JULIO VARELA APORTA SU VISION ?En algo tan sensible como la cultura, es difícil satisfacer a todos?

El pibe tiene nueve años. Un sarampión inoportuno lo recluye en la cama desde hace varios días.
Aprovecha el reposo obligado para leer. La lectura es una de sus pasiones. En una suerte de roperito ?devenido en biblioteca- que tiene al lado de la cama, atesora historietas de Superman y revistas de cine. Más pasiones.
Pero no todo es diversión. Por entonces, las maestras se encargaban de visitar a sus alumnos cuando estaban enfermos. Le daban deberes y lecturas, para que no le perdieran el ritmo a la clase.
-Tenés que leer de la página 24 a la 27 del manual. Le dice ella, la señorita Susana.
Un par de días más tarde, la maestra vuelve. En mal momento. Su alumno, Julio, está leyendo -ya por segunda o tercera vez- la revista de cine. El manual descansa sobre el roperito.
No quiso ser severa; al fin y al cabo, aquel chico no hacía nada malo. Leía.
-Así que te gusta el cine, le pregunta condescendiente.
-Todo me gusta, responde Julio desde su sinceridad más desconcertante.
Tal vez como para salir del paso o como para sacar de aquella conversación casual algún provecho didáctico (docente al fin), la señorita Susana vuelve a preguntar:
-¿Y qué querés ser cuando seas grande?
-Y… si me gusta todo, voy a tener que ser periodista.

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Pasaron más de cuarenta años de aquel momento y quince o veinte minutos de la hora acordada y se lo ve venir, agitado. Trae unas bolsas en la mano; una de ellas insinúa su contenido. Es tardecita en Tandil y el bar está repleto, como corresponde. Con singular habilidad, como quien conoce el terreno de juego ?porque tratándose de bares, siempre juega de local- se abre paso entre las mesas y se disculpa:
-Mañana es el cumpleaños de mi hijo y me quedé atorado en los negocios. Pero mirá lo que le compré.
Vuelve a ser aquel pibe de 9 años que palpita al ritmo de sus pasiones. Por cierto, el fútbol en general y Boca en particular, también lo son.
Una pelota, azul y oro, reluce su aroma a cuero flamante desde el fondo de la bolsa de plástico.
No son necesarias las excusas para hablar con Julio Varela. Porque ama las palabras. Si el mundo no tuviera palabras, éste no sería el mundo de Julio Varela. Afortunadamente, ambos existen y conviven y se necesitan. Se complementan uno y otro.
La excusa innecesaria era hablar de la cultura. Resulta que por estos días, a partir de unas declaraciones de la cantante Mariana Dátola (?Tandil tiene un marcado desinterés por la cultura?), se generó una suerte de debate. Mediático, pero debate al fin.
Varela puede hablar de cultura, por dos motivos fundamentales. Primero ?cumpliendo aquel razonamiento del pibe de 9 años que fue- porque le gusta. Segundo, porque es un hombre de la cultura. Autor de 18 piezas de teatro, fundador del Cine Club, impulsor del Festival de Cine, amante de la música, la literatura, el fútbol, el boxeo… Integrante, además, del Departamento de Cultura de la Unicén. Atributos más que suficientes para convertirlo en palabra autorizada.
Una vez más, hombre y palabra vuelven a ser uno mismo.

Un tema que va y viene

?Son debates cíclicos ?razona-, cada tanto se reflota este tema del desinterés tandilense por las cosas de la cultura?.
Y desarrolla su razonamiento: ?Creo que toda la vida ha habido gente que no le interesa y gente que apuesta a la cultura. Me acuerdo de un debate que se hizo a fines de la época del Proceso, planteando este mismo tema. Se cuestionaba a la sociedad tandilense, que no le importaba absolutamente nada. Y en esa época se había perdido todo: la farándula, los eventos culturales, ni hablar de festival de cines, ferias de libro. Todo?.
Reconoce que hoy la gente ?sale más?. Para confirmarlo, apela a una estadística reciente y doméstica: ?el otro día contabilicé 47 actos culturales en Tandil, en un fin de semana. Y no fracasó ninguno, al menos no me enteré de un solo espectáculo que haya tenido que levantarse por falta de gente?.
Tras la necesaria aclaración de que ?cultura y espectáculo no son la misma cosa?, afirma que ?estas cuestiones superan cualquier gestión. La cultura ha pasado a ser algo sensible porque cada vez son más los trabajadores de la cultura y siempre hay expectativas. No me imagino una gestión de cultura que no tenga críticas. La va a tener, siempre. Imposible en un terreno tan sensible satisfacer las necesidades y apetencias de todos?.
Vuelve sobre los recuerdos, para citar la gestión de Cacho Testa y Raúl Echegaray, al frente de la Dirección de Cultura durante la gestión de Gino Pizzorno: ?quisieron instalar una dinámica cultural distinta. Y en su momento fueron masacrados. Hoy, eso está asumido?.

