La defensa argumentó que Hugo Amores atravesaba un shock emocional cuando embistió a Emilio Herrería

Ayer, en el Tribunal Oral y Criminal 1, se llevó adelante la primera jornada de debate del juicio que busca determinar la responsabilidad penal de Hugo Amores en el homicidio del mandadero Emilio Herrería, a quien atropelló con su camioneta el 3 de febrero del año pasado, provocándole la muerte.

Los magistrados Guillermo Arecha, Agustín Echevarría y Pablo Galli escucharon en total 11 declaraciones, la mayor parte de ellas acreditando el accionar imprudente y negligente del imputado, mientras que tres testimonios de la defensa intentaron mostrar el estado de shock presuntamente sufrido por Amores y una imagen más humana, que se contraponía con la frivolidad que describieron varios de los testigos presenciales, que coincidieron que en ningún momento se acercó a ver a la víctima para saber cómo estaba o si necesitaba ayuda.

El último testimonio fue el de la hija de Hugo Amores, quien viajaba con él en la camioneta al momento del fatídico hecho, y que, visiblemente afectada por lo sucedido, relató su versión.

La hipótesis
fiscal

En primer lugar, el fiscal Marcos Egusquiza planteó como hipótesis principal que alrededor de las 23.20 del 3 de febrero de 2015, el acusado conducía una Toyota Hilux carrozada, con la cual circulaba a excesiva velocidad (superior a los 82 kilómetros por hora), por España en dirección hacia calle Paz, en una zona urbana, céntrica y altamente transitada, efectuando una carrera callejera, usualmente denominada “picada” con un vehículo Ford Focus, traspuso la intersección de la avenida y calle Paz, cuando el semáforo se encontraba en rojo.

“Amores, con su accionar sumamente temerario, se representó la posibilidad cierta y altamente probable de alcanzar mortalmente a alguna persona que intentara trasponer en vehículo o caminando por calle Paz la avenida, ya que al comenzar el cruce ya hacía varios segundos que el semáforo se había puesto con luz roja (incluso un vehículo cruzó por calle Paz previo a la víctima) y, a pesar de ello, aceptó que tales resultados letales sucedieran y, de todas formas, continuó su marcha a gran velocidad a sabiendas que no se hallaba en condiciones objetivas de evitar el impacto ante la presencia de un peatón o vehículo que cruzara la arteria, con total desprecio de las vidas de personas que intentaran cruzar la avenida, colisionando al motociclista con la parte frontal de la Toyota”, expresó.

Como consecuencia de esa embestida, Amores le provocó a Emilio Herrería traumatismo grave cráneo-cervical, torácico-abdominal cerrado, fractura de columna cervical y hernia traumática hemidiafragma izquierdo, heridas que le causaron a la víctima un paro cardiorrespiratorio traumático que le produjo su deceso a las 23.55 de aquella noche en el Hospital Santamarina.

Por el hecho, el delito fue calificado como “Homicidio simple” -con dolo eventual- y en la hipótesis alternativa o subsidiaria “Homicidio culposo agravado por haber sido ocasionado por la conducción imprudente, negligente, inexperta y/o antirreglamentaria de un vehículo automotor”.

Por su lado, Luciano Tumini, abogado del particular damnificado, adhirió a los lineamientos del fiscal pero dejó en claro que a lo largo de los testimonios el dolo eventual iba a quedar completamente acreditado.

La estrategia
defensista

En tanto, la defensa, a cargo de Jorge Dames, intentó mostrar una imagen humanizada de Hugo Amores, quien en medio de una fuerte discusión con su hija, se distrajo mientras conducía, con la fatídica consecuencia de atropellar y matar a Emilio Herrería. A ello, le sumó el agravante de que Amores, al igual que su hija, se encontraban emocionalmente afectados por el suicidio de su esposa, que había ocurrido dos meses antes de la tragedia.

Planteó que la discusión se originó cuando Aldana le dijo a su padre que estaba decidida a irse de su casa, con lo cual Amores no estaba de acuerdo. Siempre al decir del defensor, al llegar a la esquina de Paz, y en medio de la discusión, la joven gritó: “Guarda” al advertir la moto y Amores realizó una maniobra de girar el volante y clavar los frenos, no pudiendo evitar el choque.

No obstante, Jorge Dames reconoció que Amores circulaba a una velocidad excesiva, a unos 82 kilómetros por hora, cuando en la avenida están permitidos 60 como máximo y que cruzó con el semáforo en rojo.

Admitió que su accionar fue “negligente”, pero rechazó que haya tenido un “desprecio por la vida humana” tal como surge de la evaluación del fiscal. También negó que haya existido una “picada” con un Ford Focus.

