El recuerdo de los desaparecidos quedó plasmado en las escuelas

En la segunda jornada del evento que se denominó “Baldosas por la memoria”, se llevó adelante una marcha por los distintos establecimientos educativos a los que concurrieron las víctimas de la dictadura y se descubrieron baldosas en las cuales quedaron plasmados los nombres de los desaparecidos.

En cada una de las instituciones, se desarrolló el descubrimiento de las baldosas con la presencia de alumnos, docentes y autoridades educativas que acompañaron el acto. Además, se cantó el Himno y se hizo lectura de una poesía, para luego darle la palabra a alguno de los familiares que manifestaron su sentir ante tan emotivo homenaje.

Cabe recordar que las baldosas fueron elaboradas por Incubadora de Arte y el proyecto surgió del grupo Memoria por la Vida en Democracia.

 

Las víctimas

 

La movilización comenzó en la Escuela Normal donde, además de familiares de víctimas y la comunidad educativa en general, estuvo presente el director ejecutivo de la Anses, Diego Bossio y el concejal Pablo Bossio.

Allí se descubrieron las baldosas correspondientes a Pedro Mazzochi, Mario Suárez Nelson, Susana Valor, Mario Salerno, Guillermo Almarza, Carmen Calvo, Gustavo Yotti, Diana Shatz, María Eugenia Sanllorenti, Andrea Calvo y Edgardo Caparrós. En el Colegio Sagrada Familia se descubrió la placa de Dora Marta Landi y en la Escuela Técnica 2 de Ricardo Gabriel, Ricardo y Santiago y Omar Alejandro.

En tanto, en el Colegio San José fue el turno de Oscar Luis Lauge, Angel Lito Marzocca, Mario Marzocca, Jorge Luis Mereb, Edgardo Fuentes Del Corral, Carlos Luciano Canziani y Daniel Ricardo Lapera. Finalmente, en la Escuela 1 se descubrieron las baldosas con los nombres de Juan Roger Peña y María Graciela Toncovich.

 

Una invitación

a la reflexión

Cielo Tailmitte Toncovich, hija de Graciela Toncovich, expresó que “instaurar las baldosas es un acto de invitación colectiva a la reflexión, es una hermosa oportunidad para el pueblo de Tandil, y sobre todo para deconstruir la desmemoria, y para construir juntos una memoria más reflexiva, más crítica”.

Y enfatizó la importancia de pensar “en presente no sólo la memoria cristalizada de esa vida maravillosa, valiente, que por ejemplo, considero que tuvo mi madre, sino la vida cotidiana, de lucha de cada uno de nosotros, cada uno de los oprimidos, los que están sedientos de justicia y que eso no tiene tiempo presente, pasado o futuro, eso es un presente constante”.

“Me parece que a todos los pueblos nos hace falta mirar para abajo para levantar la mirada y ver cómo me estoy comprometiendo con lo que pasa.

Yo tenía seis años y tenía una madre con una presencia muy fuerte o por lo menos es lo que a mí me quedó, entonces tengo recuerdos de ella. En lo personal es una combinación extraña, es una oportunidad de traerla de la desaparición forzada, y a su vez es un intento de subsanar el duelo que no pudo ser”, expresó.

Por otra parte, consideró que “las baldosas se parecen en algún punto a una lápida, y en ese sentido creo que tiene que ser una lápida que lo que entierre sea el olvido”.

En tanto, María Rosa Toncovich, de Memoria por la Vida en Democracia, manifestó que “fue un día de mucha emoción, amor y entrega, todos esos sentimientos acompañada de mi sobrina y mi sobrina nieta que vinieron desde Carmes de Patagones”.

Y subrayó que le gustaría que “cada vez que la gente vea esas baldosas recuerde que alguien de Tandil en un momento dio su vida por ponerse en el lugar del otro, si todos hacemos un poquito eso, las cosas van a cambiar”.

“Siempre vamos a hacer acciones para visibilizar la historia de los compañeros que no están”, aseveró.

 

Recomponer la historia

 

Los hijos de Edgardo Caparrós, quien cursó sus estudios secundarios en la Escuela Normal y desapareció en 1977, vinieron a Tandil especialmente para este homenaje desde Ezeiza y Viedma.

Mercedes Caparrós contó que su padre “hizo los primeros años de secundario en Tandil y después se fue a Bahía Blanca a estudiar en la escuela militar. Después descubrió que ése no era su lugar, se fue a La Plata a estudiar, no sabemos específicamente qué y empezó a  militar en la juventud peronista. En el ‘75 nació mi hermano y en el ‘77 yo. Tenía 7 meses cuando lo mataron”.

“Quedó mi mamá sola con nosotros. Fue muy duro para la familia, que se desmembró, y de poco tratamos de recomponer la historia. Nuestra madre fue una gran luchadora, ella nos protegió y nos formó de una manera íntegra”, señaló.

En ese camino, confió que “mi bisagra fue el nacimiento de mi primer hijo, que me hizo ver que yo necesitaba hacerme cargo de mi historia, y explicarle a él lo que sucedió me exigió hacerme cargo. De poquito fui a través de Cielo Toncovich acercándome a la Asociación de Familiares de Víctimas del Terrorismo de Estado en Viedma”.

“Para nosotros es sanar, es seguir, y para mí nuestros hijos son el motor para reinventarse todos los días y tratar de replicar esta causa”, sostuvo.

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