Graduada de la Universidad volvió a Tandil tras participar del último viaje de la Fragata Libertad

Carolina Valdez es graduada de la carrera de Ingeniería en Sistemas de la Facultad de Ciencias Exactas de la Unicén y tuvo la dicha de vivir una experiencia única este año: formar parte del último viaje de la Fragata Libertad denominado “La Travesía del Bicentenario”. A pocos días de su regreso, compartió los mejores momentos del inédito viaje que realizó con El Eco de Tandil.

Ella es marplatense, tiene 31 años y obtuvo su título el 30 de abril del 2014. Realizó, en el exterior, una pasantía en el instituto Inria de Francia y en la Universidad de Oslo en Noruega, ese mismo año.

Al momento en que se abrió la convocatoria desde la Secretaría Académica, Valdez se encontraba trabajando en el área Media.Lab del Instituto Pladema. Sin dudarlo, se inscribió para participar y fue así como, tras haber presentado la documentación requerida y cumplido con todos los requisitos, fue seleccionada entre otros nueve postulantes para viajar como invitada y representar a la Unicén en el 45mo. viaje de instrucción de la Fragata ARA (Armada de la República Argentina) “Libertad”.

Allí vivió seis meses y trece días exactamente. La nave partió el 23 de abril pasado, y tocó entre otros los puertos de Río de Janeiro y Recife (Brasil); Baltimore, Norfolk y Nueva York (Estados Unidos); Amsterdam (Holanda); Brest (Francia); Liverpool (Inglaterra); Dublin (Irlanda); Ferrol (España); Toulon (Francia); Civitavecchia (Italia); El Pireo (Grecia); Cádiz (España); y Montevideo (Uruguay).

La tripulación estuvo conformada por 351 personas -27 oficiales, 192 suboficiales, y 132 oficiales alumnos-, de la cual fueron 40 mujeres, en un viaje que les sirvió a los guardiamarinas para completar su formación profesional.

“Es la gente la que hace la experiencia; no el barco”, contó la profesional graduada de la casa de altos estudios, luego de haberse entrevistado este viernes con el rector Roberto Tassara junto a representantes de la secretaría académica, desde donde se concretó el llamado público que le permitió disfrutar de momentos que, sin dudas, quedarán guardados en su memoria para siempre.

Según relató, lo que más le motivaba de subirse a la embarcación era revivir de una u otra forma lo que había vivido su padre -quien falleció hace cuatro años- en 1979, cuando era suboficial mayor en la Base Naval y tuvo la oportunidad de viajar en la Fragata Libertad como músico.

Tras haber podido cumplir su sueño, entonces, admitió que en lo personal más allá de lo que pudo conocer de la Armada y de su dinámica de trabajo, aprendió -sobre todo- mucho más de sí misma.

Ya de vuelta en suelo tandilense, contó que la idea es volver a su trabajo dentro del Pladema, aunque no cerró las puertas a nuevos desafíos.

La inquietud

-¿Cómo surgió su inquietud de participar en el viaje?
-Mi papá fue militar, se retiró en 2005, falleció en 2012. Había hecho el viaje, él era suboficial mayor en la Base Naval, ese fue su último cargo. El tuvo la oportunidad de viajar por su buen rendimiento, ya sea en la Escuela de Suboficiales o la carrera. Viajó como músico en el año 1979 y, desde que tengo uso de razón, cada vez que la Fragata Libertad llegaba a Mar del Plata -yo soy de ahí- papá nos decía: “Llegó, hay que ir a verla”. Y le decíamos que ya habíamos ido el año anterior y el anterior, y él quería volver a ir.
-¿Y cuando volvió de Ghana?
-Esa fue la primera vez que fui a verla sin mi papá, él ya había fallecido. Entonces, la sensación fue diferente y, además, venía la expresidenta y había miles de personas, así que fue muy distinto a lo que yo siempre acostumbraba.