Al ritmo de la cultura

Por cada definición, hay una vivencia que la acompaña, que la confirma. Ahora el relato lo lleva a los inicios de la década del 70, cuando en Tandil no se hacía teatro de Tandil. Por aquel entonces, Varela ya escribía y una de sus obras subió a escena. Confiesa que no la entendía nadie, ?hasta a mi familia se la tuve que explicar. Y durante seis fines de semana llené el Auditorium?.
A casi cuarenta años, hoy la situación es otra. Hay público para los distintos espectáculos, aunque, según afirma, es un público segmentado. ?Hay un segmento que asiste a los espectáculos porteños; otro que está acostumbrado al teatro local, al que se puede generar en la Facultad, por ejemplo. Otro más, para el circuito musical?
-¿Quién marca los ritmos de la cultura, el sector oficial, la sociedad, las instituciones privadas?
-El Estado tiene que estar presente, pero no sé si necesariamente tiene que marcar el ritmo. Siempre me fijo en lo que me ha pasado desde lo personal, para refrendar lo que digo.
Cuando fundamos el Cine Club, allá por el año ?70 ó ? 71, teníamos 15 años con Ernesto Palacios y otra gente. Ni sabíamos que existía una Dirección de Cultura, que había un Estado que nos podía dar una mano. Viajamos a Mar del Plata, le preguntamos a ellos que tenían una fuerte trayectoria en cine club y lo trasladamos acá. No fuimos al ritmo oficial.
En última instancia, el ritmo estaba impuesto por quienes nos habían precedido: Soriano, Gargiulo, Gauna, toda una generación anterior que era un núcleo fuerte. Así y todo, era una suerte de microcosmos. No obstante, dejó un legado a la generación nuestra.
Hoy tenés una carrera de cine, un festival de cine, un festival de cortos. No digo que haya sido a partir de lo que hicimos nosotros. Pero todo ese ritmo que surge de la iniciativa privada, a veces el sector oficial lo acompaña. La idea del Festival de Cine en Tandil, que fue de Víctor Laplace y mía, fue acompañada por tres instituciones: la Universidad, el Municipio y la Biblioteca Rivadavia. El año que viene va a cumplir diez años.
Como todo, me parece que es un entrecruzamiento entre el Estado y lo privado. No creo demasiado cuando se habla de teatro independiente, me parece que es necesario articular. Sí creo que vos quieras tener independencia. El teatro y el cine independiente existieron de toda la vida. El periodismo independiente no.

Periodistas serán los de antes

Si se lo mira en perspectiva, del Tandil 70, cuando un grupo de pibes decide fundar un cine club, a este Tandil de Facultad de Cine, de Teatro, de festivales, culturalmente hablando ha habido un progreso.
Varela no lo duda. Y va un poco más allá: ?hay un dicho que al argentino le hace mal y al tandilense también y es que todo tiempo pasado fue mejor. Esa frase habría que desterrarla. La nostalgia inmoviliza. Ojo, una cosa es la nostalgia y otra la melancolía?.
Reconoce que ?si nos ponemos hablar de mi infancia, de mi juventud, obviamente me voy a poner melancólico porque son los tiempos que uno ha vivido con mayor plenitud, con tanta intensidad que me gusta recordar determinadas cosas?.
Como buen amante de cine, apela al tramo de una película para cerrar el razonamiento. Esta vez es un monólogo de José Sacristán, en Solos en la madrugada. ?no podemos estar 40 años recordando 40 años?.
Recuerda sus inicios en el periodismo, a los 17 años. ?Cuando empecé me dijeron: `dedicate a otro cosa, porque periodistas eran los de antes`.
Y hoy tengo una trayectoria, mala o buena.
Ahora me encuentro con esa misma gente y me dicen, `periodistas como vos ya no quedan, fijate los de ahora`. Y dentro de 20 años van a decir, `periodistas no quedan, periodistas eran Marcos, Fermín, Gastón, el Botija Fernández…?

