Horizontes

Para una gran mayoría de los analistas políticos, Néstor Kirchner no tomó debida nota del resultado de las elecciones del 28 de junio. De ahí sus actitudes y decisiones posteriores, multiplicadas en cantidad e intensidad según pasan las horas.
Delegación de facultades, intervención del Estado en el negocio del fútbol, veto a la emergencia agropecuaria y proyecto de radiodifusión constituyen apenas un puñado de iniciativas K, propias de quien conduce porque ha vencido en los comicios.
Otro enfoque, como el que pretenden estas líneas, se inclina a sostener que el auténtico conductor del Gobierno de su esposa, sintió el impacto, pero apenas por unas horas. Grogui en la madrugada del 29, cuando reconoció tímidamente haber perdido ?por poquito?, se refugió en su rincón y buscó aire para ponerse otra vez en combate, su arte preferido.
Entretuvo a la oposición, a los empresarios, y a buena parte de la sociedad con su invitación a un diálogo, que fue monólogo, sólo para normalizar su respiración.
Entonces sí, ante el estupor, la falta de cohesión y reacción de los vencedores, volvió a sus andadas. Con más virulencia. Los intendentes ?traidores?, el campo y los medios ocuparon, y ocupan, los primeros renglones de esas largas listas de revancha que el hombre confecciona de puño y letra en cuadernos rayados.
Ahora, parece haber retomado la iniciativa política, y planea sostenerla a puro veto si es necesario. No resultaría inverosímil para alguien que jugó cuándo y cómo quiso con el peronismo, con la transversalidad, con las organizaciones sociales. Con el doble discurso, ése que apunta a la redistribución, mientras a diario acumula y concentra. Y que como frutilla del postre le permitió analizar esta semana que en las elecciones la gente lo habilitó a profundizar el modelo que había puesto en juego en la campaña.
Kirchner se defiende atacando. Temerario, huye hacia adelante sin importarle los obstáculos, la pobreza, la indigencia. El parate productivo de un país al que, allá lejos y hace tiempo, en su presentación como amigable Lupín patagónico,  había logrado devolverle algo de esperanza.
Por estos días, el popular piloto de avión de historieta, perdió el horizonte.

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