Los primeros días

-¿Cuáles eran sus expectativas previo a embarcar?
-No subí con demasiadas porque en realidad no sabía cómo era. Viví el día a día. El 18 de marzo ya tenía que estar, llegué al barco para zarpar en primera instancia el 9 de abril, hacíamos cursos allí y ahí ya empecé a vivir en el barco. Era nueva gente y nuevo espacio. Me encontré con muchos a la que tal vez no le gustaba relacionarse con alguien que no era del contexto. Debe ser también difícil porque se esforzaron años para llegar hasta allí y uno llega de arriba y encima sin ninguna obligación. Es entendible. Por lo tanto, al principio fue un poco difícil, pero después empezamos a hablar con la gente y se fue generando una interacción muy linda. Sí, tal vez, subí con la expectativa de salir del molde, vivir de otra forma, de enfrentarme a charlar cara a cara con alguien -que tal vez eso se perdió mucho acá-, y de querer crecer en ese contexto.
-¿Cómo fue la experiencia?
-Increíble, nos pasó de todo y está buenísimo. El barco se convierte en tu casa y por eso el hecho de dejar esa casa es una transición rara y nos pasó a todos lo mismo. Y pasan cosas como en cualquier casa, si se rompe un caño, si se tapa una cañería o si hay un corte de luz. Pasa de todo y está buenísimo porque uno aprende. Y también tenemos mucho entrenamiento en lo que es práctica de abandono del barco porque si pasa algo, hay que estar listo. Eso es todos los días.

Las tareas

-¿Tenía que cumplir tareas específicas?
-Estábamos divididos en dos grupos: brigada babor y brigada estibor. Cada uno de ellos tenía 28 días para realizar ciertas tareas. A lo largo de esos días, había cursos, particularmente había dos materias -Derecho internacional y administración de la Armada-, y además estaban los cargos, que consisten en pasar cerca de una semana a diez días por cada parte del barco para aprender un tema diferente. Eso podía ser trabajar en comunicaciones, navegación, cubiertas, máquinas, en la propulsión, e ir así viendo un poco de todo.
-Hasta ese momento seguramente era todo desconocido para usted.
-Sí, es la posibilidad de estar ahí y de sacarle el jugo al máximo. Sí es verdad tal vez que si bien tenía el compromiso de aprender, esforzarme y brindar ayuda en lo que se necesitaba, muchas veces sentí que lo mejor era dejarle el lugar a alguien a quien de verdad estaban evaluando.
-¿Vestían algún uniforme?
-Sí, teníamos uniforme de navegación que constaba de chomba blanca con el logo de la Fragata o remera gris con el logo atrás impreso y bermuda o pantalón azul. A todos nos dieron la ropa, también una campera azul de polar que estaba buenísima porque los días en los que hacía frío, realmente la necesitábamos.

Momentos difíciles

-¿Tuvo miedo en algún momento?
-Sí y mucho. Al zarpar, uno va tranquilo porque nosotros tenemos la salida del Río de La Plata que tiene pocos metros de profundidad si la marea está baja y no hay movimiento ni grandes vientos, pero cuando ese canal llega a mar abierto ahí sí. Además, el Atlántico Sur se mueve bastante. Zarpamos el sábado y a las dos de la madrugada del domingo estábamos navegando fuera del canal del Río de la Plata. El barco se empezó a mover y me desperté por eso. Después me di cuenta de que era normal pero al principio estaba asustadísima porque se movía de izquierda a derecha y pensé que se iba a dar vuelta. Ese era mi miedo, pero no pasó nada.
-¿Y en esas situaciones estaba sola o tenía a alguien al lado con experiencia?
-Yo dormía en un espacio que se llama sollado, que era para 18 personas. Ahí había algunas camas libres, así que éramos 15 o 16, pero a las dos de la madrugada todos dormían. Entonces, yo estaba sola y sentía que se movía. Quería seguir durmiendo pero no podía porque pensaba “¿cómo se mueve?”; “¿qué se verá afuera?”, así que me cambié y fui a ver cómo se movía. No se puede salir, así que solo abrí la puerta, asomé la cabeza, vi cómo se movía y dije: “¡qué bueno!”. Y volví a dormir un poco más tranquila.

