Incertidumbre en la villa hípica por el cese de las carreras en Tandil y la zona

El Hipódromo de Tandil atraviesa jornadas de desasosiego por la incertidumbre que trae aparejada la deuda de tres meses de subsidios de parte del Instituto Provincial de Loterías y Casinos. Sin carreras en esta ciudad, los cuidadores y jockeys deben buscar alternativas, como competencias en Palermo, San Isidro y La Plata o las carreras cuadreras.

Entre los trabajadores de la villa hípica, donde viven unas doce familias, se encuentra una verdadera leyenda del turf, Víctor Sabín, quien decidió radicarse en Tandil para encabezar el proyecto de la Escuela de Jockeys en el circo de carreras local. Dejó el Hipódromo de San Isidro, también su departamento del coqueto barrio de Belgrano, y se instaló en la esquina de Peyrel y Chapaleofú.

Seis meses después, su proyecto de enseñar lo que tanto ama hacer se vio frustrado. Los integrantes de la firma Hipódromo de Tandil SA, quienes explotan el predio, le informaron hace diez días que ya no podrían costear la propuesta.

“Teníamos 15 chicos de distintos lugares, de Mar del Plata, Rauch, Las Flores, Buenos Aires, de todos lados”, contó. El proyecto era muy interesante porque además tenía perspectivas de crecer por el interés que despertaba en futuros ingresantes. Además, era una novedad para la zona, teniendo en cuenta que sólo hay espacios de formación de jockeys en San Luis y Tucumán, además de en los hipódromos centrales del país.

Sabín lamentó que “se suspendieron las carreras porque no pasan el subsidio, y tampoco tienen dinero para pagarle al profesor y no puede seguir la escuela”. El jockey, que llevaba dos meses sin cobrar, confió que “aunque no me hayan pagado el sueldo, yo seguí atendiendo la escuela porque para mí la prioridad son los chicos”.

 

Las ilusiones

 

“Todos abrimos esta escuela con la ilusión de sacar un excelente jockey. De buenas a primeras, con los chicos ilusionados, que día a día iban aprendiendo más, imaginen cómo nos puede haber caído, tanto a mí como a los chicos. Fue algo bastante feo”, contó sobre el sorpresivo parate en las actividades.

Sabín eligió un cambio de vida y esta iniciativa lo entusiasmaba. “Vine a vivir a Tandil por esto, para dirigir la escuela, para hacer una escuela a mi modo, porque en San Isidro estaba supeditado a (Héctor) Libré que era el director, yo era el profesor. Estuve diez años con él. Saqué todos esos chicos que están ganando en Palermo y San Isidro”, relató.

Por otra parte, resaltó que a la escuela de esta ciudad llegaron alumnos “con muchas condiciones. Por eso mi tristeza, la de los padres de los chicos, de todos. Cayó una ilusión para ellos”.

En cuanto a las expectativas de poder retomar la actividad, sostuvo que “esto ya es política, porque si el nuevo presidente o gobernador no aporta, esto no sigue. Estamos en veremos. Estamos todos esperanzados en que esto siga”.

Sabín afirmó que esta situación hará que los aprendices pierdan parte de lo que habían logrado. “Es un entrenamiento. Clase a clase se va aprendiendo algo nuevo. Por eso les digo a los chicos que no falten, porque doy la clase y no la vuelvo a repetir. Entonces, se atrasan, y esto los atrasa. Además, los chicos son como atletas, tienen que estar todos los días con montura y practicando”, describió.

También explicó que sus alumnos “han aprendido mirando prácticamente, pero ahora tienen un profesor que les enseña. Con más razón ellos querían seguir, porque han aprendido mirando, nadie les enseñó nada. Yo los estaba entrenando como a los número uno de Palermo y San Isidro porque enseño de esa manera, ataco al uno, no al mediocre. Ellos están aprendiendo lo que hacía el uno y ahora, de golpe y porrazo, vuelven para atrás. ¿Quién les enseña?”.

En relación a estos jóvenes, manifestó que algunos conocen la actividad por tradición familiar, otros asisten a las carreras y a algunos los atraen los caballos. “A medida que entran a la escuela, van vareando, se conectan con el caballo, con más entusiasmo lo agarran y con más cariño; después se les hace un vicio”.

 

Fuente

de trabajo

 

Con gran trayectoria en las pistas, Sabín explicó que sin carreras oficiales, “los jockeys que viven del turf no tienen nada, no tienen trabajo. Tienen que salir afuera a las cuadreras y ya no es lo mismo. Se para todo, los empleados; las familias que están atrás de un caballo. Atrás del caballo no vive solamente el cuidador o el jockey, también viven el herrero, el del pasto, la viruta. Viven cerca de 15 o 16 familias detrás de un caballo, y eso los gobernantes lo ignoran, no saben lo que es la vida del turf”.

Sumado a esto, consideró que en lugar de estos recortes, deberían otorgar más subsidios para que haya más carreras. “Acá hacen una reunión por mes y la gente vive de esa reunión. Son muchas familias detrás de un caballo. Se para todo”, reafirmó.

Explicó que ante la suspensión de las actividades, se ven obligados a viajar para correr en Buenos Aires. “Los que más sufren son el cuidador y el jockey. El cuidador tiene que correr en Palermo, San Isidro y La Plata, y por ahí no tiene caballos competitivos para esos lugares y se la rebuscaba corriendo acá. ¿Cómo hace con esos caballos que no son competitivos en Palermo, San Isidro y La Plata? ¿Qué tienen que hacer con esos caballos? ¿Los tienen que matar?”, cuestionó.

 

Buenos pura sangre

 

El jockey, que ganó más de mil carreras, contó que en el circo de carreras local “se entrena de todo: los que compiten en los grandes hipódromos y los que compiten acá. Normalmente todos van a correr a Palermo, San Isidro y La Plata. Después se van descartando; va viendo el cuidador si el caballo es para allá, entonces lo corre acá, donde andan bien, se defienden”.

También confirmó que los caballos que hay en Tandil “son competitivos. Los patrones han comprado caballos de sangre y son competitivos. Los caballos de acá, cuando van a Buenos Aires, no van a entrar últimos. Si van es porque tienen perspectivas y son varios los que ganan de Tandil, Azul, Mar del Plata”.

 

“Ojalá se solucione”

 

En cuanto a la villa, Víctor Sabín indicó que viven unas doce familias, pero muchas personas trabajan en el circo de carreras y tienen sus casas afuera. “La gente está triste. Camino, los veo y están muy tristes. Es la vida de ellos. Los veo y no están bien. La vida de ellos es que haya carreras. Cuanto más carreras haya en un hipódromo, más vive la gente del turf. Ojalá se solucione”.

Sumado a esto, celebró que los días de carreras llega mucha gente de distintos lugares y ciudades de la zona. “El caballo arrastra a mucha gente. Hasta personas de Buenos Aires vienen. Acá hay caballos de carrera que sus propietarios son de Buenos Aires. Vienen a ver sus caballos”, dijo el jockey que supo deslumbrar al público en hipódromos de Uruguay, Brasil y Estados Unidos.

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