En la Era de Piedra

El extendido conflicto por las canteras volvió a estallar esta semana con la fuerza de los barrenos que atacan las sierras. Su acción retumbó en los pasillos de las más variadas esferas políticas y gremiales, movió cuadros y abrió nuevas grietas en las intrincadas relaciones de poder.
Lo legal, lo legítimo, la preservación del patrimonio natural, la producción y el empleo se anotan de manera sistemática en un debate dilatado y ciertamente debilitado por chicanas e intereses espurios.
En ese contexto, se hace difícil sostener una idea de equilibrio sustentable entre las posiciones encontradas, y más bien surgen figuras emparentadas con explosiones retóricas de dudosa constatación.
En una primera aproximación a lo ocurrido en las últimas horas, debe inscribirse la reacción de los gremios, nucleados en la CGT, que no dudaron en lanzar una virulenta advertencia a los gobiernos provincial y nacional. Consideran, lisa y llanamente, un ?atropello? la iniciativa de reconvertir o expropiar las explotaciones, y cuentan con un poderoso lobby empresarial en su intento por frenarla.
Pero mientras en las huestes del Ejecutivo comandado por Daniel Scioli se les aseguró a Miguel Lunghi y sus muchachos que la decisión política sigue firme en el sentido de proteger las sierras lugareñas, la irrupción del senador Néstor Auza apedreó el tablero. La sola referencia del legislador bonaerense a no dejar de lado el polémico Acuerdo Marco, crispó los ánimos del Ejecutivo comunal y provocó explosiones en cadena.
De manera paralela, en el pago chico, quedaron al desnudo algunas flagrantes contradicciones entre las fuerzas políticas de mayor representación en el Legislativo. Cuesta entender cómo la UCR, que fogonea la protección casi irrestricta del patrimonio natural, alienta la venta de tierras en Villa Cordobita. Y cómo el Frente para la Victoria, que aprobó en su momento esas operaciones, se desdice y vuelve a ensayar una suerte de gatopardismo consuetudinario que remite a su posición sobre ?la solución Zanatelli?.
En rigor, queda claro que en tren de resolver un asunto vital para el Tandil que se pretende, aún se está en la Era de Piedra.   

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