La dirección del Hospital se comprometió a mejorar el lavadero provisorio del Ejército

El Lavadero se trasladó al espacio que cedió el Ejército mientras se construye una obra nueva en Paz y Uriburu, detrás del sector de Mantenimiento. Si bien el primer plazo hablaba de cuarenta días de construcción, las trabajadoras ya llevan 14 meses en el lugar y aún no tienen fecha de inauguración.
En el encuentro de ayer, Pretti se comprometió a avanzar desde el lunes con algunos arreglos en el predio que gentilmente prestó el Ejército, aunque no dio precisiones sobre la demora de la obra en curso.
“Nosotras queríamos volver al Hospital y que apuren la obra”, explicó Nora Marigual, delegada del área por el Sindicato de Trabajadores Municipales.

Incomodidad
y riesgos
Con respecto a la situación del personal, contó que “nos trasladaron al Ejército por 40 días, de esto hace 14 meses, porque iban a hacer todo el lavadero a nuevo. Ahora, con estas heladas y con estos fríos, eso se ha puesto inhabitable porque es un galpón con solamente chapas”.
Describió que “se llueve cuando hay heladas. Es lo mismo que estar trabajando afuera. Se humedece, se llena de agua todo el piso; se corta la luz porque también entra agua adentro del tablero y salta el disyuntor, no podemos trabajar”.
Nora Marigual también explicó que cuentan con dos lavadoras chicas, dos secadoras –una chica y una mediana- y dos hornos chicos, máquinas que “se rompen porque no están preparadas para lavar tanta ropa”.
Agregó que lavan y secan unos doscientos juegos de sábanas por día, más la ropa chica, delantales del personal e indumentaria de quirófano, colchas y frazadas. En total, realizan unos quince lavados por jornada.
“Las máquinas no están preparadas para tanto, entonces se rompen constantemente. Lo peor es que trabajamos con corriente trifásica dentro del agua, porque llueve constantemente por las chapas. Hasta ahora no nos ha pasado nada porque tenemos un Dios aparte”, aseguró.
Aclaró que “no es la culpa del Ejército, que nos ofreció eso” y reclamó regresar a su lugar de trabajo porque “han pasado 14 meses y todavía no sabemos nada”.
Logística y
más gastos
Diariamente, las nueve trabajadoras y su jefa asisten al galpón del Ejército desde las 6 a las 10.30. Luego son llevadas al Hospital en remises que paga el Municipio para continuar secando ropa en otro horno, tarea que cumplen hasta las 12.
Con respecto al traslado de la ropa sucia y limpia en el mismo vehículo sin esterilizar, Nora Marigual sostuvo que “es cierto. Yo no he visto que higienicen la camioneta y cuando descargamos, las bolsas están sucias debajo”.
Aseguró que el personal trabaja con guantes, barbijos y antiparras para prevenir contagios. “La ropa sucia y contaminada se separa, se lava en diferentes momentos”, dijo y confirmó que sólo utilizan agua fría por no contar con caldera en el galpón del Ejército.
Para finalizar, la delegada indicó que el espacio de trabajo “no está en condiciones para lavar tanta ropa y para ser habitado, porque la chapa filtra agua y pasamos mucho frío”. u
 
 

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TRABAJADORES LO INVITARON AL AREA DE MANTENIMIENTO
Mauricio Acosta “no puede
hablar de lo que no conoce”
 Los delegados del área de Mantenimiento se mostraron molestos con los dichos del subsecretario de Gobierno Mauricio Acosta, quien negó que haya precariedad en las condiciones laborales de algunos sectores del Hospital.
Maximiliano De Souza reconoció que el Ejecutivo ha realizado muchas obras nuevas en el Hospital, “porque es una cuestión del Intendente remodelar cosas, arreglarlas y dejarlas bien, me parece perfecto. Pero las cosas que están mal, no podemos negar que están mal”.
Argumentó que los pacientes del centro asistencial público circulan por las salas remodeladas, sin embargo “no conocen Mantenimiento, Lavadero o Infectología, por ejemplo, que es otro lugar donde la gente está atendiendo en un espacio feo, hay que remodelarlo”.
Entienden que
hay voluntad
El delegado consideró que “la gestión de este director va a ser muy buena, pero también tiene muchos problemas y va a tener que ajustarse a los reclamos de nosotros”.
Además, contó que el jueves el contador Pretti visitó Mantenimiento y consultó cómo podían solucionar el problema de la fosa que se llena de aguas servidas procedentes de las cloacas, tal como publicó este Diario.
“Eso se llama buena voluntad”, celebró y dijo que el director administrativo “no niega que hay problemas, él sabe que las soluciones tienen que ser inmediatas. El tiene nuestro apoyo de poder lograr que estén bien las cosas”.
Remarcó que los trabajadores tienen derecho a reclamar y “lo vamos a hacer vía escrita, vía sindicato, vía televisión, no importa. La cuestión es que el empleado esté bien y que la gente tenga un buen servicio, porque si Mantenimiento no está trabajando como tiene que trabajar tampoco puede mantener el Hospital”.
Explicó que el director conoce el problema porque lleva muchos años, “no es de esta gestión” y ofreció la colaboración del plantel para ir avanzando con las respuestas.
“Hay lugares
que no ven”
El conflicto en el área se desató en reclamo de la ropa de invierno, que finalmente fue entregada el jueves por la mañana. Esa situación desencadenó una denuncia pública de algunos problemas en la seguridad e higiene del área.
De acuerdo con De Souza, el subsecretario de Gobierno habló sin estar al tanto de la realidad del sector: “Acosta puede hablar por las cosas que hicieron porque vienen y miran cuando está todo terminado, pero hay otros lugares que no conocen, no ven y ése es el gran problema. Acosta puede hablar por lo que ve pero no por lo que no ve”.
David Ibarra expresó que “nos dolió que nos trate de mentirosos porque nosotros realmente estamos abiertos a que nos acompañen, a que veamos las instalaciones, mostrárselas, y tenemos la voluntad de colaborar y apoyar”.
Además, pidió que “vean la necesidad que estamos pasando, porque una persona no puede hablar de lo que no conoce. Me gustaría saber si él podría trabajar en esas condiciones. Yo creo que no”. u

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El trayecto de la comida
Por otra parte, la delegada de las Mucamas del Hospital, Susana Brut, reclamó soluciones para el traslado de la comida desde el edificio central hasta el Hospital de Niños y Salud Mental.
“Nos dan unos tuppers con unas tapas flotantes arriba, que con el vapor se van levantando. Llevamos por ejemplo estofado y es cantidad, y las chicas no llegan porque tienen que subir una rampa, cruzar la calle e ir hasta el otro lado”, describió.
Por este motivo, indicó que muchas veces tienen que esperar a que personal de Mantenimiento pueda ayudar a cruzar la comida desde la cocina central al resto de las dependencias.
Si bien la Dirección del Hospital está al tanto de esta situación, aún no les brinda una solución. “Hay camionetas que pueden llevar la comida desde la cocina hacia Salud Mental y al Debilio, en los horarios pico de comida. Es sencillo porque camionetas hay”, sostuvo la mucama.
Susana Brut reconoció que esta situación se repite desde hace años, pero es “insalubre” que las mucamas hagan equilibrio con los recipientes para poder alimentar a los pacientes de los otros edificios. u
 

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