Aquellas chicas de Grisby

Se le nota, no obstante, cierta tendencia  a la melancolía en sus gestos y sus palabras. Lo asume con total sinceridad. Quedó reflejada en una de sus obras más recordadas Matineé. Tres pibes se sientan en la puerta de un cine (reminiscencias del Americano), esperando que abra sus puertas. Durante la espera, hacen un repaso de sus vidas y concluyen en que no pueden seguir viviendo de recuerdos. Corría el año 83 y se recuperaba la democracia.
Se permite la melancolía en situaciones propicias. Cita el caso ocurrido hace un par de noches, cuando en una de sus tantas peñas (el lunes en el Defensa, el martes en lo del Kilo Haurón, el viernes con ?los muchachos?) la premisa era recordar ?las chicas más lindas de Grisby. Las empezamos a enumerar y a recordar… Fue algo gracioso. El problema es cuando la nostalgia te inmoviliza. Hablando en términos culturales, ojo. En temas políticos es otra cosa; ahí sí hay que tener memoria, porque la memoria es el presente?.

El mundo en casa

¿Cómo analizás hoy el fenómeno de los cines. Del Tandil de siete salas funcionando a esta realidad?
-Lo que ocurrió en Tandil ocurrió en el mundo, las salas de cine desparecieron con la explosión del video. La gente empezó a quedarse en casa. Después hubo otra explosión, a fines de los 80, cuando la gente se hartó de estar en la casa y decidió volver a salir. Ya para ese entonces, las salas se transformaron en microsalas.
-¿Esto es lo que va a quedar o aquí también cabe el fenómeno cíclico?
-Me parece que es cíclico. No sé lo que vendrá. Podrá haber momentos de depresión fuertes, si es que se acentúa la crisis, que la gente no salga y que la televisión vuelva a ser dominante, incluso culturalmente, lo cual es peligroso.
No descarto que eso pueda pasar.
Muchas veces, lo que ocurre en Europa, en los grandes centros, llega acá con un formato latinoamericano. Cuando se estrenó la película Cinema Paradiso, todos nos sentimos identificados porque hablaba de lo que nos pasó acá con el Americano. Era una película italiana, pero hablaba de nosotros.
-Un fenómeno global.
-Sí. Hoy el mundo está a la vuelta de la esquina. No te podés desentender. Estoy realmente sorprendido por las declaraciones del secretario de Cultura, Jorge Coscia. Cuando se declaró la emergencia sanitaria, que la gente se tenía quedar en casa, le preguntaron qué película recomendaría para alquilar. Y dijo: la peor película argentina es mejor cualquier europea. Me parece que eso es una nostalgia perniciosa. No es cultura nacional. La cultura nacional tiene que ver con la defensa de determinados valores, pero no con la negación de lo que nos puede enriquecer. Yo, como cinéfilo,  estoy contentísimo de haber conocido un tipo como Fabio y de haberme formado con Fellini, Visconti, Bergman. Le debo muchísimo a esa gente, como también le debo a Cortázar, Borges. Hoy, que el mundo entró a tu casa, es una locura negarlo.
Justamente, ahí está lo bueno. Cuando el mundo entra en tu casa, cómo hacés para que tu casa no se altere al ritmo del mundo y pueda seguir conservando la escenografía que forma parte del lugar.


CON 40 AÑOS DE TRAYECTORIA, HOY SE ASUME COMO ?PERIODISTA DESACTIVADO?

?Hoy el periodismo está severamente cuestionado?

El tema de la convocatoria había concluido (si es que las disquisiciones sobre la cultura pudieran llegar a un fin). Sin embargo, el diálogo con Julio Varela estaba en su apogeo. Tangencialmente ya se había abordado la cuestión del periodismo. Sus comienzos, a los 17 años, junto a los grandes nombres, como Honorio Laxalt.
Hoy, sin proponérselo y sin que nadie se lo proponga, pero con la autoridad que no viene sólo con los años sino con la idoneidad, la capacidad, la conducta, Julio Varela es un espejo donde se quieren reflejar las nuevas generaciones de periodistas.
La pregunta, sencilla y disparadora, llevó la nota hacia esa disciplina, oficio y profesión que viene desarrollando desde hace cuatro décadas.

