Entre le negligencia y la fatalidad, el debate por la responsabilidad de Rossi

Mercedes, la mujer de la víctima Rojo, como a lo largo del juicio, siguió atentamente las exposiciones. Esta vez acompañada por sus hijas, asintió por momentos los dichos del fiscal y renegó en silencio sobre algunas frases de la defensa. En su interior sabía que estaba cerrando una etapa de su infranqueable lucha por justicia, para esclarecer lo que las autoridades sanitarias buscaron ocultar. Ahora deberá aguardar por el veredicto del juez Carlos Pocorena, a ventilarse el martes próximo a media mañana, con un gran interrogante sobre cuál será el desenlace de una crónica judicial penal que dejó el desnudo la negligencia ocurrida un día de febrero de 2007 en aquel quirófano 1 del Hospital, aunque persisten las dudas y las lecturas sobre el grado de responsabilidad que le cabe por aquella fatalidad al hoy sentado en el banquillo de los acusados, el anestesista.

La acusación fiscal
 
El fiscal Gustavo Morey, a la hora de su alegato, consideró que se dieron por acreditados los hechos ocurridos en el quirófano que derivaron en las lesiones culposas. Reconoció que la mayor discusión del caso se centra sobre la responsabilidad de Rossi y allí emprendió su argumentación sobre cuál debió haber sido la conducta debida, conforme a las pautas establecidas para una intervención quirúrgica como la que se protagonizó.
Recreó la escena de la sala de operaciones y habló de un ámbito dinámico con roles, acciones y labores urgentes en una operación. No dejó de manifestar lo expuesto en la sala de debate, respecto al reconocimiento y trayectoria del imputado que merece el respeto de sus colegas.
Morey preguntó y se preguntó si el resultado de la operación se podía haber evitado si la conducta del anestesista hubiera sido distinta, a lo que el fiscal respondió que sí.
Consideró que era la función de Rossi aplicar la anestesia y que fue él quien le inyectó. También se preguntó sobre quién dejó el frasco de formol en la mesa del anestesista, pero no encontró respuestas. Sí estimó que fue responsabilidad de Rossi haberlo advertido, siendo que tomó el frasco de la polémica y no le quitó ningún precinto, ninguna cobertura metálica (como dijo la instrumentista que se llevaban dichos recipientes), sólo sacó el tapón de goma.
Ya en pleno tren de acusación, Morey sostuvo que si Rossi hubiera estado en el quirófano el tiempo de la intervención podía haber visto que alguien le dejó un frasco equivocado.
Basándose en los dichos de la instrumentista Luciana Ianonne, enfatizó que el acusado estuvo solo al inicio de la operación y cuando se requirió de su intervención por la necesidad de un refuerzo de anestesia.
Morey insistió con que la situación producida era evitable. Si Rossi hubiera estado en el quirófano hubiera advertido lo que pasaba en la sala, señaló.
Según el fiscal, dichas desatenciones de Rossi son los elementos que aluden a la falta de cuidado en su labor, que produjo las consecuencias conocidas en el paciente: problemas neurológicos que afectaron su motricidad, secuelas que no eran propias de la intervención que se hizo. “Hay un nexo entre la desatención del profesional y las lesiones del paciente”, dijo.
Como atenuantes, el fiscal habló del buen concepto que todos los testigos tuvieron para con el imputado y el no contar con antecedentes penales. Como agravante, subrayó lo que el fiscal advirtió a lo largo de toda la causa: la necesidad de ocultar el error.
Al respecto, añadió que no se informó a los neurólogos lo que había pasado, y la víctima y su familia tampoco supieron nada. Haberles dicho desde ocurrido el suceso podía haber decidido a la familia a emprender otro tratamiento de rehabilitación para su mejora.
Así, finalmente pediría la pena de ocho meses de prisión de ejecución condicional y la inhabilitación de un año y seis meses para ejercer como profesional.
 
“Todo se reduce a casi nada”
 
