La apatía de una roca

Y un día el Indio Solari se fue para ¿nunca más volver? Y la noticia conmovió al mundo… menos a lo tandilenses. No pasó ni pasará nada.

He aquí el motivo de estas líneas que no pretende ser una crítica despiadada a nadie en particular ni en general, sino simplemente pensar, pensarnos, como sociedad.

Con la naturalidad que fue recibido alguna vez, se fue como arena entre los dedos el fenómeno sociocultural más importante que se recuerde y, sin embargo, los tandilenses ni pestañearon. Apenas algunos rezongos. Fastidios en unos y satisfacción en otros manifestándose en las redes sociales, ese colectivo cibernético que no se sabe bien qué ni a quién representa.

No deja de sorprender a pesar de que hay antecedentes de esta no reacción tandilense para determinados asuntos que en otros sitios resultaría toda una conmoción. De hecho, se movieron y mucho otros distritos y sus respectivas autoridades para contar con lo que esta ciudad deja escapar sin más. Con ojos de vaca, el tandilense mira sin ver cómo determinadas acciones, hitos, pasan frente a sus narices sin más.

No se trata de juzgar lo que se hizo o se dejó de hacer para que este fenómeno masivo no esté más entre nosotros. Se trata de entender esa reacción ante lo que para algunos sería toda una frustración y aquí se lo deja pasar como si nada hubiera pasado.

Pero esa apatía se condice con otras situaciones de similares características. Por caso, alguna vez los clubes más importantes del país por sus logros y convocatoria (River-Boca) supieron elegir a Tandil como destino de pretemporada, y por razones que no se quisieron razonar dejaron de venir.

Aquel orgullo porque los equipos grandes eligieran Tandil, como hasta ayer era la misa ricotera, no fue tan profundo para recriminar nada a nadie. Será porque no es culpa de ninguno en particular, sino una característica propia de una sociedad por algunos definida de manera inédita, algo así como un conservadurismo dinámico, que crece (y vaya que crece en comparación con otras ciudades) a pesar de…

O tal vez no, no debe ser considerado el “a pesar de” y pensar que esa misma apatía conlleva a escasa conflictividad, tensión (que solo a veces alza la voz por la bolsas de residuos en la calle o los insoportables ladridos de los perros callejeros) e invita entonces al elogio y envidia de foráneos, extraños que la eligen como destino vacacional o para directamente radicarse para vivir.

Esa particularidad llevó entonces a sufragar una y otra vez con un voto totalmente desideologizado. Votando en tres oportunidades a un militar del proceso (precisamente quien dejó hace 20 años que Los Redondos y sus ricoteros vinieran a hacer lo que en Olavarría no los dejaron) que saltó de partido a partido con tal de perdurar en el poder; y ahora, en cuatro elecciones consecutivas a un pediatra que trabaja de intendente con un perfil netamente vecinalista cuyo pragmatismo le sirvió para llevarse bien (Kirchner, Scioli, ayer; Macri, Vidal, hoy) con el que resultara necesario para gobernar y administrar.

Alguna vez quien escribe se apropió de los dichos del exgobernador y expresidente Eduardo Duhalde para referirse a esta llamativa situación tandilense: “Estamos condenados al éxito”, se decía, cuando en medio de una crisis económica que no conocía antecedentes en el país, Tandil y sus tandilenses se las ingeniaban para surfear la ola a partir de lo que se conoce como su economía diversificada. Ayer-hoy, la industria está en crisis pero el agro tiene su mejor cosecha. Si el campo anda mal, el turismo lo salva…

Se fue el Indio, se fue Boca, River, y nadie se inmutó. Mc Cain y Thyseen eligieron otras ciudades y ninguna cabeza de algún funcionario rodó.

Hay un club tandilense con historia que está participando en la segunda categoría más importante del país futbolero y los simpatizantes son los mismos de siempre. No hace falta más estadio ni tribunas, las que están sobran.
Independientemente de color político que logró que se esté levantando prácticamente una ciudad (el desarrollo urbanístico Procrear) una sensible mayoría no solo no lo valora, ni siquiera lo nota.

La industria con sus respectivas empresas de software generan miles de puestos de trabajo y el polo informático es destacado a nivel nacional (hasta se metió en el debate presidencial), y pocos toman dimensión de lo que representa. Hasta el propio Municipio tomó nota tarde de lo que ello representa por inercia netamente privada más el aporte de la Unicén.

Pero no pasa ni pasará nada, la vaca sigue mirando con su misma apatía. Se insiste, no es una crítica, es un pretendido ensayo de lo que somos. Lo paradójico es que la ciudad sigue siendo la vedette de las ciudades intermedias del país. Sigue creciendo demográficamente y en calidad de vida por encima de la media. Entonces tal vez esta apatía que a algunos les hace ruido termine siendo el valor agregado, el potencial que los demás ven.
Un sociólogo tendría seguramente algunas respuestas. Por qué no un antropólogo. Aquello de que nacemos y vivimos rodeados de sierras cual frontera nos haga sentir diferentes. Ni mejores ni peores, distintos.

Que nos bauticemos como la capital del tenis nos podría pintar de alguna manera. Un deporte cuasi elitista, individual, sin contacto físico, frío. O tal vez las mismas piedras (nada más apático que una roca) nos hayan marcado el carácter para formar una sociedad, una ciudad, de la que todos hablan, muy a pesar nuestro.

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