-¿Cómo ves los medios hoy?
-Me parece que atraviesan el fenómeno de la diversidad. Somos la única ciudad en la provincia que tenemos tres diarios; somos una de las dos ciudades del país que todavía tienen un vespertino. Tenemos tres radios de amplitud modulada y 34 de frecuencia modulada.
-¿A qué creés que se debe esto?, ¿es una demanda de la sociedad?
-No sé si es un fenómeno que pide la sociedad. Lo que sí sé es que hay mucha información. Hay que ser muy ingenioso y muy imaginativo para no repetirse y no reiterarse. En ese sentido, cuando empecé por ejemplo, había un terreno virgen que pude explotar porque no había nadie que lo hiciera.
Había muchos y muy buenos periodistas. De los que llamamos periodistas de raza. Y yo venía de una formación autodidacta, cultural, muy fuerte. Mucha literatura, mucho cine, mucho teatro y mucho fútbol. No lo practicaba, pero lo leía apasionadamente. Y todo eso junto me daba un bagaje de recursos y herramientas para el periodismo, que para aquella época no se conocía.
Por ejemplo, yo era un enamorado de la táctica y la estrategia. Y en el diario empecé a escribir de esas cosas; sobre líbero y stopper. En la cancha me decían `Varela, escribí en castellano…`. Estamos hablando del ?75 aproximadamente.
-¿Y cómo solucionaste esa ?demanda??
-Decidí hacer una columna que se llamaba `El comentario al margen`, que era todo táctica y estrategia. Después tenía la crónica de color, `El rincón del hincha`, con el folklore de las hinchadas, que era lo que le gustaba a todo el mundo. Y además, la crónica. Entonces había tres comentarios para un solo partido. Eso fue especial en Tandil en lo que era el periodismo deportivo.
Ahora todo el mundo habla de eso. Es muy difícil encontrar un sello distintivo. En la década del 70 yo ya titulaba haciendo referencia  a películas. Después fue muy normal. Ojo, no digo que lo inventé yo.

Un periodista ?desactivado?

-¿Estás ?retirado? del periodismo?
-No. Yo digo que estoy `desactivado`, no retirado. Lo que me preocupa es que creativamente trato de encontrar otra forma. No quiero repetirme. Creo que era mucho mejor periodista antes que ahora. Estoy convencido de eso. En lo personal, era mucho más creativo. Porque hacía un periodismo distinto, y también porque tenía otra garra, otras agallas. He llegado a dejar a mi familia un 31 de diciembre a la noche, para ir a cubrir el crimen de Nair Mostafá en Tres Arroyos. Me tomé un micro y me fui para allá. Eso hoy no lo hago. Me decís, estás aburguesado…
-Estás aburguesado.
-Sí, totalmente. Mirá, llegué a estar tres horas escondido detrás de un ropero en el comité radical para escuchar la conversación de una reunión secreta de la comisión directiva. Hasta que uno levantó la mano y dijo `che por qué no se callan que me parece que Varela está escondido detrás de ese ropero…`
He estado horas metido en un club esperando que se decida la continuidad o la renuncia de un técnico.
Durante 25 años fui todos los martes a las sesiones de la Liga. Hoy no lo haría.
-¿Por qué?
-No sólo porque no me dan ganas sino también por que no sé si pasa por ahí. No sé si tiene sentido comerse una reunión de tres horas, cuando a lo mejor podés ser mucho más importante creativamente en otro lado.
En esa época, tener ese ímpetu, podía marcar la diferencia, marcar estilos, ser pionero en algo. En la forma de titular, de redactar, tomar elementos de la literatura para redactar una crónica de fútbol. Pero siempre hablando de fútbol. No haciendo literatura, si no periodismo.
El gordo Soriano me decía que la mejor crónica de tu vida es la que hacés borracho, con un fuerte dolor de hígado y sin siquiera saber de lo que se trata lo que estás escribiendo. Bueno, él era un maestro.
Convengamos que en el periodismo macanear es muy fácil.

