El pulso

 

Se respiran aires de paz
en el reino lunghista
 
Tiempos de relativa paz se respira en el reino lunghista, a partir de sondeos de opinión que aluden a la positiva mirada del vecino para con el jefe comunal y la mismísima gestión y, puntualmente, sobre un costado que hasta aquí lo tenía preocupado al Intendente, como la salud. 
Como se informa en páginas locales, un relevamiento habla del grado de satisfacción de los que acudieron al Blanco Villegas,  con lo que se buscará atemperar la demanda por un centro asistencial de mayor complejidad.
El confortable paso de la gestión lunghiana se ve acompañada por una oposición que no logra (a estas alturas parece no interesarle) marcar agenda ni siquiera hacer conocer sus diferencias, y una sintonía cada vez más aceitada con el Sindicato de los Trabajadores Municipales que, en un abrir y cerrar de ojos,  aceptó la oferta salarial ofrecida y despejó cualquier fantasma que aceche la estética del palacio comunal, como cuando se montó hace un año el bizarro “acampe del aguante”, mereciendo la atención mediática de aquí y más allá de las sierras también.
Lunghi y sus lunghistas podrán entonces planificar unas relajadas vacaciones,  dentro de un marco de obligada austeridad que proponen los flacos recursos propios como ajenos (Provincia), pensando en el álgido año político por venir a partir de los comicios legislativos.
 
Responsabilidades
 
Será tal el relajo que hasta casi “se animan” a inmiscuirse en un tema tan delicado como complejo de atender como es la demanda de mayor seguridad.
Hasta ayer, más allá de los recursos propios aportados para que los patrulleros hagan sus recorridos, ante cualquier demanda ciudadana en la materia había un mismo cassette que refería a las nulas responsabilidades locales y sí a las provinciales.
Empero, con el paso del tiempo y ante una demanda que no cesa, ya no alcanza con cargar combustible y arreglar los móviles castigados, sino que se emprendieron nuevos desafíos que atañen a responsabilidades propias, como la instalación de cámaras de video y su respectivo monitoreo con personal local.
En ese tren, parece que ahora les interesó -o se vieron obligados- en reconstruir el desaparecido foro de seguridad, que al menos sirva como un espacio de contención de los reclamos cotidianos en la materia. Es más, en dicho contexto, ahora se propicia un control civil sobre las fuerzas de seguridad. Al menos, tener control sobre el funcionamiento de los patrulleros que, en definitiva, están circulando por el aporte económico municipal. 
Evidentemente, ya no alcanza con echarle la culpa a una Provincia en rojo, porque en definitiva la queja, la demanda, siempre recaerá en la cara más cercana del Estado al vecino, su municipio. 
Y si de responsabilidades e intervenciones se trata, algo similar debería estar repensándose respecto al doloroso bochorno que representa el transporte escolar rural. También es cierto que la deuda es de la Provincia y a ella recae su mayor responsabilidad para que el servicio se preste, pero el Municipio ya no puede hacerse más el desentendido sobre una problemática muy sensible, clave, como la educación de los chicos. 
Más precisamente, 801 pibes que concurren a las escuelas de los pueblos rurales del partido de Tandil están perdiendo clases sin que nadie se sonroje. Deberían recordar que el gran caudal de votos que el lunghismo supo cosechar desde 2003 a la fecha devino de estos sectores hoy desprotegidos.

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