La defensa ensayó, sin suerte, interpelar a Lunghi por el presente de ?Picu? López

Daniel “Picu” López se ubicó en el lugar de siempre. Detrás de su defensor, el doctor Claudio Castaño,  quien finalmente iba a obtener lo que pretendía: tener enfrente a las autoridades comunales, entre ellas el mismísimo intendente Miguel Lunghi. El objetivo de los testimonios -se presume- era demostrar el estado de indefensión con la que transitó sus días el hoy acusado de delitos varios. Si sirve para atenuar la responsabilidad penal que persigue el debate, sólo Castaño lo sabrá.
Sin dudas resultó un hecho sin precedentes. El jefe comunal sentado frente al Tribunal criminal para responder el interrogatorio del abogado, quien pareció pretender encabezar una interpelación política más que una defensa de su pupilo, acerca de las pruebas que pesan en su contra. Fue por eso, entonces, que el Tribunal debió llamar la atención en más de una oportunidad para que el letrado se focalizara en lo que estaba en juego en la audiencia y dejara sus críticas sobre el accionar político para otros ámbitos.
“Doctor, no hace al objeto del proceso del debate”, repitió con paciencia en reiteradas oportunidades el juez Pablo Galli, y otras tantas sus pares Carlos Pocorena y Gustavo Echevarría,  frente a un debate insólito en el ámbito penal, a la hora de plantear la inacción oficial frente a las señales que había dado López antes de culminar detenido.
Por las respuestas de las autoridades interrogadas, quedaron en evidencia las limitaciones de la comuna a la hora de intervenir en el caso, respondiendo que se abocó a brindar las herramientas disponibles frente al pedido judicial de ocasión. Lo demás quedará para la interpretación de los muchos que ayer sí se reunieron en el juicio, frente a la presencia “estelar” del Intendente, como para el futuro alegato que el defensor propondrá en próximas audiencias.

Desfile de autoridades
 
Pasadas las 10 se abrió el tercer capítulo de la singular audiencia fijada, en la que desfilaron distintas autoridades comunales, además de Lunghi, desde el concejal Claudio Ersinger pasando por la directora Guillermina Cadona a Rubén Diéguez y Oscar Teruggi, subsecretario y secretario de Desarrollo Social, respectivamente.
En la antesala, el secretario legal comunal, Atilio Della Maggiora, coordinaba los tiempos a la hora de convocar a los funcionarios cuando el Tribunal lo requería, tal como había sido pautado a pedido de la defensa.
Precisamente fue el edil del Pro, Ersinger, el primero en ingresar al interrogatorio, por el que con un rol cuasi inquisidor Castaño buscó respuestas sobre las funciones de la Comisión de Derechos Humanos (la cual el concejal preside) a la hora de atender la solicitud judicial en torno a la situación de vulnerabilidad que presentaba López.
El concejal recordó, consecuentemente, las notas recibidas al respecto y las diligencias practicadas. Aceptando que frente a la nula ingerencia que tenía el ámbito legislativo para conseguir un trabajo, se resolvió pasar a archivo el asunto, sin más.
Castaño insistió con tono vehemente qué rol tenía la comisión legislativa y porqué no se asumió un mayor compromiso frente a lo que el cuadro de “Picu” López implicaba. A lo que el edil ensayó respuestas que hacen al rol del edil.
 