Y cuestionó que luego del hecho, “todo era un caos” y que muchas personas le “proferían amenazas”.

Además, argumentó que surgieron versiones “descabelladas” como “que estaba alcoholizado, que corría una picada, que andaba con una mina”, mientras que él “estaba shockeado”.

Por otro lado, consideró que es un “caso inédito” por haber quedado detenido por un “accidente” y reiteró que “por una situación emocional no vio la luz roja”, sostuvo.

Los testigos

En primer lugar, el taxista Julio César Lavayén contó que ese 3 de febrero, alrededor de las 23, se encontraba parado en Alem y España y que vio una camioneta que pasó a gran velocidad por España con un vehículo oscuro corriendo “a la par”. Aseguró además que la camioneta estaba invadiendo el carril contrario y que pasó con el semáforo en rojo. A su vez vio cuando atropelló a Herrería, que voló por el aire.

Afirmó que Hugo Amores le dijo: “¿Vos qué viste?” a lo cual él le respondió: “La cag… que te mandaste”. Fue en ese momento, cuando -aseguró-, Amores le profirió la amenaza “te voy a cag… a tiros”.

Lavayén dijo que la camioneta corría picadas con otro vehículo, aseveración que fue cuestionada por el defensor, quien intentó demostrar que eso era solo “una conjetura” del testigo.

Además, Dames cuestionó algunas contradicciones entre la versión inicial del testigo y la actual, en la cual habló de un Ford Focus corriendo picada, no recordando ahora de qué vehículo se trataba. Aunque sí afirmó en todo momento que estaban corriendo picadas.

Además, Lavayén destacó que ni Amores ni su hija se acercaron en ningún momento para ver a la víctima o auxiliarla.

Los peritajes

En segundo lugar, brindó su testimonio el ingeniero de la oficina pericial departamental Hugo Angel Piazza, quien aseguró que de acuerdo a las pericias la camioneta circulaba a una velocidad aproximadamente de 82 kilómetros cuando lo permitido es 60 en la avenida y 30 en la esquina.

Si bien en un momento se dijo que había “onda verde”, el perito aseguró que comprobó que ese mecanismo no funcionaba adecuadamente, ya que no coincidía la secuencia informada por la Municipalidad con la realidad. En ese sentido, sostuvo que mientras en Alem tardaba unos 56 segundos en cambiar, en el semáforo siguiente tardaba alrededor de 16 segundos, con lo cual es imposible decir que había onda verde.

“Me llamó la atención que diste tanto la secuencia del Municipio de la real”, argumentó.

En tanto, el perito aseguró que la víctima no podía tener el casco bien colocado porque de otro modo no se le hubiera salido, ya que se trata de un tipo de casco que se ata y no está integrado.

No obstante la observación, que el fiscal puso en duda porque la víctima tenía una marca en su cuello que correspondería a la atadura del casco. Además, el mismo defensor reconoció que aún si el casco no se hubiera salido, Emilio Herrería hubiera fallecido por otras múltiples y mortales heridas que sufrió.

Más testimonios

Luego llegó el turno del taxista Juan Capellutti, quien estaba en España entre 9 de Julio y Alem cuando escuchó dos chillidos de gomas y vio un Focus y una Toyota que iban a la par a gran velocidad, que a su criterio parecía que estaban corriendo picadas.

Fue al lugar del accidente y tampoco vio que Amores se acercara a la víctima en ningún momento.

A continuación Nicolás Cataldo y luego su mujer María Belén García Spikerman relataron cómo ellos circulaban en un automóvil por Paz y Emilio Herrería iba detrás de ellos en su moto. En Paz se detuvieron en el semáforo, que estaba en rojo, y cuando se puso en verde avanzaron, cruzando la avenida. Unos pocos metros después escucharon el ruido de un impacto y luego una frenada.

En tanto, ambos coincidieron que la moto estaba unos 50 metros detrás y que circulaba a una velocidad muy baja.
Luego del impacto se acercaron a ver que sucedía. Emilio no se movía y no lo querían tocar por temor a hacerle mal. Vieron también un grupo de personas discutiendo con Hugo Amores y su hija, que lo increpaban por lo sucedido. Escucharon que alguien decía “mataste a una persona”. En tanto, ellos se quedaron al lado de la víctima hasta que llegó la ambulancia.

Aseguraron ambos que Amores nunca se acercó a la víctima.

Tiempo
atrás

Un aporte diferente dio Mariana Aguerriberry quien mostró un perfil de Amores frívolo y trasgresor de las normas viales tiempo antes de ese fatídico 3 de febrero de 2015.

