“El público tiene el poder de elegir hacia dónde dirigir el consumo”, destacaron desde la feria que apuesta al comercio justo

El Eco

El Centro Cultural Universitario se volvió a llenar de banderines de colores para recibir a unos 150 productores locales con sus artesanías, alimentos, arte y música, y al público que los elige.
La feria, organizada de forma conjunta y asociada por la Mesa de Ferias de la Economía Social y Solidaria de Tandil, un espacio integrado por la Feria de Emprendedores del centro cultural La Compañía, la Feria Verde y Artesanal de la Universidad Barrial, la Feria Colectivo Natural, emprendedores de la CTEP Tandil, emprendedores de la Sala Comunitaria de Elaboración de Alimentos y el Programa de Economía Social y Solidaria de la secretaría de extensión Unicen, ya lleva siete años de éxito en crecimiento.
El objetivo sigue siendo brindar un espacio autogestionado de comercialización sin intermediarios entre productor y consumidor, apostando además a las ferias como la posibilidad de encuentro de diversos colectivos culturales, organizaciones sociales y expresiones populares de la ciudad.
Mariano Larrondo, del programa de economía social y solidara de la secretaría de extensión de la Unicen, contó que lo que tienen en común los participantes es que son pequeños productores autogestionados. “Una de las problemáticas que afrontan es que dependen del consumo interno de la población, que tiene el poder de elegir hacia dónde dirigir el consumo”. “La importancia de pensar como consumidores significa reflexionar sobre a quién beneficiamos”, destacó.
Desde que se comenzó a hacer esta feria, hace siete años, aumentó exponencialmente la cantidad de público que asiste y además compra. De acuerdo a las palabras de Larrondo, hay vecinos que concurren asiduamente porque quieren aportar a este determinado sistema de producción y venta.
Para los que no pudieron acercarse ayer, hoy desde las 16 y hasta las 21 tienen la posibilidad de encontrar una variada oferta de artículos. Además, al igual que en ocasiones anteriores, contará con un nutrido cronograma de actividades artísticas y culturales, con espectáculos musicales, sorteos y muchas más.

Social y solidaria

Entre música, plantas, aromas y colores, el espacio se consagró como un lugar de encuentro con otros productores y con vecinos, donde se genera más allá de las ventas la posibilidad de hacer contactos.
Nelia, de la Feria Colectivo Natural, detalló que percibe en cada encuentro la cualidad de sacar el concepto del consumismo del núcleo, “de la vorágine de saciarse materialmente”, ya que está muy presente el espacio de encuentro humano más allá del intercambio comercial. Así se refleja en el público, que camina compartiendo el mate con su familia, o los amigos que fijaron ese espacio como punto de encuentro y recorren sin prisa los diferentes stands y se disponen a escuchar a quien esté en el escenario.
La economía social y solidaria hace referencia al conjunto de iniciativas socioeconómicas, formales o no, individuales o colectivas, que priorizan la satisfacción de las necesidades de las personas por encima del lucro, promotoras de cambio social.
Los vínculos que se generan en el ámbito de la feria forjan ante todo un camino de similitudes. Lejos de la competencia, aunque ofrezcan lo mismo en su mesa, la solidaridad se traduce como tal en este ambiente. Algunos feriantes incluso aprovecharon la coincidencia, en lugar y oferta, para intercambiar sobre técnicas de elaboración y hasta tratar de coincidir en un futuro la posibilidad de obtener en conjunto la materia prima que utilizan, y quizás obtener un mejor precio y achicar costos.
“Lo que podría pensarse desde una lógica de competitividad, o que me pueda asustar que haya más gente que haga lo mismo que yo, en este contexto de encuentro a mí me da la posibilidad de crecer”, enfatizó Nelia, que además de estar en la organización llevó su línea de cosmética natural. “Hay muchos detalles que hacen a nuestro arte y que nos hermanan”.

Comercio justo

Como no ocurre en los supermercados u otro tipo de locales, una de las grandes ventajas de las ferias se asienta en la posibilidad que tiene el consumidor de ponerse cara a cara con el productor. O sea que puede preguntar todo lo que se le ocurra y necesite saber a cerca del artículo. Cómo lo fabrican, qué contiene, de qué se trata el proceso, con qué materiales o bajo qué normas. Cuestiones que además, van a ayudar a comprender el precio que vale. Detrás de los productos están los productores y eso no pasa siempre.
Nelia aseguró que la gente asistió con el tiempo de escuchar, se interesó, quiere saber y “eso es muy reconfortante”. Lo bueno, en este sentido, es que les da la posibilidad de darse cuenta de la cantidad de trabajo que tienen los productores detrás, lo que significa producir a menor escala en cuanto a los costos ambientales. “Yo no puedo tener el mismo precio que un jabón chino, van a ser más caros, pero a la vez me estoy haciendo cargo de un costo ambiental que ellos no”.
Es cierto que muchos confunden el concepto de “comercio justo”. Creen que equivale sencillamente a que un producto tiene que ser más accesible y barato. La realidad es que no tiene que ser ni más económico ni estar más disponible ni mucho menos de mala calidad.
Lo ideal sería que el consumidor se ponga a pensar qué hay detrás de cada producto. Sin embargo, hay que tener en cuenta que el contexto socioeconómico del país lleva a mirar en primer lugar el valor que tiene, y después, si acaso se lo plantean, viene la calidad, procedencia de la materia prima y manufactura.
Mariana de la Feria Verde, aseguró que sus elaboraciones tienen mucha mano de obra. “Nosotros no conseguimos precios más baratos, pero tratamos de poner los precios razonables, aunque nunca vamos a competir con un comercio”.
“La búsqueda es hacia ese camino y hay muchos vecinos en la ciudad que empiezan a entender esa lógica”, aseguró Larrondo. “Hay muchos que ya eligen comprar productos de la economía social en la feria”. De hecho, algunos de los que forman parte de la Sala Comunitaria de Elaboración de Alimentos, también parte de la organización, han ido variando sus elaboraciones de acuerdo a la demanda de la gente. Por ejemplo, cambiando la harina común por la integral en los panificados, ya que según contaron “hay una notable tendencia hacia lo saludable”.
Además, el comercio justo, según recordaron los congregados a la Sala Comunitaria, se trata de la importancia de conocer quién y en qué condiciones se han elaborado los productos, con el fin de evitar la consolidación de situaciones de esclavitud moderna, trabajo forzoso o explotación laboral infantil.

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