Desarrollo Social
 
Sin pausa, pasó a sentarse frente a los jueces el subsecretario de Desarrollo Social, Rubén Diéguez, quien como lo haría luego la otrora directora de Juventud, Guillermina Cadona, no se hizo más que reseñar sobre cómo funcionaba el área frente a este tipo de pedidos judiciales; los programas vigentes como subsidios destinados. La articulación con el Servicio Local como Zonal, lo que tampoco dejó conforme al defensor.
Se insistió en la inclusión al programa Envión, por el cual López se anotó para el curso de soguería, al que acudiría solamente una clase para luego, con el paso de los días y meses, terminar detenido por efectivos policiales.
A medida que Castaño intentaba acuñar alguna pregunta incómoda, que hiciera a ribetes de política de gestión, el Tribunal frustraba su intento, subrayando que no se hacía lugar a la consulta.
“¿Qué se hizo por la restitución de los derechos vulnerados de López?”, preguntaría una vez más el letrado ahora al secretario Teruggi, quien repetiría las respuestas que sus antecesores subordinados habían expresado.
El secretario contestaría sobre su satisfacción por la política social emprendida por la gestión que atiende a los jóvenes, por ejemplo con aquellos que se articula con el Patronato del Liberado, calificándola de positiva porque “no todos terminan como López”.
“Nunca escatimamos recursos cuando nos pidieron por el caso de `Picu´”, repetiría Teruggi ante un Castaño que a esas alturas se mostraba entre contrariado y colérico frente a las respuestas y la “censura” de los jueces para indagar más allá de lo que hacía al ejercicio de la defensa de su pupilo frente al juicio penal específico.
Sin mucho más por preguntar, y menos por responder, se iba la mañana para ingresar al mediodía, tiempo en que el jefe comunal haría su ingreso a la sala (ver aparte). Se terminaba la tercera jornada del juicio contra “Picu” López, quien conoció en persona a las autoridades municipales y se habrá entretenido por el “espectáculo” montado por su abogado, aunque poco y nada cambió su delicada situación procesal de cara a un veredicto que la Justicia penal evalúa imponer cuando llegue el desenlace del debate. u

“Lo invito a discutir en otro ámbito”
 
Finalmente, llegaría el turno del intendente Miguel Lunghi, quien carpeta en mano y custodiado por algunos de sus colaboradores que se ubicaron en el público, saludaría a los presentes con una sonrisa y se dispondría a cumplir con la cita “forzada” que logró concretar el abogado defensor.
“Presencia forzada” frente a lo poco que podía agregar un intendente, cuando sus colaboradores ya habían expuesto -para bien o para mal- la intervención municipal frente al “caso Picu López”. Empero, Castaño intentaría incomodarlo con preguntas que finalmente el propio Tribunal se encargó de disipar.
No sin ironía, Castaño le dio la bienvenida al Intendente y le presentó a “Picu” López, lo que promovió un nuevo llamado de atención del juez Galli.
Luego le preguntó por la misiva recibida en torno a López, a lo que Lunghi respondió afirmativamente, no sin dejar de mencionarle que recibe 50 cartas por día en su despacho.
Ya sobre el caso en particular, Lunghi reiteró sobre el programa Envión, aclarando que nunca se le dio de baja para que “Picu” acudiera, dejando en claro que fue el hoy imputado quien abandonó el curso.
En medio de intervenciones varias del Tribunal para que Castaño no insistiera en preguntas que no hacían al juicio, Lunghi afirmaría sobre su confianza en su equipo de trabajo y aclaró que para muchas tareas y responsabilidades, como la de atender un caso como éste, delegaba.
El jefe comunal reiteraría que desde el Municipio se cumplió con el requerimiento judicial, para luego manifestar: “Interpreto que López no colaboró”.
Recapitulando escenas que poco hacían al juicio, Castaño y el Intendente se trenzarían en infructuosas discusiones que rápidamente fueron abortadas por los jueces, hasta que el propio Lunghi cerraría expresando: “No vengo a discutir políticas sociales acá. Lo invito a discutir en otro ámbito. Acá vengo a responder preguntas concretas”, a lo que Castaño quedó con ganas de más discusión, sin suerte por decisión del Tribunal.
“Veo cercenado mi derecho a defensa”, ensayó como queja el abogado, frente a las implacables limitaciones de los magistrados por ir más allá de lo que era el ámbito de interés para el proceso penal, dejando así un cierre que no dejó otra cosa que una sensación de pérdida de tiempo para quienes fueron a presenciar el debate y, especialmente, para los que pretenden impartir justicia por una serie de hechos delictivos de los cuales resulta imputado el joven López.
Castaño tenía algo más para la despedida del Intendente. Pidió acercarle a modo de obsequio un libro, aunque el gesto tampoco fue aprobado por el juez Galli, a sabiendas del tono irónico que persiguió todo el tiempo imprimir a su interrogatorio el defensor. El ejemplar se intitula "La culpa la tuve yo", de Héctor Ricardo García.
Lunghi se iría de la sala y sería abordado por más periodistas para que opinara sobre lo vivido hace instantes. También haría lo propio el abogado Castaño. Conclusiones dispares, claro, sobre lo ocurrido. En tanto, “Picu” de manera casi desapercibida por los flashes era retirado entre bambalinas fuertemente custodiado, esposado, rumbo al calabozo, sin más. El espectáculo se había montado más allá de él.

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