La joven contó que el 26 de agosto de 2012 iba a buscar a su hijo a la escuela y al llegar a la esquina de Mayor Novoa y Portugal fue embestida por una camioneta que era conducida por Hugo Amores.

Cuando ella le pidió explicaciones de lo sucedido, Amores le dijo que “estaba agachado buscando una moneda”, a lo que agregó “no me molestes porque me voy”.

Luego, cuando Aguerriberry le dijo que podría haber atropellado a un chico, considerando que eran las 12 y muchos nenes pasaban por allí, Amores le respondió fríamente: “Tengo seguro”.

A lo que después añadió: “Esto te pasa por estar fuera de tu casa siendo mujer”.

Frenada y
explosión

Por su lado, Gustavo Carlos Cordiviola, quien vivía al momento del accidente en España 926, en la misma cuadra donde sucedió el hecho, estaba cerrando el portón de su casa cuando escuchó una frenada y una explosión en simultáneo.

Salió para ver qué sucedía y llamó a Emergencias, mientras intentaba auxiliar a la víctima. Pero verdaderamente no vio el accidente, aunque escuchó que las personas que estaban en el lugar decían que Amores pasó en rojo.

Otros
relatos

A continuación, llegó el turno de tres testigos de la defensa, que buscaron mostrar una imagen más humana de Amores y su hija, y abonaron la teoría del estado de shock que atravesaron al momento del hecho.

Luis Hernández, amigo de la familia hace 14 años, contó que un compañero de trabajo lo llamó para contarle lo que estaba pasando y que lo estaban “agrediendo” a Amores. “Hugo no hablaba, estaba shockeado. Aldana lloraba”, dijo.
Además, dijo que en varias oportunidades viajó con el imputado y que era un “excelente” conductor, por lo cual le sorprendió lo sucedido.

Por su lado, Leopoldo Artiaga fue quien le avisó a Hernández, ya que justo pasaba por el lugar y vio la camioneta de Amores chocada, por lo que se acercó a ofrecer ayuda. “La gente le decía de todo. A la hija también. Le decía: ‘A vos pendeja cuánto te paga este viejo’ ”, indicó.

Y en contraposición con otros testimonios, dijo que Amores en ningún momento increpó a nadie y que ni se bajó de la camioneta.

La mujer de Artiaga, María Zapelli, aseguró que ella se dedicó a contener a Aldana Amores y que la gente estaba “muy agresiva”.

Alegatos

Luego de escucharse los once testimonios (uno más quedó en suspenso porque no se presentó) y de incorporarse por lectura algunos más, quedó por concluida la etapa de debate y el miércoles próximo, a las 10, será el turno de los alegatos.

Las amigas de Emilio Herrería convocaron a todos aquellos que conocían a la víctima y la sociedad en general a acudir ese día, a las 10, con carteles pidiendo justicia por Emilio.

La hija de Amores dijo que
mantenía una pelea con su
padre al momento del choque

Aldana Romina Amores fue la última en prestar su declaración ante el Tribunal Oral y Criminal. Ante la mirada expectante de todos los presentes, la joven contó que su padre la invitó a cenar y ella aceptó porque “no nos estábamos entendiendo bien últimamente”.

Además, indicó que atravesaban momentos difíciles porque su madre se había suicidado dos meses atrás.
“Aproveché que estábamos en un lugar con gente para decirle que me iba a ir a vivir sola, para que no se lo tomara tan mal”, afirmó.

Al salir del restaurante, ya en la camioneta, le volvió a plantear el tema y él se puso nervioso y le manifestó que “no se podía quedar solo”.

“Yo le dije que no quería vivir más ahí”, sostuvo. Admitió que a medida que avanzaba la discusión, su padre aumentó la velocidad e iba “más rápido de lo normal” y repentinamente ella vio “un bulto”, el semáforo en rojo, y gritó “guarda”.

En ese momento sucedió el impacto y su padre intentó “doblar” para esquivar el choque, pero no lo logró.

“Me empecé a pelear con la gente, pero me dijeron que el chico estaba bien”, indicó.

Sin poder contener el llanto y desatando las lágrimas de su padre que hasta el momento estaba inmutable, confió que se siente “culpable” porque “si yo no me hubiese empezado a pelear con él, nada de esto hubiera pasado”.

“Mi papá estaba ido luego del accidente. En el Hospital nos enteramos que había fallecido”, sostuvo.

También expresó que no supo cómo manejarse con la familia de Emilio, admitió que deberían haber pedido perdón pero no supo qué hacer, qué decir o cómo acercarse a ellos.

“Yo entiendo lo que es que te falte lo más importante en tu vida. No supe cómo pedir perdón”, confió.
En tanto, sostuvo que para que su padre obtuviera la prisión domiciliaria debieron embargar la vivienda.

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