La pluma creativa

-Y en esta búsqueda de lo creativo, de no repetirte, ¿encontraste algo, ves la luz al final del túnel?
-Mirá, estoy escribiendo muy poco, Muy pero muy poco. Y lo poco que hago me parece detestable. Pero estoy tratando de mezclar lo ficcional con lo narrativo periodístico. Me parece que estamos viviendo una realidad en la que la ficción está permanentemente. Si vos mirás lo que pasa en la política, te preguntás cómo pueden estar sucediendo estas cosas. Realidades que dan para escribir cuentos o novelas.
A veces pienso en poder relatar los episodios no de manera llana y objetiva, sino tomar un hecho y relatarlo como si fuera una ficción.
Digo esto porque me parece que, ante la tecnología, la única respuesta que tenemos los periodistas gráficos es la pluma ingeniosa, ni siquiera digo la buena pluma porque podría ser jactancioso. No hay otro remedio.
Hoy  entrás en Google y hacés un diario, sin ninguna diferencia sobre el resto.
-Copiar y pegar.
-El trabajo del periodista de edición es interesante porque algo de creatividad tiene. Lo que pasa es que facilita mucho el trabajo. Hay que ser inteligente para editar.
Es como en el cine, como el montaje. Hay toda una teoría en el cine sobre el tema del montaje. La mejor película de la historia, que según opinan todos es ?El acorazado Potemkin?, lo fue por la manera de aplicar el montaje, por cómo mostraban las escenas.
En el periodismo la edición no digo que sea un arte, pero sí un trabajo artesanal.
De todas maneras, es la hora de la pluma ingeniosa. No te digo para el todo el diario. Pero para los que somos editorialistas, los que hacemos comentarios, hay que atreverse a buscar formas, donde la pluma pueda sacudir al lector y que se interese.
-¿Hay falta de interés por parte del lector?
-Acá tenemos una paradoja: hay tres diarios y la gente no lee. O no lee todo. Cuando voy a los bares veo que la gente pasa por los títulos y por las columnas habituales.
Está todo muy segmentado, nosotros tenemos nichos de intereses, no tenemos un lector abierto a todo, como me pasó a mí en aquella época.
Como decía Borges, es más difícil ser lector que escritor.
Hay gente a la que la política no le interesa y otros que sólo leen de política. Entonces tenés que tener un equilibrio muy fuerte en estos momentos para responder a todos los intereses. Es complejo, porque por ahí no pusiste nada de tal cosa. Y hoy tenés mil noticias para seleccionar.
A veces recurrimos a la frase `hoy tenemos un día fiambre, no hay nada`. Por más que la ciudad esté grande hay veces que no hay noticias. Pero muchas veces no las hay porque estamos mal acostumbrados a que nos manejen la agenda. A que el poder político imponga su agenda de temas y muchas veces en forma sumisa o no, lo seguimos. Por varios factores, por costumbre misma.
Es necesario que armemos nuestra propia agenda, independientemente del poder político.
La experiencia en Olavarría es interesante. El diario El Popular es muy poderoso. Cuando reinaba, vamos decirlo así, Eseverri muchos lo subestimaban pero era muy inteligente. Iba marcando la agenda; en el diario lo `mataban`, pero los temas que se trataban los imponía él. Me parece que el diario vislumbró eso y ahora dijo `la agenda la manejo yo`…
-No es tan sencillo. ¿O sí?
-Quizás es muy difícil por los medios que uno tiene. Todos sabemos cuál es la realidad de los periodistas. Hoy no creo que haya un periodista que viva exclusivamente del periodismo o de trabajar en un solo medio. Ocurre en Buenos Aires también. Así que lo que yo digo es un poco utópico.

