El truco al revés

Con el proyecto de reforma política que el Gobierno propone, Kirchner intenta favorecer a ciertas facciones del PJ y la UCR, y disminuir las terceras expresiones políticas que surgieron en los últimos tiempos, como el ARI, PRO, los nuevos partidos de centroizquierda o el peronismo federal.
La reforma planteada por el Gobierno contiene tres puntos fundamentales: a) una mayor exigencia de la Justicia sobre los partidos políticos en cuanto a la cantidad mínima de afiliados para ser considerados ?legítimos?; b) el mandato a todos los partidos de realizar elecciones primarias, abiertas, simultáneas y obligatorias, para la selección de los candidatos a cargos electivos nacionales; y c) la prohibición a las agrupaciones de contratar publicidad política en tiempos electorales en forma privada. En su lugar, la pauta publicitaria será distribuida por el Estado, entre las emisoras de radio y televisión.
De ese modo, con el manejo de una poderosa maquinaria ?clientelar? que le concede un amplio control territorial, y en un inducido esquema bipartidista, Kirchner pretende obtener dilatadas ventajas electorales de cara a 2011.
La Presidenta aclaró, en su anuncio del miércoles, que el proyecto propone eliminar las listas colectoras y las listas espejo. Paradójicamente, las mismas argucias de las que más se valió el kirchnerismo ampliamente en 2007 y 2009 para recaudar votos, viniesen de donde viniesen. Y si bien al referirse a las boletas que se usan en nuestro país puntualizó que ?muchas veces confunden a la gente?, no aclaró por qué entonces el proceso de elección no se simplifica, por ejemplo, con una boleta única.
En 2003, Kirchner alcanzó la Presidencia de la Nación después que el Partido Justicialista, en un Congreso reunido en Lanús y manejado por el entonces presidente Duhalde, adoptara como recurso excepcional un desdoblamiento que permitió presentar en simultáneo tres fórmulas presidenciales peronistas. De ese modo, Carlos Menem, Adolfo Rodríguez Saá y Néstor Kirchner, este último candidato del oficialismo duhaldista, resolvieron su contienda partidaria en la misma elección general.
Dos años más tarde, en 2005, Kirchner creó el Frente para la Victoria, una nueva herramienta electoral para enfrentar a quien lo había apadrinado en su llegada al Gobierno, proponiendo a su esposa como senadora por la provincia de Buenos Aires, mientras prescindía y rivalizaba con el histórico PJ, que postulaba a Hilda ?Chiche? Duhalde.
Para las presidenciales de 2007, el PJ se incluyó como un ladrillo más en el conglomerado Frente para la Victoria. Sin convocar a elecciones internas, la sola voluntad de Kirchner se constituyó en criterio único.
Durante 2008, en medio del conflicto con el campo, el ya ex presidente retornó al partido fundado por Juan Perón para abocarse a su ?normalización?, pero a través de un proceso que dificultó la participación de aquellas líneas internas del Justicialismo que fuesen divergentes a su conducción. Sobre esa base fue que para las elecciones legislativas de 2009 las listas kirchneristas nuevamente fueron hechas ?a dedo?.
Sin embargo, la derrota de junio le probó a Néstor Kirchner que con el actual escenario electoral ?ya no llega?: ahora que ya no es un desconocido y su consideración social es mayormente negativa, intenta una nueva operación, que si bien tiene un sentido contrario a aquella trampa implementada por Duhalde de 2003 para favorecerlo, conserva la misma finalidad: manipular para ganar.
El artilugio que facilitó a un desconocido gobernador patagónico convertirse en presidente hace seis años fue la apertura de un abanico de opciones peronistas paralelas. En 2009, en cambio, el rechazo social pero con la conservación de su maquinaria electoral, lo estimulan a Kirchner a cerrar aquel abanico, frenando las posibilidades de nuevos candidatos ?con imagen, pero sin aparato?.
El paquete de reformas que propone el oficialismo objetivamente es debatible. Pero el marco en que se lo pretende abordar genera desconfianza. La Argentina de hoy transcurre en medio de un escenario atípico: mientras una mujer virtualmente es la Presidenta de la Nación, quien comanda ?de hecho? los destinos del país es su marido. Y su vicepresidente, para sumar a la confusión general, es un extrapartidario convocado por ellos mismos, que eyectado de su gobierno se alista como opositor.
Que el Gobierno busque además tratar la reforma política con una composición parlamentaria obsoleta, días antes de asumir la nueva conformación electa el 28 de junio pasado, es un hecho que genera más desconfianza aún. Se batalla por una ley para el futuro en un Congreso que ya es distinto del más reciente voto popular.
Las elecciones 2009 son otro ejemplo de que cuando ?las reformas? responden a una coyuntura o a intereses particulares, dejan de ser reformas para convertirse en trampa, funcionen o no funcionen. Los comicios de este año fueron adelantados cuatro meses y en ellos se postularon candidatos falsos, como el gobernador Scioli, su vice, y casi cuarenta intendentes. Allí hubo trampa, pero la trampa no prosperó y Kirchner igualmente perdió.
El ejercicio del poder en la Argentina de los últimos años advierte que el kirchnerismo, antes de su derrota final, cargará fuerte con la oposición, su último enemigo. En la antigua Grecia, ?agonía? era lucha y contienda; y ?agonistés?, guerrero o litigante. Antes de perder sus mayorías, antes de que agudice su hemorragia de poder, Kirchner atesta batacazos para salvarse de aquél fin que su agonía pronostica.

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