Un sucinto y certero alegato protagonizó luego el doctor Vélez, quien a modo de preámbulo habló de que “todo se reduce a nada”, a propósito del hecho ocurrido y la responsabilidad de su cliente.
No escatimó en críticas para con el fiscal, señalando que “pareció haber estado en otro juicio”.
Reseñó que todos los profesionales que desfilaron por la sala de audiencias dijeron que nadie pudo pensar que había un frasco de formol en la mesa del anestesista, considerando que se trató de un grave error del que Rossi no fue responsable.
Así, emprendería su argumentación para desacreditar los dichos del fiscal, alegando que la acusación se basó en los dichos de la instrumentista Ianonne, sobre quien consideró que es alguien que tenía mucho por responder sobre lo ocurrido.
Si bien no fue eje del juicio, Vélez aclaró que tampoco se demostró que la aplicación del formol fue lo que provocó el daño detallado en el paciente Rojo.
Retomando sobre la testigo “clave” de la acusación, el defensor consideró que mintió descaradamente y su relato fue interesado puesto que factiblemente le cabía responsabilidad por la fatalidad sucedida. Es más, se preguntó por qué ella como el auxiliar enfermero no estaban sentados junto a Rossi bajo la misma acusación.
Aclaró que Morey cambió su acusación respecto a la requisitoria de la instrucción, ya que ahora sólo hablaba de negligencia y no de imprudencia.
Sobre la responsabilidad de su pupilo, desestimó que no haya estado presente en toda la intervención quirúrgica, que si bien tampoco eso se demostró, igualmente es normal que se retire un rato en una operación de más de tres horas.
Arremetiendo contra el fiscal, Vélez afirmó que mantuvo un razonamiento tendencioso que violaba el deber de objetividad que le asiste al ministerio público.
Sobre su defendido, habló de los 30 años de trayectoria, de unas 40 mil anestesias realizadas, una vida dedicada a calmar el dolor de los pacientes, para luego criticar los agravantes planteados por el fiscal, señalando que si alguien no ocultó lo que había pasado esa era Rossi.
Insistiendo sobre la presencia en la sala de operaciones, igualmente señaló que por más que hubiera estado todo el tiempo de la intervención, nunca podía saber que el frasco que le habían dejado en su mesa de trabajo tenía formol.
“No se puede derribar un estado de inocencia por meras especulaciones de una testigo única e interesada”, enfatizó el defensor.
Subrayó que no hubo ninguna actitud negligente, ya que Rossi estuvo en el quirófano y tomó un frasco que no tenía ninguna etiqueta o distinción que llevara a pensar que era otra cosa que no fuera la que siempre había en su mesa de trabajo.
Citó luego a Eugenio Zaffaroni y el manual de derecho penal para hablar del principio de confianza en un equipo de trabajo con distintas actividades y distribución de roles, dejando en claro que había otros responsables de que el frasco estuviese en el lugar indebido.
“Es lamentable que no se haya esclarecido quién fue el responsable”, afirmó,  a la vez de increpar por qué no estaban como Rossi el ayudante enfermero y la instrumentista.
“Rossi no fue responsable y no se sabe quién fue. Todo se reduce a casi nada”, cerró el defensor, para así pedir la libre absolución. u
 
El enojo de Mesurado
 
Previo a la exposición de los alegatos faltaba el comparendo del doctor Carlos Mesurado, testigo citado por el fiscal, quien había adelantado su molestia frente a lo que consideró que en plena instrucción “le habían tomado el pelo” a la hora de responder que no se había enterado del yerro de la aplicación de la anestesia por formol a las 48 horas, cuando el cirujano protagonizó la intervención quirúrgica del “escándalo” y el propio Rossi adujo que el accidente había sido como tirar dinamita en la sala.
Precisamente aquellas apreciaciones del fiscal lo llevaron al médico testigo a concurrir ya con ánimo convulsionado a la audiencia, al decirse ofendido frente a las expresiones del fiscal vertidas en los medios.
“En el quirófano trabaja un equipo y cada uno hace su trabajo. Yo estoy concentrado en mis funciones y no me enteré de lo que pasó”, soltó con vehemencia a las preguntas del fiscal Mesurado, quien visiblemente molesto increpó que se estaba poniendo en duda su honestidad y seriedad.
“A mí no me explotó ninguna bomba”, subrayó el médico acerca de lo ocurrido en el quirófano, agregando que recién se enteró del yerro cometido con la anestesia tiempo más tarde.
Respondió que él no podía saber quién entra y quién sale de la sala de operaciones, siendo que él está concentrado en su campo de acción quirúrgico, porque cualquier distracción puede causar un problema grave en el paciente.
Añadió que tras los primeros inconvenientes en el posoperatorio se especuló con algún problema neurológico, pero después averiguaron y confirmaron que se había aplicado formol por anestesia por error.
Mesurado aseveró con vehemencia que se trató de una fatalidad: “No tiene responsabilidad el anestesista”.
Ya sobre la persona de Rossi, el testigo dijo pertenecer a la misma generación de médicos que vino a trabajar a la ciudad y protagonizó una extensa trayectoria, compartiendo muchos quirófanos, y consideró que su colega era un gran profesional.
Terminado el interrogatorio, el médico pidió la palabra al juez para solicitarle al fiscal que le explicara por qué le había tomado el pelo y el juez interrumpió su reacción señalándole que no era el ámbito para dirimir sus diferencias. Empero, el urólogo insistiría en su tesitura y siguió inquiriendo al fiscal y exigiéndole una respuesta.
“Para mí lo que expuso es un agravio a mi persona. Soy honesto, serio, con años de trayectoria y me han faltado el respeto y como testigo dije la verdad” afirmó, para luego desistir en su intención y resignarse a que será en otro lugar donde el fiscal le responda a su planteo.

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