Se acabó la palabra santa

-¿En Tandil se forma opinión?
-¡No! ¡Qué vas a formar opinión! Si vos me decís Clarín… y puede ser, en cuanto a determinados temas. Los puede imponer, es cierto. Fijate esta cuestión sistemática contra el Gobierno.
Acá en Tandil, nosotros, digo los periodistas en general, lo podíamos haber destrozado a Lunghi, pero ganaba igual. Es un ejemplo.
De hecho ha ocurrido. Yo era un sistemático crítico de la gestión de Zanatelli. la gente me decía `Varela usted forma opinión`. Y yo vivía `matándolo` y ganó todas las elecciones.
-Zanatelli sabía muy bien cuál era el rol y la injerencia de la prensa
-Era muy bicho. Yo me sentía un privilegiado porque el tipo me atendía siempre. Cuando no quería atender a todos los periodistas, me decía pasá por casa. Iba, me atendía, me daba la nota, el reportaje exclusivo, y yo le hacía decir cualquier disparate. Digamos que no tenía mucha facilidad de palabra y muchas veces quedaba descolocado, además de los comentarios que yo hacía, eran muy críticos. Y sin embargo se cansó de ganar.
Estoy convencido de que ningún medio de Tandil forma opinión. No es por los periodistas y los medios. Sino por la relación medio-sociedad. A la gente le encanta leer El Eco a la mañana, o La Voz o Nueva Era cuando llega, pero de ahí a que le cambie la cabeza a alguien, no.
Me tengo que remontar muchos años atrás. Nueva Era llegó a tener un poder muy fuerte, cuando yo recién empecé. Estaba esto de ?si lo dice Nueva Era…? era palabra santa. Ahora, toda línea que sale en un medio gráfico es pasible de ser discutible, opinable. Hoy los periodistas estamos todos cuestionados. La gente nos ve como a los japoneses; todos iguales. Me parece.
Ahora hay una gran cantidad de periodistas jóvenes. Treinta años atrás había, no te digo batallas, pero sí competencias bravísimas. Tenías que lucirte demasiado para competir con un Laxalt o cualquier otro periodista de fuste de aquella época.
Hoy me parece que hay toda una generación nueva que está pisando fuerte en los medios y la competencia está desdibujada. Hasta me parece bastante nimio pelearse por una primicia; para saber quién es el cuarto concejal de una lista. Eso ya fue.

Un poder cuestionado

-¿Creés que hay divismo en el periodismo tandilense?
-Quién tiene con qué… Con respeto lo digo. A los muchachos los conozco a todos. Acá para ser un divo hay que ser muy grosso. Habrá alguien que escriba mejor  y quien un poquito menos, habrá quién sea más inteligente para preguntar, otros no tanto, pero creo que no hay espacios para divos. Hay buenos periodistas. Pero a ninguno, y obviamente me incluyo, nos da la chapa para ser divos.
Ya te digo, estoy `desactivado`, pero a veces en Nueva Era me quieren adjudicar un poco ese rol pero por una cuestión de años, no por otra cosa.
Te digo, si viene Lanata a Nueva Era o a cualquier otro diario, no creo que le haga duplicar el tiraje. Podrá ser la euforia de unos meses.
Hoy hay muchos periodistas recibidos, formados académicamente, que antes no los había. Cuando yo empecé, el periodismo se hacía en la calle.
Pero no hay que caer en una falacia. Yo me quedó con las dos cosas; el estudio y la calle. Si te falta una de esas dos cosas, rengueás.
Yo tengo mucha pero mucha calle y he leído mucho. Eso ha hecho que pueda estar 40 años en el periodismo y ganarme un respeto. No digo otra cosa, respeto.
-Esta mezcla de escepticismo, descreimiento y desconfianza que tiene la sociedad, ya arrasó con la clase política y con algunas instituciones. Creo que ahora va por el periodismo. ¿Lo ves así?
-Te acordás cuando decían que el periodismo era el poder más respetado, en la crisis del 2001. El poder militar devaluado, el poder político devaluado, la Iglesia cuestionada, el periodismo que vivía en permanente denuncia pasó a ocupar el primer lugar.
Hoy me parece que el periodismo está severamente cuestionado. Yo hablo con mucha gente y me esa sensación. Salvo los periodistas estrellas, Lanata, Morales Solá, Van der Kooy, Tenembaum, Castro, el resto está muy cuestionado. Ya no hay palabra santa.
Lanata dice que hay que ser fiscales; yo creo que hay que ser periodistas. Hay que ser críticos, eso sí.
-¿Y la objetividad?
-No creo en la objetividad. Es sinónimo de indiferencia. Y de hecho no existe. Vos ponés todo lo tuyo para ver y para escribir sobre un hecho.
El sentido de la observación es fundamental en el periodismo. Por ejemplo estamos haciendo una crónica de este bar, y vos podés tener un punto de vista sobre la máquina de café que está rota y yo sobre la campera roja de aquel muchacho.
Ni siquiera en la crónica policial. Titulás con `Colisión en Mitre Rodríguez` o `Violenta colisión en Mitre y Rodríguez?.
La adjetivación también le ha hecho mucho daño al periodismo. Se adjetiva demasiado. Estoy hablando de lo que me tocó a mí en la parte gráfica. Por ahí el periodista de radio o televisión tenga otro panorama.
Yo me acuerdo cuando venían los periodistas jóvenes, nuevos, a escribir sobre deportes, agarraban Clarín, leían la parte deportiva y después lo tiraban. Hay que leerlo todo. Si querés hacer periodismo deportivo, leete todo el diario. Porque si fuera así, el periodista se limitaría a decir que a los cinco minutos del primer tiempo la pelota pegó en el palo, a los 16 hubo un violento foul y a los 25 el balón se fue por arriba del horizontal. Eso no va más.
-Para esas crónicas no se necesitarían periodistas.
-Claro. No digo que haya que ser un intelectual para hacer periodismo, pero hay que tener una formación cultural importante.
No es una especialidad. Porque si lo fuera, le digo a Bilardo o a Menotti, por nombrarte dos paradigmas del fútbol, que se escriban la crónica de un partido. Es otra cosa, es tener un sentido de la observación. Y no ser un especialista. Porque es como ponerse anteojeras.