La rutina

-¿Se despertaban temprano al otro día?
-Sí, a las 7, pero como éramos muchos, en particular muchas para un espejo (risas), nos levantábamos un poquito antes. Igual, uno se acostumbra porque se almuerza y cena temprano también.
-¿Cómo era la comida?
-Excelente. Comíamos súper variado, ya sea asado, pizzas, empanadas, milanesas. Hay dos cocinas, una para oficiales y otra para el resto de la dotación. Y los menús son diferentes. Pero la cocina que teníamos para nosotros, incluso he ido a cocinar y ayudar un poco, y había creo cinco personas por turno para cocinar para algo de trescientas personas.

La parada en
los puertos

-¿Qué ciudades conocieron?
-Muchísimas. En realidad nosotros llegábamos a un puerto específico, pautado por el itinerario, y después teníamos excursiones y además muchas veces viajamos por nuestra cuenta a ciudades cercanas. En el lugar en el que menos estuvimos fue en Liverpool, que fue un día desde las 21 y dos días más. En ningún lado estuvimos más de cinco días. Algunas excursiones estaban organizadas por la Armada misma a otras ciudades o algunos lugares específicos de las ciudades a las que íbamos. O también lo que podíamos hacer era viajar por nuestra propia cuenta pero siempre a las 7.50 teníamos que estar en la formación. u

Una experiencia
para recomendar

-En definitiva una experiencia para recomendar.
-Sí, a todos. Si tienen la posibilidad de hacerlo, que lo hagan.
-¿Cuándo regresó?
-El 5 de noviembre pasado.
-Seguramente ha formado amistades durante el viaje.
-Sí, realmente la posibilidad de forjar amistades con lazos muy fuertes cuando uno va creciendo es más difícil que cuando se es más chico, pero yo sé que en este viaje formé amistades que van a estar siempre y que, aunque no nos veamos mucho, ya que todos vivimos en lugares diferentes y ahora ellos se van de pase a otros lados, siempre vamos a quedar en contacto. Voy a ir a su egreso y ahí los veré, y ahí van a saber a qué destino van y por ahí a alguno le toca Mar del Plata, que está cerca, o se queda en Buenos Aires, y los voy a poder ver más seguido que a los que, por ahí, se vayan a Ushuaia.

La selección

Por su parte, la secretaria académica Mabel Pacheco detalló que en 2015 recibieron una llamada de la Armada anunciando que la Unicén había sido seleccionada para que uno de sus graduados pudiera participar -durante seis meses- del viaje anual que realiza la Fragata Libertad.

La Universidad aceptó gustosamente la convocatoria y se encargó de efectuar todo el proceso de selección, de acuerdo a un rango de edad específico y de antigüedad de graduación, que no podía superar los diez años, precisó.

Ante una reunión del Consejo Interuniversitario Nacional, comentó esta situación y fue en ese entonces que se enteró que Franco Bianco, graduado de la Universidad Nacional de Cuyo y actualmente geógrafo, había participado del viaje en 2013.

Se puso en contacto con él y lo convocó para dar charlas motivacionales y también para formar parte del jurado de la selección. Detalló que los interesados tenían que presentar sus motivaciones por escrito, además de su currículum vitae.

“Tuvimos diez postulantes de distintas unidades académicas y en la proporción de varones y mujeres el número fue equivalente. Esto fue en agosto del año pasado y ese mismo día comunicamos quién había resultado seleccionado”, recordó.

Hoy, unos meses después, celebró que los resultados del trabajo emprendido por el equipo de la Universidad en la selección “están a la vista con este exitoso viaje que hizo Carolina, que está muy comprometida con seguir trabajando en transmitir a la comunidad universitaria y a toda la ciudadanía lo que vivió”.

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