentos confidenciales, en el marco del escándalo de filtraciones conocido como "Vatileaks". El fiscal había solicitado una pena de tres años de cárcel, consignó la agencia DPA.
Gabriele argumentó frente a los investigadores que él había filtrado los documentos porque vio "el mal y la corrupción en todas partes en la Iglesia" y que la información se le ocultaba al Papa.
Todo empezó cuando un canal de televisión italiano sacó a la luz unas cartas enviadas a Benedicto XVI por el nuncio en Estados Unidos, el arzobispo Carlo María Viganó, en las que denunciaba la "corrupción, prevaricación y mala gestión" en la administración vaticana.
Las cartas más reveladoras fueron escritas al Papa por el arzobispo Viganó, cuando se desempeñaba como vicegobernador de la Ciudad del Vaticano.
En una de ellas, Viganó se quejaba de que cuando asumió el cargo, en 2009, descubrió corrupción, nepotismo y amiguismo vinculado a la adjudicación de contratos a empresas externas a precios inflados.
Después, Viganó escribió al Papa sobre una campaña de desprestigio en su contra por otros altos funcionarios del Vaticano molestos con sus drásticas medidas para acabar con los procedimientos de compras.
A pesar de pedir que no se lo apartara del Vaticano, Viganó fue posteriormente trasladado a Washington por el secretario de Estado, el cardenal Tracisio Bertone, número dos de la cúpula de la Iglesia.

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