De todo un poco

-¿Hay que saber de todo un poquito?
-Y sí, a riesgo de no saber nada de nada. Pero el periodismo tiene que nutrirse de todo. Al menos para hacer el periodismo que a mí me gusta y como yo lo entiendo. A mí me ha servido mucho hacer teatro, haber estado en el cine.
Hice fútbol durante 25 años y justo el día que clasificó Santamarina para el Nacional, en el 85, con Daniel Romeo, estaba haciendo una obra de teatro. ¡No podía ir a la cancha!
Me quería matar. Cómo podía ser que el día que yo esperé durante toda mi vida me encontrara haciendo teatro. No venía nadie a vernos; estaba todo el mundo en la cancha. Eramos cinco actores y el director nos dijo `si en el público hay una persona más de los que somos arriba del escenario hacemos la obra, sino, se levanta`. Yo deseaba que vinieran cuatro…. vinieron seis.
Pero cuando repaso esa versatilidad, veo que me ha ayudado mucho. No sé si para todos los periodistas es igual. A mí me ha servido. Por ejemplo haber estado en el Colegio de Escribanos cubriendo un concierto de en un trío de cámara, y esperar que termine para ir a ver a Villarruel, que peleaba en el gimnasio de Santamarina.
Algunos me toman como muy culturoso; otros, como todo lo contrario.
-Pero todo es cultura, el fútbol, el boxeo lo son.
-Por eso. Claro. El fútbol es la industria más poderosa de este momento. ¿Es un hecho cultural? Sí y también un negocio. Fijate, se suspendió el campeonato de Primera B, de Primera C y ahora se suspendió el de Primera. Qué vamos a hacer sin fútbol, es la pregunta que nos hacemos millones de hombres, que estamos podridos de mirar amistosos.
Y volviendo a la cultura, si bien somos todos de una misma provincia y un mismo país, y todos los pueblos tienen la plaza principal con la iglesia y la municipalidad enfrente y la comisaría a la vuelta, todos tienen una fenomenología que no te digo que te hace totalmente distinto, pero sí particular. Acá hay gente que ha venido de Olavarría, de Capital, del Gran Buenos Aires, que tienen otra historia, otros temas de discusión y distintas formas de interpretar Tandil. Voy a repetir lo que dicen todos: vos entrabas a un café y saludabas a todos. Ahora entré y no conocí a nadie. Cuando fui a ver a Santamarina no sabía quiénes estaban en la tribuna. Antes te los podía nombrar con nombre y apellido.
-¿Y a este porteño u olavarriense que nombrás, se lo devora el `ser tandilense` si es que existe tal cosa?
-Me parece que hablar de ser tandilense es una exageración. ¿Qué es un ser tandilense..? No. Es como hablar de un `ser velense`. Porque vas allá y te encontrás con otra realidad. Creo que hay características fenomenológicas, que no necesariamente hace a un ser, como para decir `el tandilense es así`. Porque si no, vas a Olavarría y te dicen `los olavarrienses somos muy especiales` y en Azul lo mismo.
-Pero hay quien lo cree.
-Sí. Y también lo desarrolla con teorías. En definitiva, creo que hay mucho folklorismo en estas cuestiones, que se lo confunde con temas de fondo.
Es como en el teatro. En su momento me planteé hacer teatro con un sello netamente local. Pero lo que planteaba era un punto de partido de las cosas que veo en mi ciudad, para proyectarme hacia valores que se manejan en cualquier lado. Porque en definitiva, los temas son siempre los mismos: qué es la vida, qué es la muerte, a dónde vamos, de dónde venimos. El asunto es de dónde se llega a esas preguntas. Cuando yo hablaba de teatro local me refería a eso. Pero no quería hacer folklore; no quería hacer un teatro hablando de los salamines tandileros y la Movediza. Yo me había imaginado una ciudad que se llamaba Sauce Tumbado, que tiene cierta analogía con la piedra caída. Esto es la utilización del recurso de la metáfora.
En el periodismo también pasa lo mismo. Me parece que esto es una cuestión geométrica. Yo siempre me fijo en eso y eso que toda la vida me saqué cero en matemática por culpa de la geometría. Es una semirrecta, tiene principio pero no tiene final. En las cuestiones culturales, tenés un punto de partida, y de ahí en más es infinito.
La teoría del segmento es peligrosa, porque tiene principio y tiene un final.

