Enfoque: Silencios

Empero, han pasado las horas y los días y el hermetismo que impera en los actores involucrados directa o indirectamente en la luctuosa escena han coincidido. No emitieron opinión alguna, y llama poderosamente la atención.

Una vez más, como viene ocurriendo desde hace un buen tiempo a esta parte, la dirigencia queda detrás, muy atrás del clamor ciudadano. Hasta aquí no han estado a la altura de las circunstancias y el humor social se los lleva puestos.

Serán los propios deudos, allegados y vecinos consustanciados con el dolor, que se autoconvocaron para manifestarse pacíficamente y, de alguna manera, rendir tributo a los tres jóvenes fallecidos y expresar que sus muertes no pasarán al olvido.

Resulta hasta consecuente con la historia contemporánea y su insensible política empresarial el autismo de la patronal, pero hay otros actores que no hablan.

Silencio de la clase política como la sindical. Entre ellos, del intendente Lunghi, quien unos meses atrás recorría la planta, se reunía y se lucía para la foto con la plana mayor de la firma y garantizaba continuidad laboral, desestimando el vaciamiento que el gremio con sus respectivos delegados denunciaba.

Ahora, con tres muertes inocentes, Lunghi calla y cuando habla dice que advierte una fábrica detenida en el tiempo (Lunghi dixit). Es factible que no le quepa responsabilidad sobre una problemática privada, pero como autoridad del Estado debió, al menos, expresar su preocupación y pesar por lo ocurrido. Ni siquiera tuvo la delicadeza, el gesto, de decretar el duelo por semejante tragedia.

En definitiva, se trata de 200 vecinos con sus respectivas familias que en el peor de los escenarios tras los tres fallecimientos podrían quedar sin trabajo. Ergo, el Estado deberá contenerlos.

Ni qué hablar de su resistido secretario de Desarrollo Local, Pedro Espondaburu, que “jamás está cuando las papas queman”, se quejan hasta sus propios correligionarios.

Se trata de una de las mayores tragedias que la ciudad concibió por un accidente laboral, y el funcionario de vacaciones. Seguramente, como cualquier trabajador, merece tomarse su respectiva licencia, pero ante semejante circunstancia ni siquiera se sabe sobre su paradero, ni tampoco acción sobre algún seguimiento, opinión,  sobre lo ocurrido. Fue él quien llevó de la mano al Intendente a recorrer la planta para dar garantías de continuidad. Su inacción expone a su líder a un costo político innecesario y de consecuencias indescifrables.

También el mutismo sindical provoca al menos curiosidad. Ni Carlos Romano ni sus superiores secretarios de la UOM han emitido postura alguna sobre lo ocurrido. Se excusaron sobre el duelo y el dolor de tres compañeros muertos, pero por situaciones infinitamente menores salieron a la calle, expusieron y denunciaron a quienes tenían que escrachar sin contemplación.

Ante una disputa salarial, algún pleito laboral, nunca hubo dudas sobre un piquete en las puertas de la firma, graves denuncias a la patronal y fuertes demandas a la clase política. Ahora, con tres muertos inocentes, callan.

Se puede aceptar la prudencia de los que llevan adelante la investigación para determinar –peritajes de por medio- qué ocurrió. Lo que a esta altura resulta incómodo es el silencio de otros actores, que ahora se ven avasallados por el propio clamor vecinal, que está expresando lo que sus representantes no se animan, no saben, no quieren, exponer y exponerse. 

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