Entre forajidos y nazis, Mortensen en Argentina

Al actor norteamericano Viggo Mortensen le atraen los guiones que le despiertan miedo, un sentimiento tan natural y humano como los variados personajes que él ha interpretado a lo largo de su carrera. Así le sucedió con “Good”, película del director brasileño Vicente Amorim que se presentó en el Festival de Cine de Río de Janeiro y próximamente entrará al circuito comercial mundial. Vestido con una camiseta del Flamengo, el equipo de fútbol más popular de Brasil, y hablando en un perfecto español, Mortensen habló del desafío que supuso interpretar a Halder, un profesor de literatura en la Alemania de los años 1930.
En esta cinta el protagonista de “Eastern Promisses” y “El señor de los anillos” dejó plasmada su versatilidad y su fascinación por las historias que tratan de la complejidad humana. Halder es “un hombre regular, un hombre bueno, que al final por todas las elecciones que hace se convierte en un nazi, con uniforme y todo”, explicó sobre el personaje que se aleja de los suyos para sucumbir a los lujos y la ostentación que los nazis le ofrecían.
Sin embargo, como él mismo indicó, no se trata de una película sobre los alemanes de esta época y todos los prejuicios que se tienen sobre ellos, “sino de gente que toma decisiones y se equivoca cada día”, en una demostración de que “las pequeñas decisiones son las que le pueden cambiar la vida a uno”. La historia es una adaptación de la obra de teatro de C. P. Taylor, que Mortensen vio por primera vez en 1981 en Londres, a donde había viajado para realizar una prueba en sus inicios como actor.
Desde el primer contacto con la pieza, Mortensen se dio cuenta de que era una historia diferente y atemporal, y puso como ejemplo la situación en Estados Unidos y Reino Unido en los años ochenta con Margaret Thatcher y Ronald Reagan a la cabeza, así como la invasión de las Islas Malvinas. Sobre ello hizo hincapié en que, a pesar del paso de los años, hoy en día el mundo sigue manteniendo problemas de amplia importancia, como la crisis financiera que afecta todo el orbe. De esa manera, dijo, se demuestra “que las cosas cambian, pero en el fondo no cambian tanto”; eso sí, la historia podría ser diferente “si la gente prestara atención a sus decisiones”, enfatizó.
El profesor Halder, personaje de Mortensen en “Good”, refleja la búsqueda constante del actor por papeles que le enseñen cosas y que, al mismo tiempo, le den miedo a interpretarlos por el desafío que representan, y por “no saber cómo va a salir la cosa, como es en la vida”. En Halder “hay cierta inocencia al principio, pero llega un punto en el que él puede decir que esto no está bien y no lo hace así, a lo mejor por orgullo o por ego, como hacemos a veces”, señaló. La manera “íntima y personal” de contar la historia se debe a la dirección de Amorim, con quien Mortensen se encontró hace tres años cuando, después de toda una tarde de charla en un bar brasileño de Los Ángeles, se trabó la complicidad que da riqueza a la cinta por la actuación del protagonista, su visión estética y su dedicación.
La elección de Amorim como director por parte de la productora vino dada, como el propio cineasta explicó también, porque “buscaban a alguien que no fuese europeo y que tuviese un enfoque poco común sobre la época, lejos de ideas preconcebidas”. Preguntado sobre si la película tiene connotaciones políticas, Amorim respondió que “todas los filmes tienen un trasfondo político, hasta los que se dicen apolíticos”. Recordó también la definición de Jason Isaacs (productor ejecutivo de la película e intérprete de el judío Maurice, el mejor amigo de Halder), para quien “Good” es un “thriller ético” porque se trata de una reflexión íntima sobre elecciones políticas y personales. (Terra)

 

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