 

Entre Dorrego y el Piti Alvarez
-¿Cómo te llevás con las nuevas tecnologías? ¿Sos de leer blogs y esas cosas?
-No. Soy adicto al papel. Sigo comprando libros. Ahora estoy leyendo un libro, un ensayo sobre el fusilamiento de Dorrego.
Pero leo de todo. Desde chico compraba El Gráfico, Goles y Así es Boca. Con el primer sueldo de Nueva Era, me compré la obra completa de Nieztche.
Yo hago hincapié en esto no para vanagloriarme sino para decirte qué es lo que me ha ayudado a desarrollarme.
No soy un intelectual de biblioteca, soy de bares, de reuniones con amigos. No te hablo de la rutina de tomarse el café todos los días a la misma hora. Prefiero quedarme en casa leyendo. Tengo peña los lunes en el Defensa, el martes en lo del Kilo Haurón, los viernes salgo con la barra de amigos, los sábados al mediodía el copetín, los sábados a la noche salgo con mi familia y los domingos a la noche hago un asado en casa.
Cuando alguien me invita a cenar tiene que saber que es miércoles o jueves.
-¿Cómo ordenamos tus pasiones: cine, literatura, fútbol…?
-No hay orden. Y no te olvides de agregale el rock. Soy un rockero de alma y a su vez, a veces descubro cosas que me impactan. Por ejemplo, estoy escuchando a Rosario Flores, la hija de Lola (a quien jamás nunca escuché). Así que estoy con Rosario Flores y con Intoxicados, que soy fanático con mi hijo Ramón.

Habrá otra noche

De repente se hizo noche. El bar quedó en etapa de transición, en esa zona gris en la que las mesas se van despoblando. Es el  momento del recambio; un par de horas más tarde llegarán los noctámbulos, los solitarios, los insomnes.
Es el instante mismo de decidir. Pedir un nuevo café sellará el pasaporte a una nueva charla, a nuevos caminos para el diálogo y la noche profunda. Discutiendo sobre política, fútbol, libros y música.
Porque Julio Varela pertenece a ese género de periodistas que llevan el oficio en la piel y lo sacan a pasear por los bares, por los estadios, por los recitales. Periodismo se hace en todos lados, sólo hay que saber ver y escuchar. Todo sirve, mañana, para redactar esa crónica que siempre se está escribiendo pero nunca encuentra el párrafo final, el cierre justo, el punto aparte y definitivo.
No será ésta esa noche; pero habrá otras. Ahora hay una pelota de fútbol flamante y ansiosa que espera en la bolsa encontrarse con su dueño. Mañana estará en los pies de Ramoncito, picando caprichosa en algún potrero de Villa Laza, celebrando los diez años del pibe que sueña con jugar en la primera de Boca.
Se va Julio Varela. Esquivando las mesas, ahora vacías, con la pelota bajo el brazo.
Es el mismo pibe que cuarenta y pico de años atrás, en una tarde de sarampión y deberes intuyó fatalmente su destino.
-A mí me gusta todo, señorita. Por eso, cuando sea grande quiero ser periodista.
Periodismo de anticipación, que le dicen…

 

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